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5.2 Subida a Jerusalén y viaje a Roma: 19,21-28,31

 (juicio, pasión, muerte y resurrección de Pablo)

Esta última sección de los Hch la podemos dividir en tres partes:

 

(1) Subida de Pablo a Jerusalén: 19,21-21,15

(2) Estadía de Pablo en Jerusalén y Cesarea: 21,16-26,32

(3) Pablo camino a Roma y misión final en Roma: 27,1-28,31

 

Cada una de estas secciones corresponde a las tres últimas etapas de la vida de Jesús: subida a Jerusalén (Lc 9,51-19,27), juicio, pasión y muerte en Jerusalén (Lc 19,28-23,56) y resurrección (Lc 24). Pablo no muere físicamente en Jerusalén, pero ahí enfrenta repetidamente la muerte. Su muerte misma está representada en la naufragio rumbo a Roma (27) y su triunfo en Roma es su resurrección (28). Lucas no pretende una biografía de Pablo, sino narrarnos el triunfo de la Palabra de Dios, obra que el Espíritu Santo realiza a través de los misioneros itinerantes y las pequeñas comu­nidades.

 

5.2.1 Subida de Pablo a Jerusalén: 19,21-21,15

 Pablo toma la decisión de ir a Jerusalén y Roma (19,21-22): En el v. 21 tenemos el comienzo de algo nuevo y marca una nueva gran sección de Hch que va hasta el final. Por lo importante del versículo, damos aquí una traducción lo más literal posible:

  Y cuando se cumplieron estas cosas,

            Pablo decidió en su interior (puso en el espíritu) ir a Jerusalén,

            atravesando Macedonia y Acaya,

            diciendo: después de estar yo allí,

            es necesario que yo también vea Roma.

 El verbo principal (“decidió en su interior”) expresa la decisión de Pablo de ir a Jerusalén. Pablo toma esta decisión “diciendo” que la voluntad de Dios (expresada por el griego “dei” = “es necesario”) es que vaya a Roma. Es decir: Pablo toma la decisión de ir a Jerusalén, sabiendo que la voluntad de Dios es que vaya a Roma. Pablo toma la decisión de ir a Jerusalén, pues ya da por terminada su misión en Macedonia (Tesalónica, Filipos, Berea, Atenas), Acaya (Corintio), Asia (Éfeso), Frigia y Galacia. Éfeso era la última ciudad que tenía que evangelizar en esta parte oriental del Imperio. Pablo ahora (19,21), después de evangelizar Éfeso y Asia, da por cumplida la misión que le había encomendado el Espíritu. Por eso dice el texto: “cuando se cumplieron estas cosas”. Lo que sigue ahora hasta el final del libro, no es ya la “misión” de Pablo, sino su “pasión, muerte y resurrección”: viaje a Jerusalén (últimas visitas, despedidas y testamento), su juicio y pasión en Jerusalén y Cesarea, y su “muerte y resurrección” en Roma. No es un viaje misionero, sino martirial.

 Este cambio en la vida de Pablo y su planificación como aparece en Hch, corresponde a lo que sabemos directamente de Pablo por su propios escritos. Según Rom 15,17-33 su plan es resumidamente el siguiente: Pablo da por terminada su misión en la parte oriental del Imperio, que describe trazando una línea desde Jerusalén hasta el Ilírico (punto extremo occidental, en Macedonia, de la vía Ignacia que lleva a Roma). En toda esta región Pablo “ha dado cumplimiento al Evangelio de Cristo” (Rom 15,19), es decir, Pablo considera esta región como ya evangelizada: no tiene ya “campo de acción en estas regiones” (Rom 15,23). Ahora Pablo traza una nueva línea: Roma-España. En el plan de Pablo Roma no es un punto de llegada, sino simplemente de partida para su nuevo plan de evangelización de la parte occidental del Imperio. España era realmente “el fin de la tierra” (extremo occidental del mundo mediterráneo) hasta donde Pablo quería llevar la predicación. Este plan de Pablo responde a la estrategia de Lucas en Hch 1,8 de dar testimonio “hasta el fin de la tierra”. Pero Pablo, antes de ir a Roma, quiere hacer un viaje a Jerusalén para llevar una colecta a la comunidad de los santos (para ello léase Rom 15,25-33; 1 Cor 16,1-4 y 2 Cor 8-9). El fin de esta colecta es afianzar la unidad de las Iglesias surgidas tanto del judaísmo como de la gentilidad (Rom 15,27). Pablo quiere consolidar esta unidad, antes de emprender su nueva etapa de evangelización de Roma a España. Su viaje a Macedonia y Acaya antes de ir a Jerusalén es para recoger la colecta. Pablo teme que la colecta no sea aceptada en Jerusalén (Rom 15,30-32), pero mantiene a pesar de todo su plan.

 En Hch 19,21 aparece fundamentalmente el mismo plan: Éfeso-Jerusalén (pasando por Macedonia y Acaya) y luego Jerusalén-Roma. No se dice nada del proyecto Roma-España, pero está implícito, pues según 1,8 el Evangelio debe llegar hasta el fin de la tierra. Está claro que Roma es el centro del Imperio, de ninguna manera el fin de la tierra. Si Pablo llega a Roma es para que, desde Roma, el Evangelio llegue al fin del mundo. El cambio más notorio en Hch es que Lucas omite la colecta, que es según las cartas de Pablo el gran y único motivo de éste para ir a Jerusalén. Lucas conoce esta colecta, pues la menciona de paso en 24,17, pero la ignora sistemáticamente en todo el largo relato del viaje a Macedonia, Acaya y Jerusalén. El motivo de esta omisión posiblemente es el fracaso histórico de Pablo en Jerusalén, sobre todo de su colecta para los santos de esta comunidad. Lucas, que escribe más de 30 años después de los sucesos trágicos para Pablo en Jerusalén, omite el motivo de la colecta y le da a todo este viaje un nuevo sentido: se trata ahora de la “pasión, muerte y resurrección” de Pablo. Éste es presentado ahora no como misionero, sino como discípulo de Jesús que, como su maestro, debe ir a Jerusalén para sufrir su pasión (véase la semejanza entre Lc 9,51 y Hch 19,21). De este largo viaje, no misionero, sino martirial, que va desde 19,21 hasta el final del libro en 28,31, nos ocuparemos ahora.

 Revuelta de los orfebres en Éfeso (19,23-40): Lucas ya había cerrado el ciclo de la misión de Pablo, y con el sumario de 19,20 daba por concluida la evangelización de Éfeso, ¿por qué entonces inserta este relato entre la decisión de Pablo de partir de Éfeso (19,21) y la partida de hecho (20,1)? ¿Cuál es el sentido global del relato? Es propio del estilo de Lucas intercalar un relato en medio de una narración diferente. Véase por ejemplo cómo intercala 12,1-24 en el relato diferente que comienza en 11,29-30 y continúa en 12,25. El relato del tumulto en Éfeso no pertenece ya a los relatos misioneros de Pablo (que terminaron en 19,20), sino al relato de su “pasión” camino hacia Jerusalén.

 La contradicción fundamental en el relato es entre la idolatría popular y el “Camino” (es decir el movimiento de Jesús). La idolatría está relacionada a una estructura económica de producción de artesanía religiosa, que proporcionaba no pocas ganancias a sus productores. El sistema económico está ligado al templo de la diosa Artemisa, cuya grandeza adora todo el Asia y el mundo entero. La ciudad de Éfeso es famosa por su diosa, lo que funda un nacionalismo religioso local. La idolatría popular está así articulada a la economía, al templo y a la ciudad. Los que obtienen ganancias económicas de este sistema económico-religioso-político ven en el Evangelio de Pablo un peligro mortal para sus ganancias, para el Templo, para la diosa y para la ciudad. En el relato se proponen dos formas para resolver esta contradicción. Por un lado, Demetrio busca la solución en un tumulto popular, violento, confuso e ilegal, que quiere linchar a Pablo y compañeros. Por otro lado, el magistrado de la ciudad, con los asiarcas (diputados del consejo regional de Asia), propone que se convoque una asamblea legal, donde se presente cualquier posible reclamación en audiencias legales y ante los procónsules constituidos. El relato opta por la legalidad en contra del tumulto. El tumulto no favorece al “Camino”, pero sí lo favorece la legalidad romana. Este es un tema muy típico de Lucas, que está presente a lo largo de toda la pasión de Pablo, así como en la pasión del mismo Jesús. Veremos más adelante que es el tribuno romano el que salva a Pablo de la muchedumbre que quiere lincharlo en el Templo (21,27-40), también el tribuno salva a Pablo de la conjuración de los judíos que quieren matarlo (23,12-24) y finalmente Pablo apela al Cesar para salvar su vida (25,1-12). Esta prioridad de la legalidad romana, que Lucas muestra conocer muy bien, sobre el tumulto y la conjura ilegal, podría ser el tema que justifica la intercalación de esta narración del tumulto en Éfeso, después que Pablo ha tomada la decisión de ir a Jerusalén. Es una narración que podemos también interpretar dentro del relato de la pasión de Pablo (19,21-28,31) si bien pertenece a la sección de la misión (15,36-19,20).

 Las 7 etapas del viaje de Pablo de Éfeso a Jerusalén (20,1-21,15):

 (1) De Éfeso a Corinto: 20,1-2 (Pablo se despide de los discípulos de Éfeso, recorre Macedonia y va a Corinto).

(2) Pablo en Corinto: 20,3a (tres meses: diciembre 55 - febrero 56, donde escribe posiblemente la carta a los Romanos).

(3) De Corinto a Tróade: 22,3b-6

            (conjura de los judíos, regreso por Macedonia; de Filipos a Tróade)

(4) Pablo en Tróade: 20,7-12

            (siete días; primer día de la semana: Eucaristía y Resurrección de Eutico)

(5) De Tróade a Mileto: 20,13-16

(6) Pablo en Mileto: 20,17-38

            (Discurso de despedida a los Presbíteros de Éfeso).

(7) De Mileto a Jerusalén: 21,1-15

 Estadías en Tiro (7 días) y en Cesarea

 Tenemos cuatro relatos de viajes y 5 estadías principales: en Corinto, en Tróade, en Mileto, en Tiro y en Cesarea. Las estadías tienen todas el carácter de despedida y testamento: en Corinto habría escrito la carta a los Romanos (no está en Hch, pero lo deducimos por otros textos), en Tróade Pablo habla toda la noche a la comunidad (nada se dice sobre el contenido) y en Mileto tenemos el texto mismo del discurso de despedida o testamento de Pablo. En Mileto, Tiro y Cesarea tenemos los 3 anuncios del Espíritu para que Pablo no vaya a Jerusalén.

 De Éfeso a Tróade (20,1-6): Pablo se despide de los discípulos de Éfeso y recorre Macedonia exhortando a los fieles con largos discursos (20,1-2a). Por las cartas sabemos que Pablo recorre Macedonia para recoger la colecta para Jerusalén, pero Lucas ignora este motivo y da a este viaje un carácter de despedida y testamento. La conjura de los judíos (v. 3) y la elección de 7 acompañantes de Pablo (v. 4) podría tener como contexto la colecta. Llama la atención la ausencia de delegados de Filipos y Corinto, de donde vendría fundamentalmente el dinero. En Corinto se quedó tres meses (v. 3a). En 20,5 aparece otra vez en el relato el “nosotros”, que seguirá hasta 21,18. El “nosotros” ya había aparecido en 16,10-17 y aparecerá posteriormente en 27,1-28,16. Muchos ven aquí un indicio de una fuente (itinerario de viaje) utilizado por Lucas. Otros (Rius-Camps y Juan Mateos) interpretan este “nosotros” como sintonía de Pablo con el Espíritu Santo (“la comunidad del Espíritu”), con la cual Lucas se identifica. No es que Lucas se integre físicamente al viaje de Pablo (nunca estuvo presente), sino que se identifica con Pablo cuando éste es fiel al Espíritu. Pablo quiere embarcarse en Corinto para Siria, posiblemente en un barco donde iban muchos judíos a celebrar la Pascua en Jerusalén. El descubrimiento de la conjura de los judíos lo hace desistir y se va a Filipos, donde celebrará la Pascua (20,3b-6). De ahí tomará una ruta más larga y más lenta, pero también más segura, hacia Jerusalén. En Tróade se junta con los 7 delegados de las comunidades que lo acompañan y se queda ahí 7 días (20,5-6).

 En Tróade (20,7-12): El primer día de la semana (el último de su estadía en Tróade) Pablo habla a la “comunidad del Espíritu” (“nosotros”) reunida “para la fracción del pan” (20,7). El primer día de la semana es el Domingo, que según la costumbre judía comienza en la tarde del Sábado. Pablo habla a la comunidad toda la noche (del sábado al domingo). El discurso de Pablo hasta la media noche está resumido en el verbo “argumentar” (dia-legomai v. 7), que es el tipo de discurso que Pablo siempre tiene con los judíos (cf. 17,2-3.17; 18,4; 19,8-9). Pablo alargó este tipo de argumentación de una manera tal, que el joven Eutico se quedó dormido y se cayó de la ventana. Eutico posiblemente representa aquí a las jóvenes comunidades, a quienes ya no interesa este tipo de argumentación de Pablo. Por eso Pablo cambia su discurso: desde la Eucaristía a media noche hasta la mañana, Pablo ya no argumenta, sino conversa (homiléo v. 11). Pablo termina su discurso de toda la noche y se marcha. Posteriormente, es incorporado el muchacho vivo. Posiblemente se quiere aquí simbolizar la sustitución de Pablo por la joven comunidad que nace, representada por Eutico.  

 De Tróade a Mileto (20,13-16): Se nos da un itinerario minucioso. Hay dos detalles importantes. Pablo viaja junto con el “nosotros” (la comunidad del Espíritu), pero de Tróade a Aso (unos 40 kilómetros), el “nosotros” viaja en barco y Pablo va caminando. Quizás Lucas busca aquí dejar claro que Pablo y el “nosotros” son diferentes. Pablo por propia cuenta está decidido ir a Jerusalén, la “comunidad del Espíritu” quiere ir a Roma a la nueva misión. Por eso están separados. Pero en Aso Pablo se encuentra con el “nosotros” y lo toman a bordo, para seguir ahora juntos. El otro detalle es que Pablo evita pasar por Éfeso, pues tiene prisa de llegar a Jerusalén para Pentecostés. Pablo teme que la comunidad de Éfeso lo retenga por más tiempo, pero también es posible que Pablo tema que la comunidad, inspirada por el Espíritu, lo presione para no ir a Jerusalén, como sucederá posteriormente en las comunidades de Tiro (21,3-4) y de Cesarea (21,8-14). Pablo no va a Éfeso, pero desde Mileto manda llamar a los presbíteros de Éfeso. Entre Éfeso y Mileto hay 60 Km. Quizás este desplazamiento de los presbíteros de Éfeso a Mileto tomó más tiempo que una visita de Pablo a Éfeso, lo que confirma que el problema no es el tiempo, sino la presión que hace el Espíritu sobre Pablo por medio de las comunidades para que no vaya a Jerusalén.

 En Mileto: discurso a los Presbíteros de Éfeso (20,17-38): En Mileto tenemos el importante discurso de Pablo a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso (20,17-38). Es el único discurso de Pablo en Hch dirigido a los cristianos, pues todos los demás discursos tienen como auditorio a personas y grupos fuera de la comunidad cristiana. Pablo siempre escribe sus cartas a las comunidades, a toda la Iglesia, a todos los santos. Aquí se dirige solo a los presbíteros. El género literario es el de Testamento, género muy conocido en la Biblia, como por ejemplo el Testamento de Jesús en Lc 22,14-38 o Jn 14-17. Las cartas pastorales, especialmente la 2 Tim, tienen también el estilo de Testamento. Estos testamentos son redactados normalmente por los discípulos, donde ellos expresan cómo entienden la mente o el pensamiento profundo de sus maestros. Lucas quiere en este discurso darnos un resumen del mensaje de todo el libro de Hch, especialmente del capítulo 15 a 28. El discurso de Pablo en Mileto nos revela no tanto la mente de Pablo, sino cómo Lucas entendía a Pablo en el contexto de su Iglesia varias décadas después; puede darnos claves importantes para entender todo el libro de Hch, pues en él Lucas refleja mejor su intención al escribir este libro.

 

El discurso lo podemos dividir en 4 partes:

(1) vv. 18-21: Memoria de su ministerio en Asia.

(2) vv. 22-24: Situación actual de Pablo.

(3) vv. 25-31: Exhortación a los presbíteros.

(4) vv. 32-35: Testamento (Pablo deja la Palabra y su Testimonio).

 

Pablo se dirige a los Presbíteros de la Iglesia de Éfeso, que son los responsables de las comunidades. En el v. 28 se les llama también Episcopos, cuya función pastoral es la de vigilar y conducir la comunidad. En tiempos de Pablo las comunidades no tenían mayor estructura, no existe todavía esa diferencia entre clero y laicos, sino una variedad no orgánica de carismas, como apóstoles, profetas y maestros (13,1), evangelistas (Felipe: 21,8), profetisas (las hijas de Felipe: 21,9), etc. Los presbíteros son simplemente los animadores de las comunidades. En todo el NT nunca son llamados “sacerdotes”. Pablo, al despedirse, no deja estructuras, sino solo los encomienda “a Dios y a la Palabra de su gracia, que tiene poder para construir el edificio”(v. 32).

 En la primera parte del discurso (vv. 18-21) Pablo (en realidad Lucas) hace una evaluación de su ministerio en Asia: en medio de persecuciones Pablo predica, enseña y da testimonio, en público y por las casas, a griegos y judíos. Esta memoria del pasado legitima a Pablo como modelo o norma para los presbíteros. Pablo enseña todo, no oculta nada a la comunidad: es fiel a la totalidad e integridad de la tradición.

 En la segunda parte de su discurso (vv. 22-24) encontramos dos frases contrapuestas: (1) Pablo atado por su propia decisión (literal: atado en el espíritu, cf. 19,21: “Pablo puso en su espíritu…”) va a Jerusalén no sabiendo lo que le espera. (2) El Espíritu Santo en cada ciudad testifica diciendo que le esperan cadenas y aflicciones. El espíritu de Pablo se opone al Espíritu Santo. Pablo se orienta a Jerousalem (nombre sacro, que expresa la institucionalidad judía), el Espíritu Santo, por el contrario, se revela en cada ciudad, donde viven las comunidades. Pablo no sabe lo que le espera; el Espíritu Santo declara que le esperan cadenas y aflicciones. La antítesis es perfecta y expresa la tragedia de Pablo: su decisión de ir a Jerusalén es contraria al Espíritu Santo. Las comunidades, donde se revela el Espíritu, sí lo saben. La estrategia del Espíritu, avalada por las comunidades, es la misión a los gentiles (de Roma al fin del mundo). Pablo, al ir a Jerusalén, pone en peligro su vida y la estrategia del mismo Espíritu Santo. Por eso Pablo agrega en el v. 24 esa enigmática frase, que más o menos dice así: no importa si vivo o muero, lo importante es que termine mi carrera y cumpla el ministerio que he recibido del Señor Jesús. El ministerio de Pablo, no es la confrontación con los judíos en Jerusalén, sino la predicación del Evangelio a los gentiles a partir de Roma. Pablo momentáneamente arriesga su vida contradiciendo al Espíritu, pero al mismo tiempo mantiene su fidelidad al mismo Espíritu.

 La tercera parte del discurso (vv. 25-31) es fundamentalmente una exhortación pastoral a los responsables de las comunidades de Éfeso. La idea central aquí es la siguiente: Pablo ha predicado todo el Evangelio a las comunidades. Ahora el se va para siempre. Los responsables de las comunidades son ahora los encargados de este Evangelio. Pablo ya no tiene ninguna responsabilidad en Éfeso. Nace aquí el concepto de Tradición Apostólica, no como una ortodoxia a conservar, sino como una fidelidad a la integridad del Evangelio predicado. Pablo pasa ahora esta responsabilidad a los presbíteros de Éfeso, que han sido puestos por el Espíritu Santo como vigilantes (episkopoi) para pastorear la Iglesia de Dios (v. 28). Hecho este “traspaso” de la responsabilidad apostólica, Pablo señala los peligros que se ciernen sobre la comunidad: los lobos crueles y los hombres perversos que buscarán destruirla.

 En la cuarta parte del discurso (vv. 32-35), Pablo encomienda a los responsables de las comunidades a la Palabra de Dios, la cual tiene el poder para construir la casa (v. 32). Pablo no deja estructuras u organizaciones, solamente la Palabra de Dios. Ese es el único poder de la comunidad: la Palabra de Dios. Esa Palabra es la que puede construir la casa, es decir la Iglesia de Dios. Además de la Palabra de Dios, Pablo deja su ejemplo, como norma para la comunidad. El apóstol ha trabajado con sus manos con dos objetivos: para proveer a sus necesidades y la de sus compañeros, y para socorrer a los pobres.

 Lucas presenta los tres anuncios del Espíritu a Pablo, en paralelismo antitético con los tres anuncios de Jesús sobre su muerte y resurrección camino a Jerusalén. Los tres anuncios del Espíritu a Pablo son: aquí en Mileto (20,23), en Tiro (21,4) y en Cesarea (21,10-14). El Espíritu habla a través de las comunidades proféticas: anuncia a Pablo cadenas y aflicciones, le prohibe que suba a Jerusalén, pues ahí será atado por los judíos y entregado a los romanos. En el Evangelio de Lucas son los discípulos los que no entienden y se resisten, ahora es Pablo el que no entiende y el que se resiste. En el caso de Jesús, su ida a Jerusalén es voluntad del Padre, en el caso de Pablo es su propia voluntad, contra la del Espíritu. ¿Por qué Pablo actúa de esta forma? El relato de Lucas quiere mostrar dos cosas. Por un lado, lo importante para Pablo de su enraizamiento personal en la tradición del Pueblo de Israel; Pablo quiere demostrar que la misión a los gentiles está en continuidad con esta tradición. Por otro lado, Pablo busca apasionadamente la unidad de la Iglesia: quiere que las Iglesias venidas de la gentilidad estén en comunión con la Iglesia madre de Jerusalén. Éste fue el motivo de la colecta, tal como aparece en Rom 15,26 (“si los gentiles han participado en sus bienes espirituales, ellos a su vez deben servirles con sus bienes temporales”), pero Lucas, como ya vimos, omite mencionar la colecta en este contexto. Lucas, al narrar la resistencia de Pablo al Espíritu, y todo lo que sufrió por dicha resistencia, quiere darle toda la fuerza posible a los motivos de Pablo. Cuando Lucas escribe su libro posiblemente está respondiendo a la doble acusación contra Pablo: de haber roto con la tradición de Israel y la de poner en peligro la unidad de la Iglesia.

 De Mileto a Jerusalén (21,1-15): Es la última etapa de este largo viaje desde Éfeso hacia Jerusalén. Tenemos aquí un detallado itinerario: Mileto-Cos-Rodas-Pátara-Tiro-Tolemaida-Cesarea-Jerusalén. En tres lugares hay un encuentro con las comunidades: en Tiro, Tolemaida y Cesarea. En Tiro, Pablo y el grupo “nosotros” (que había desaparecido durante el encuentro de Pablo con los presbíteros de Éfeso) permanece 7 días con los discípulos. Aquí tenemos el segundo anuncio del Espíritu: “los discípulos, iluminados por el Espíritu, decían a Pablo que no subiese a Jerousalem” (nombre sacro) (21,4). En Tolemaida, también encuentra a los “hermanos” y se quedan ahí un día. La tercera estadía, en Cesarea, es la más importante (21,8-14). Aquí encontramos una concentración de profetas: Felipe, el evangelista, uno de los 7 Helenistas (6,1-7); las 4 vírgenes profetisas, hijas de Felipe; el profeta Agabo, que ya lo habíamos encontrado en la Iglesia de Antioquía, fundada por los Helenistas (11,27-30). En Cesarea tenemos el tercer anuncio del Espíritu, que ahora habla por boca del profeta Agabo: Pablo será tomado preso por los judíos en Jerousalem y entregado a los romanos. El grupo “nosotros” y “los de aquel lugar” también se unen al anuncio del Espíritu: “le rogamos (a Pablo) que no subiera a Jerousalem” (v. 12). Pablo resiste la orden del Espíritu: “yo estoy dispuesto no solo a ser atado, sino también a morir en Jerousalem por el nombre del Señor Jesús”. La respuesta de Pablo es muy semejante a la respuesta de Pedro a Jesús, durante su discurso de despedida: “Señor, estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel y la muerte” (Lc 22,33). Jesús reprende a Pedro por su arrogancia y anuncia su triple negación. La reacción de la comunidad de Cesarea ante la “arrogancia” de Pablo es de resignación: “Hágase la voluntad del Señor” (22,14). Lo mismo dice Jesús en el huerto de los Olivos (Lc 22,42).

 

Reflexión Pastoral

 1) Pablo da por terminada la evangelización en la parte oriental del Imperio romano (“desde Jerusalén, en todas las direcciones, hasta el Ilírico”) y ahora decide ir a Roma y desde allí hasta el fin de la tierra. Pablo realmente cree en la fuerza de la Palabra de Dios que él ha anunciado, cree en su obra evangelizadora. Al despedirse de los presbíteros de Éfeso los encomienda a esta Palabra, que tiene la fuerza de construir el edificio (20,32). ¿Tenemos nosotros hoy esta fe de Pablo en la eficacia de la Palabra de Dios? ¿Creemos realmente que la Palabra de Dios que anunciamos tiene el poder de construir la Iglesia? Pablo en sus planes de viaje demuestra un espíritu misionero cuyo horizonte en todo el mundo habitado y conocido (de Jerusalén a España). ¿Tenemos hoy este universalismo misionero de Pablo?

 2) Pablo decide ir a Roma (objetivo misionero), pasando antes por Jerusalén. La subida de Pablo a Jerusalén sigue los pasos de la subida de Jesús a Jerusalén. Pablo ahora ya no hace un viaje misionero, sino un viaje martirial, como discípulo de Jesús. Va consolidando las comunidades ya fundadas, se despide de ellas y les deja su testamento. Hagamos un estudio global de este nuevo rostro de Pablo y sistematicemos los puntos fundamentales de su testamento espiritual (especialmente su discurso en Mileto: 20,17-38).

 3) Pablo en su viaje a Jerusalén va luchando con el Espíritu Santo. La voluntad del Espíritu es que Pablo no vaya a Jerusalén, sino directamente a Roma para continuar desde ahí la misión hasta el fin de la tierra. ¿Cuáles son los motivos de Pablo para ir a Jerusalén, a pesar de la oposición del Espíritu? ¿Cómo el Espíritu se manifiesta a Pablo? ¿Por qué Lucas nos narra este viaje de Pablo a Jerusalén? ¿Qué quiere enseñarnos con este viaje?

                                                                                                                                                            

El Movimiento de Jesús después de su Resurrección y antes de la Iglesia