Esta última sección de los Hch la
podemos dividir en tres partes:
(1) Subida de Pablo a Jerusalén:
19,21-21,15
(2) Estadía de Pablo en Jerusalén
y Cesarea: 21,16-26,32
(3) Pablo camino a Roma y misión
final en Roma: 27,1-28,31
Cada una de estas secciones
corresponde a las tres últimas etapas de la vida de Jesús: subida a
Jerusalén (Lc 9,51-19,27), juicio, pasión y muerte en Jerusalén (Lc
19,28-23,56) y resurrección (Lc 24). Pablo no muere físicamente en
Jerusalén, pero ahí enfrenta repetidamente la muerte. Su muerte
misma está representada en la naufragio rumbo a Roma (27) y su
triunfo en Roma es su resurrección (28). Lucas no pretende una
biografía de Pablo, sino narrarnos el triunfo de la Palabra de Dios,
obra que el Espíritu Santo realiza a través de los misioneros
itinerantes y las pequeñas comunidades.
5.2.1 Subida de Pablo
a Jerusalén: 19,21-21,15
Pablo toma la decisión
de ir a Jerusalén y Roma (19,21-22): En el v. 21 tenemos el
comienzo de algo nuevo y marca una nueva gran sección de Hch que va
hasta el final. Por lo importante del versículo, damos aquí una
traducción lo más literal posible:
Y cuando se cumplieron estas
cosas,
Pablo decidió en
su interior (puso en el espíritu) ir a Jerusalén,
atravesando Macedonia
y Acaya,
diciendo: después de
estar yo allí,
es necesario
que yo también vea Roma.
El verbo principal (“decidió en
su interior”) expresa la decisión de Pablo de ir a Jerusalén. Pablo
toma esta decisión “diciendo” que la voluntad de Dios (expresada por
el griego “dei” = “es necesario”) es que vaya a Roma. Es decir:
Pablo toma la decisión de ir a Jerusalén, sabiendo que la voluntad
de Dios es que vaya a Roma. Pablo toma la decisión de ir a
Jerusalén, pues ya da por terminada su misión en Macedonia
(Tesalónica, Filipos, Berea, Atenas), Acaya (Corintio), Asia (Éfeso),
Frigia y Galacia. Éfeso era la última ciudad que tenía que
evangelizar en esta parte oriental del Imperio. Pablo ahora (19,21),
después de evangelizar Éfeso y Asia, da por cumplida la misión que
le había encomendado el Espíritu. Por eso dice el texto: “cuando se
cumplieron estas cosas”. Lo que sigue ahora hasta el final del
libro, no es ya la “misión” de Pablo, sino su “pasión, muerte y
resurrección”: viaje a Jerusalén (últimas visitas, despedidas y
testamento), su juicio y pasión en Jerusalén y Cesarea, y su “muerte
y resurrección” en Roma. No es un viaje misionero, sino martirial.
Este cambio en la vida de Pablo
y su planificación como aparece en Hch, corresponde a lo que sabemos
directamente de Pablo por su propios escritos. Según Rom 15,17-33 su
plan es resumidamente el siguiente: Pablo da por terminada su misión
en la parte oriental del Imperio, que describe trazando una línea
desde Jerusalén hasta el Ilírico (punto extremo occidental, en
Macedonia, de la vía Ignacia que lleva a Roma). En toda esta región
Pablo “ha dado cumplimiento al Evangelio de Cristo” (Rom 15,19), es
decir, Pablo considera esta región como ya evangelizada: no tiene ya
“campo de acción en estas regiones” (Rom 15,23). Ahora Pablo traza
una nueva línea: Roma-España. En el plan de Pablo Roma no es un
punto de llegada, sino simplemente de partida para su nuevo plan de
evangelización de la parte occidental del Imperio. España era
realmente “el fin de la tierra” (extremo occidental del mundo
mediterráneo) hasta donde Pablo quería llevar la predicación. Este
plan de Pablo responde a la estrategia de Lucas en Hch 1,8 de dar
testimonio “hasta el fin de la tierra”. Pero Pablo, antes de ir a
Roma, quiere hacer un viaje a Jerusalén para llevar una colecta a la
comunidad de los santos (para ello léase Rom 15,25-33; 1 Cor 16,1-4
y 2 Cor 8-9). El fin de esta colecta es afianzar la unidad de las
Iglesias surgidas tanto del judaísmo como de la gentilidad (Rom
15,27). Pablo quiere consolidar esta unidad, antes de emprender su
nueva etapa de evangelización de Roma a España. Su viaje a Macedonia
y Acaya antes de ir a Jerusalén es para recoger la colecta. Pablo
teme que la colecta no sea aceptada en Jerusalén (Rom 15,30-32),
pero mantiene a pesar de todo su plan.
En Hch 19,21 aparece
fundamentalmente el mismo plan: Éfeso-Jerusalén (pasando por
Macedonia y Acaya) y luego Jerusalén-Roma. No se dice nada
del proyecto Roma-España, pero está implícito, pues según 1,8 el
Evangelio debe llegar hasta el fin de la tierra. Está claro que Roma
es el centro del Imperio, de ninguna manera el fin de la tierra. Si
Pablo llega a Roma es para que, desde Roma, el Evangelio llegue al
fin del mundo. El cambio más notorio en Hch es que Lucas omite la
colecta, que es según las cartas de Pablo el gran y único motivo de
éste para ir a Jerusalén. Lucas conoce esta colecta, pues la
menciona de paso en 24,17, pero la ignora sistemáticamente en todo
el largo relato del viaje a Macedonia, Acaya y Jerusalén. El motivo
de esta omisión posiblemente es el fracaso histórico de Pablo en
Jerusalén, sobre todo de su colecta para los santos de esta
comunidad. Lucas, que escribe más de 30 años después de los sucesos
trágicos para Pablo en Jerusalén, omite el motivo de la colecta y le
da a todo este viaje un nuevo sentido: se trata ahora de la “pasión,
muerte y resurrección” de Pablo. Éste es presentado ahora no como
misionero, sino como discípulo de Jesús que, como su maestro, debe
ir a Jerusalén para sufrir su pasión (véase la semejanza entre Lc
9,51 y Hch 19,21). De este largo viaje, no misionero, sino
martirial, que va desde 19,21 hasta el final del libro en 28,31, nos
ocuparemos ahora.

Revuelta de los orfebres en
Éfeso (19,23-40): Lucas ya había cerrado el ciclo de la misión
de Pablo, y con el sumario de 19,20 daba por concluida la
evangelización de Éfeso, ¿por qué entonces inserta este relato entre
la decisión de Pablo de partir de Éfeso (19,21) y la partida de
hecho (20,1)? ¿Cuál es el sentido global del relato? Es propio del
estilo de Lucas intercalar un relato en medio de una narración
diferente. Véase por ejemplo cómo intercala 12,1-24 en el relato
diferente que comienza en 11,29-30 y continúa en 12,25. El relato
del tumulto en Éfeso no pertenece ya a los relatos misioneros de
Pablo (que terminaron en 19,20), sino al relato de su “pasión”
camino hacia Jerusalén.
La contradicción fundamental en
el relato es entre la idolatría popular y el “Camino” (es decir el
movimiento de Jesús). La idolatría está relacionada a una estructura
económica de producción de artesanía religiosa, que proporcionaba no
pocas ganancias a sus productores. El sistema económico está ligado
al templo de la diosa Artemisa, cuya grandeza adora todo el Asia y
el mundo entero. La ciudad de Éfeso es famosa por su diosa, lo que
funda un nacionalismo religioso local. La idolatría popular está así
articulada a la economía, al templo y a la ciudad. Los que obtienen
ganancias económicas de este sistema económico-religioso-político
ven en el Evangelio de Pablo un peligro mortal para sus ganancias,
para el Templo, para la diosa y para la ciudad. En el relato se
proponen dos formas para resolver esta contradicción. Por un lado,
Demetrio busca la solución en un tumulto popular, violento, confuso
e ilegal, que quiere linchar a Pablo y compañeros. Por otro lado, el
magistrado de la ciudad, con los asiarcas (diputados del consejo
regional de Asia), propone que se convoque una asamblea legal, donde
se presente cualquier posible reclamación en audiencias legales y
ante los procónsules constituidos. El relato opta por la legalidad
en contra del tumulto. El tumulto no favorece al “Camino”, pero sí
lo favorece la legalidad romana. Este es un tema muy típico de
Lucas, que está presente a lo largo de toda la pasión de Pablo, así
como en la pasión del mismo Jesús. Veremos más adelante que es el
tribuno romano el que salva a Pablo de la muchedumbre que quiere
lincharlo en el Templo (21,27-40), también el tribuno salva a Pablo
de la conjuración de los judíos que quieren matarlo (23,12-24) y
finalmente Pablo apela al Cesar para salvar su vida (25,1-12). Esta
prioridad de la legalidad romana, que Lucas muestra conocer muy
bien, sobre el tumulto y la conjura ilegal, podría ser el tema que
justifica la intercalación de esta narración del tumulto en Éfeso,
después que Pablo ha tomada la decisión de ir a Jerusalén. Es una
narración que podemos también interpretar dentro del relato de la
pasión de Pablo (19,21-28,31) si bien pertenece a la sección de la
misión (15,36-19,20).
Las 7 etapas del viaje de
Pablo de Éfeso a Jerusalén (20,1-21,15):
(1) De Éfeso a Corinto: 20,1-2
(Pablo se despide de los discípulos de Éfeso, recorre Macedonia y va
a Corinto).
(2) Pablo en Corinto: 20,3a
(tres meses: diciembre 55 - febrero 56, donde escribe
posiblemente la carta a los Romanos).
(3) De Corinto a Tróade: 22,3b-6
(conjura de los
judíos, regreso por Macedonia; de Filipos a Tróade)
(4) Pablo en Tróade: 20,7-12
(siete días; primer
día de la semana: Eucaristía y Resurrección de Eutico)
(5) De Tróade a Mileto: 20,13-16
(6) Pablo en Mileto: 20,17-38
(Discurso de
despedida a los Presbíteros de Éfeso).
(7) De Mileto a Jerusalén:
21,1-15
Estadías en Tiro (7 días) y
en Cesarea
Tenemos cuatro relatos de viajes
y 5 estadías principales: en Corinto, en Tróade, en Mileto, en Tiro
y en Cesarea. Las estadías tienen todas el carácter de despedida y
testamento: en Corinto habría escrito la carta a los Romanos (no
está en Hch, pero lo deducimos por otros textos), en Tróade Pablo
habla toda la noche a la comunidad (nada se dice sobre el contenido)
y en Mileto tenemos el texto mismo del discurso de despedida o
testamento de Pablo. En Mileto, Tiro y Cesarea tenemos los 3
anuncios del Espíritu para que Pablo no vaya a Jerusalén.
De Éfeso a Tróade (20,1-6):
Pablo se despide de los discípulos de Éfeso y recorre Macedonia
exhortando a los fieles con largos discursos (20,1-2a). Por las
cartas sabemos que Pablo recorre Macedonia para recoger la colecta
para Jerusalén, pero Lucas ignora este motivo y da a este viaje un
carácter de despedida y testamento. La conjura de los judíos (v. 3)
y la elección de 7 acompañantes de Pablo (v. 4) podría tener como
contexto la colecta. Llama la atención la ausencia de delegados de
Filipos y Corinto, de donde vendría fundamentalmente el dinero. En
Corinto se quedó tres meses (v. 3a). En 20,5 aparece otra vez en el
relato el “nosotros”, que seguirá hasta 21,18. El “nosotros” ya
había aparecido en 16,10-17 y aparecerá posteriormente en
27,1-28,16. Muchos ven aquí un indicio de una fuente (itinerario de
viaje) utilizado por Lucas. Otros (Rius-Camps y Juan Mateos)
interpretan este “nosotros” como sintonía de Pablo con el Espíritu
Santo (“la comunidad del Espíritu”), con la cual Lucas se
identifica. No es que Lucas se integre físicamente al viaje de Pablo
(nunca estuvo presente), sino que se identifica con Pablo cuando
éste es fiel al Espíritu. Pablo quiere embarcarse en Corinto para
Siria, posiblemente en un barco donde iban muchos judíos a celebrar
la Pascua en Jerusalén. El descubrimiento de la conjura de los
judíos lo hace desistir y se va a Filipos, donde celebrará la Pascua
(20,3b-6). De ahí tomará una ruta más larga y más lenta, pero
también más segura, hacia Jerusalén. En Tróade se junta con los 7
delegados de las comunidades que lo acompañan y se queda ahí 7 días
(20,5-6).

En Tróade (20,7-12): El
primer día de la semana (el último de su estadía en Tróade) Pablo
habla a la “comunidad del Espíritu” (“nosotros”) reunida “para la
fracción del pan” (20,7). El primer día de la semana es el Domingo,
que según la costumbre judía comienza en la tarde del Sábado. Pablo
habla a la comunidad toda la noche (del sábado al domingo). El
discurso de Pablo hasta la media noche está resumido en el verbo
“argumentar” (dia-legomai v. 7), que es el tipo de discurso que
Pablo siempre tiene con los judíos (cf. 17,2-3.17; 18,4; 19,8-9).
Pablo alargó este tipo de argumentación de una manera tal, que el
joven Eutico se quedó dormido y se cayó de la ventana. Eutico
posiblemente representa aquí a las jóvenes comunidades, a quienes ya
no interesa este tipo de argumentación de Pablo. Por eso Pablo
cambia su discurso: desde la Eucaristía a media noche hasta la
mañana, Pablo ya no argumenta, sino conversa (homiléo v. 11). Pablo
termina su discurso de toda la noche y se marcha. Posteriormente, es
incorporado el muchacho vivo. Posiblemente se quiere aquí simbolizar
la sustitución de Pablo por la joven comunidad que nace,
representada por Eutico.
De Tróade a Mileto
(20,13-16): Se nos da un itinerario minucioso. Hay dos detalles
importantes. Pablo viaja junto con el “nosotros” (la comunidad del
Espíritu), pero de Tróade a Aso (unos 40 kilómetros), el “nosotros”
viaja en barco y Pablo va caminando. Quizás Lucas busca aquí dejar
claro que Pablo y el “nosotros” son diferentes. Pablo por propia
cuenta está decidido ir a Jerusalén, la “comunidad del Espíritu”
quiere ir a Roma a la nueva misión. Por eso están separados. Pero en
Aso Pablo se encuentra con el “nosotros” y lo toman a bordo, para
seguir ahora juntos. El otro detalle es que Pablo evita pasar por
Éfeso, pues tiene prisa de llegar a Jerusalén para Pentecostés.
Pablo teme que la comunidad de Éfeso lo retenga por más tiempo, pero
también es posible que Pablo tema que la comunidad, inspirada por el
Espíritu, lo presione para no ir a Jerusalén, como sucederá
posteriormente en las comunidades de Tiro (21,3-4) y de Cesarea
(21,8-14). Pablo no va a Éfeso, pero desde Mileto manda llamar a los
presbíteros de Éfeso. Entre Éfeso y Mileto hay 60 Km. Quizás este
desplazamiento de los presbíteros de Éfeso a Mileto tomó más tiempo
que una visita de Pablo a Éfeso, lo que confirma que el problema no
es el tiempo, sino la presión que hace el Espíritu sobre Pablo por
medio de las comunidades para que no vaya a Jerusalén.
En Mileto: discurso a los
Presbíteros de Éfeso (20,17-38): En Mileto tenemos el importante
discurso de Pablo a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso
(20,17-38). Es el único discurso de Pablo en Hch dirigido a los
cristianos, pues todos los demás discursos tienen como auditorio a
personas y grupos fuera de la comunidad cristiana. Pablo siempre
escribe sus cartas a las comunidades, a toda la Iglesia, a todos los
santos. Aquí se dirige solo a los presbíteros. El género literario
es el de Testamento, género muy conocido en la Biblia, como por
ejemplo el Testamento de Jesús en Lc 22,14-38 o Jn 14-17. Las cartas
pastorales, especialmente la 2 Tim, tienen también el estilo de
Testamento. Estos testamentos son redactados normalmente por los
discípulos, donde ellos expresan cómo entienden la mente o el
pensamiento profundo de sus maestros. Lucas quiere en este discurso
darnos un resumen del mensaje de todo el libro de Hch, especialmente
del capítulo 15 a 28. El discurso de Pablo en Mileto nos revela no
tanto la mente de Pablo, sino cómo Lucas entendía a Pablo en el
contexto de su Iglesia varias décadas después; puede darnos claves
importantes para entender todo el libro de Hch, pues en él Lucas
refleja mejor su intención al escribir este libro.
El discurso lo podemos dividir en
4 partes:
(1) vv. 18-21: Memoria de su
ministerio en Asia.
(2) vv. 22-24: Situación actual
de Pablo.
(3) vv. 25-31: Exhortación a los
presbíteros.
(4) vv. 32-35: Testamento (Pablo
deja la Palabra y su Testimonio).
Pablo se dirige a los Presbíteros
de la Iglesia de Éfeso, que son los responsables de las comunidades.
En el v. 28 se les llama también Episcopos, cuya función pastoral es
la de vigilar y conducir la comunidad. En tiempos de Pablo las
comunidades no tenían mayor estructura, no existe todavía esa
diferencia entre clero y laicos, sino una variedad no orgánica de
carismas, como apóstoles, profetas y maestros (13,1), evangelistas
(Felipe: 21,8), profetisas (las hijas de Felipe: 21,9), etc. Los
presbíteros son simplemente los animadores de las comunidades. En
todo el NT nunca son llamados “sacerdotes”. Pablo, al despedirse, no
deja estructuras, sino solo los encomienda “a Dios y a la Palabra de
su gracia, que tiene poder para construir el edificio”(v. 32).

En la primera parte del
discurso (vv. 18-21) Pablo (en realidad Lucas) hace una
evaluación de su ministerio en Asia: en medio de persecuciones Pablo
predica, enseña y da testimonio, en público y por las casas, a
griegos y judíos. Esta memoria del pasado legitima a Pablo como
modelo o norma para los presbíteros. Pablo enseña todo, no oculta
nada a la comunidad: es fiel a la totalidad e integridad de la
tradición.
En la segunda parte de su
discurso (vv. 22-24) encontramos dos frases contrapuestas: (1)
Pablo atado por su propia decisión (literal: atado en el espíritu,
cf. 19,21: “Pablo puso en su espíritu…”) va a Jerusalén no sabiendo
lo que le espera. (2) El Espíritu Santo en cada ciudad testifica
diciendo que le esperan cadenas y aflicciones. El espíritu de
Pablo se opone al Espíritu Santo. Pablo se orienta a
Jerousalem (nombre sacro, que expresa la institucionalidad
judía), el Espíritu Santo, por el contrario, se revela en cada
ciudad, donde viven las comunidades. Pablo no sabe lo que
le espera; el Espíritu Santo declara que le esperan cadenas y
aflicciones. La antítesis es perfecta y expresa la tragedia de
Pablo: su decisión de ir a Jerusalén es contraria al
Espíritu Santo. Las comunidades, donde se revela el Espíritu,
sí lo saben. La estrategia del Espíritu, avalada por las
comunidades, es la misión a los gentiles (de Roma al fin del mundo).
Pablo, al ir a Jerusalén, pone en peligro su vida y la estrategia
del mismo Espíritu Santo. Por eso Pablo agrega en el v. 24 esa
enigmática frase, que más o menos dice así: no importa si vivo o
muero, lo importante es que termine mi carrera y cumpla el
ministerio que he recibido del Señor Jesús. El ministerio de Pablo,
no es la confrontación con los judíos en Jerusalén, sino la
predicación del Evangelio a los gentiles a partir de Roma. Pablo
momentáneamente arriesga su vida contradiciendo al Espíritu, pero al
mismo tiempo mantiene su fidelidad al mismo Espíritu.
La tercera parte del discurso
(vv. 25-31) es fundamentalmente una exhortación pastoral a los
responsables de las comunidades de Éfeso. La idea central aquí es la
siguiente: Pablo ha predicado todo el Evangelio a las
comunidades. Ahora el se va para siempre. Los responsables de las
comunidades son ahora los encargados de este Evangelio. Pablo ya no
tiene ninguna responsabilidad en Éfeso. Nace aquí el concepto de
Tradición Apostólica, no como una ortodoxia a conservar, sino como
una fidelidad a la integridad del Evangelio predicado. Pablo pasa
ahora esta responsabilidad a los presbíteros de Éfeso, que han sido
puestos por el Espíritu Santo como vigilantes (episkopoi) para
pastorear la Iglesia de Dios (v. 28). Hecho este “traspaso” de la
responsabilidad apostólica, Pablo señala los peligros que se ciernen
sobre la comunidad: los lobos crueles y los hombres perversos que
buscarán destruirla.
En la cuarta parte del
discurso (vv. 32-35), Pablo encomienda a los responsables de las
comunidades a la Palabra de Dios, la cual tiene el poder para
construir la casa (v. 32). Pablo no deja estructuras u
organizaciones, solamente la Palabra de Dios. Ese es el único poder
de la comunidad: la Palabra de Dios. Esa Palabra es la que puede
construir la casa, es decir la Iglesia de Dios. Además de la Palabra
de Dios, Pablo deja su ejemplo, como norma para la comunidad. El
apóstol ha trabajado con sus manos con dos objetivos: para proveer a
sus necesidades y la de sus compañeros, y para socorrer a los
pobres.
Lucas presenta los tres anuncios
del Espíritu a Pablo, en paralelismo antitético con los tres
anuncios de Jesús sobre su muerte y resurrección camino a Jerusalén.
Los tres anuncios del Espíritu a Pablo son: aquí en Mileto (20,23),
en Tiro (21,4) y en Cesarea (21,10-14). El Espíritu habla a través
de las comunidades proféticas: anuncia a Pablo cadenas y
aflicciones, le prohibe que suba a Jerusalén, pues ahí será atado
por los judíos y entregado a los romanos. En el Evangelio de Lucas
son los discípulos los que no entienden y se resisten, ahora es
Pablo el que no entiende y el que se resiste. En el caso de Jesús,
su ida a Jerusalén es voluntad del Padre, en el caso de Pablo es su
propia voluntad, contra la del Espíritu. ¿Por qué Pablo actúa de
esta forma? El relato de Lucas quiere mostrar dos cosas. Por un
lado, lo importante para Pablo de su enraizamiento personal en la
tradición del Pueblo de Israel; Pablo quiere demostrar que la
misión a los gentiles está en continuidad con esta tradición. Por
otro lado, Pablo busca apasionadamente la unidad de la Iglesia:
quiere que las Iglesias venidas de la gentilidad estén en comunión
con la Iglesia madre de Jerusalén. Éste fue el motivo de la colecta,
tal como aparece en Rom 15,26 (“si los gentiles han participado en
sus bienes espirituales, ellos a su vez deben servirles con sus
bienes temporales”), pero Lucas, como ya vimos, omite mencionar la
colecta en este contexto. Lucas, al narrar la resistencia de Pablo
al Espíritu, y todo lo que sufrió por dicha resistencia, quiere
darle toda la fuerza posible a los motivos de Pablo. Cuando Lucas
escribe su libro posiblemente está respondiendo a la doble acusación
contra Pablo: de haber roto con la tradición de Israel y la de poner
en peligro la unidad de la Iglesia.
De Mileto a Jerusalén
(21,1-15): Es la última etapa de este largo viaje desde Éfeso
hacia Jerusalén. Tenemos aquí un detallado itinerario:
Mileto-Cos-Rodas-Pátara-Tiro-Tolemaida-Cesarea-Jerusalén. En tres
lugares hay un encuentro con las comunidades: en Tiro, Tolemaida y
Cesarea. En Tiro, Pablo y el grupo “nosotros” (que había
desaparecido durante el encuentro de Pablo con los presbíteros de
Éfeso) permanece 7 días con los discípulos. Aquí tenemos el segundo
anuncio del Espíritu: “los discípulos, iluminados por el Espíritu,
decían a Pablo que no subiese a Jerousalem” (nombre sacro) (21,4).
En Tolemaida, también encuentra a los “hermanos” y se quedan
ahí un día. La tercera estadía, en Cesarea, es la más
importante (21,8-14). Aquí encontramos una concentración de
profetas: Felipe, el evangelista, uno de los 7 Helenistas (6,1-7);
las 4 vírgenes profetisas, hijas de Felipe; el profeta Agabo, que ya
lo habíamos encontrado en la Iglesia de Antioquía, fundada por los
Helenistas (11,27-30). En Cesarea tenemos el tercer anuncio del
Espíritu, que ahora habla por boca del profeta Agabo: Pablo será
tomado preso por los judíos en Jerousalem y entregado a los romanos.
El grupo “nosotros” y “los de aquel lugar” también se unen al
anuncio del Espíritu: “le rogamos (a Pablo) que no subiera a
Jerousalem” (v. 12). Pablo resiste la orden del Espíritu: “yo estoy
dispuesto no solo a ser atado, sino también a morir en Jerousalem
por el nombre del Señor Jesús”. La respuesta de Pablo es muy
semejante a la respuesta de Pedro a Jesús, durante su discurso de
despedida: “Señor, estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel y la
muerte” (Lc 22,33). Jesús reprende a Pedro por su arrogancia y
anuncia su triple negación. La reacción de la comunidad de Cesarea
ante la “arrogancia” de Pablo es de resignación: “Hágase la voluntad
del Señor” (22,14). Lo mismo dice Jesús en el huerto de los Olivos (Lc
22,42).

Reflexión Pastoral
1) Pablo da por terminada
la evangelización en la parte oriental del Imperio romano (“desde
Jerusalén, en todas las direcciones, hasta el Ilírico”) y ahora
decide ir a Roma y desde allí hasta el fin de la tierra. Pablo
realmente cree en la fuerza de la Palabra de Dios que él ha
anunciado, cree en su obra evangelizadora. Al despedirse de los
presbíteros de Éfeso los encomienda a esta Palabra, que tiene la
fuerza de construir el edificio (20,32). ¿Tenemos nosotros hoy esta
fe de Pablo en la eficacia de la Palabra de Dios? ¿Creemos realmente
que la Palabra de Dios que anunciamos tiene el poder de construir la
Iglesia? Pablo en sus planes de viaje demuestra un espíritu
misionero cuyo horizonte en todo el mundo habitado y conocido (de
Jerusalén a España). ¿Tenemos hoy este universalismo misionero de
Pablo?
2) Pablo decide ir a Roma
(objetivo misionero), pasando antes por Jerusalén. La subida de
Pablo a Jerusalén sigue los pasos de la subida de Jesús a Jerusalén.
Pablo ahora ya no hace un viaje misionero, sino un viaje martirial,
como discípulo de Jesús. Va consolidando las comunidades ya
fundadas, se despide de ellas y les deja su testamento. Hagamos un
estudio global de este nuevo rostro de Pablo y sistematicemos los
puntos fundamentales de su testamento espiritual (especialmente su
discurso en Mileto: 20,17-38).
3) Pablo en su viaje a Jerusalén
va luchando con el Espíritu Santo. La voluntad del Espíritu es que
Pablo no vaya a Jerusalén, sino directamente a Roma para continuar
desde ahí la misión hasta el fin de la tierra. ¿Cuáles son los
motivos de Pablo para ir a Jerusalén, a pesar de la oposición del
Espíritu? ¿Cómo el Espíritu se manifiesta a Pablo? ¿Por qué Lucas
nos narra este viaje de Pablo a Jerusalén? ¿Qué quiere enseñarnos
con este viaje?