VI. El exorcismo 


El exorcismo hay que verlo dentro de su auténtico contexto eclesial. No se trata de un ritual arcano y gnóstico, ni del dominio de una técnica, ni de la habilidad mística de un actor individual, semejante a un chamán. El exorcista es el ministro de Cristo y de su iglesia; es Cristo que exorciza; es su poder, que subyuga y arroja el mal a través de su ministro y de su cuerpo, la Iglesia. El exorcista debe estar autorizado por la Iglesia, porque ella es quien le capacita para realizar la obra de Cristo en nombre de Cristo. El realiza el exorcismo en compañía de otros miembros de la Iglesia santa, que se unen a sus oraciones, recordando que donde están dos o tres unidos en nombre de Cristo, allí tienen la promesa de que Cristo mismo está presente en medio de ellos de Manera particularmente eficaz. Sólo esta presencia curadora suya garantiza el éxito del exorcismo.

1. EXORCISMO COMO ORACIÓN

 - El exorcismo es una oración dirigida a Dios a fin de que arroje o rechace a los demonios o a los espíritus malos de las personas, lugares o cosas que están o se consideran poseídas o infestadas por aquellos que están en peligro de convertirse en víctimas o instrumentos de su maldad2. En la realización de un exorcismo es la Iglesia la que ora a través del instrumento del exorcista, de suerte que la eficacia del rito puede compararse a un sacramental. La fe y la integridad personal del exorcista, según se desprende claramente de los mismos evangelios (Mc 3,14ss; cf Mt 10,1), desempeñan un importante papel en el buen éxito, del exorcismo. Por eso la Iglesia es particularmente cauta al autorizar a los clérigos que han recibido el poder de exorcizar a poner en práctica tal potestad. No hablamos aquí obviamente de los exorcismos practicados durante el rito del bautismo, sino de los que parecen postulados por una posesión diabólica verosímilmente auténtica.

2. EXORCISMO COMO SIGNO

La base de una teología del exorcismo es el testimonio del NT sobre el conflicto entre Cristo y las fuerzas del mal y su victoria sobre ellas. Cristo mismo proclamó con las palabras y con los hechos tal victoria (cf Lc 11,20; Jn 12,31). Concedió a los Doce la autoridad y el poder de arrojar a los demonios (Mc 3,14ss; cf Mt 10,1), y todos "los que creen" comparten tal poder (Mc 18,17; Lc 10,17-19). Un signo continuo de la redención del hombre es la pérdida del poder por parte de Satanás (1 Jn 5,18). Tal era la convicción de los Padres, de Tertuliano, de Hilarlo de Poitiers, así como de las escuelas medievales, incluido santo Tomás de Aquino (S. Th. II-II, q. 90, a. 2).

3. EXORCISMO E IGLESIA 

La Iglesia reconoce la posibilidad de la posesión diabólica y regula el modo de tratarla. El código de derecho canónico permite a los ministros autorizados (exorcistas) realizar exorcismos solemnes no solamente en los fieles, sino también en no católicos y en excomulgados. El Ritual romano contiene un rito solemne para el exorcismo. Tal rito sólo puede realizarse con permiso especial del Ordinario, el cual lo concede sólo a sacerdotes insignes por la piedad y la prudencia. Esto supone que quienes reciben el poder de expulsar de los demás a los espíritus malos deben haber conseguido antes personalmente la victoria sobre sus tentaciones.

4. EXORCISMO Y PSICOLOGÍA 

Aunque la psiquiatría ha demostrado que la actividad del subconsciente explica muchos, por no decir la mayor parte, de los fenómenos anormales que las generaciones pasadas atribuían a la actividad diabólica, no pretende por ello explicar de manera completa tales fenómenos. Está en condiciones de dar sólo la explicación psicológica. Aun suponiendo que tal explicación sea la correcta en un determinado caso, se trata siempre de una explicación dada dentro de los límites de la ciencia. No excluye de por sí la causalidad concomitante, que podría ser ejercida por elementos que no son objeto de la ciencia psiquiátrica.

Algunos de los que han trabajado con criminales dementes, aun aceptando como válida la explicación que da el psiquiatra de un caso, permanecen abiertos a la posibilidad de lo diabólico como causa concomitante, aunque no se la pueda establecer con certeza en algún caso particular. Por ejemplo, es posible admitir el punto de vista de que Satanás es una indicación del modo como la mente humana hace frente al problema del mal y, al mismo tiempo, creer que una criatura como Satanás existe realmente.

5. CRITERIOS QUE JUSTIFICAN UN EXORCISMO 

El Ritual romano invita al exorcista a no apresurarse a creer que se encuentra frente a una verdadera posesión diabólica. Da algunas indicaciones referentes a los signos de la posesión, aunque está claro que ninguno de ellos, tomado particularmente, es suficiente para este fin. Los principales signos son hablar una lengua desconocida, una fuerza física extraordinaria y el conocimiento de cosas distantes o secretas. Junto a los signos de posesión, consistentes en facultades especiales del cuerpo y de la mente, hay que esperar también una atmósfera general malsana, que a veces puede percibirse casi físicamente. Sir Ivone Kirkpatrick, en sus memorias relativas al tiempo transcurrido en la embajada de Berlín (1937-1938), escribió de Hitler: "Parecía envuelto en un aura tan despiadada y perversa, que se tenía una sensación de opresión y casi de pesadilla cuando se sentaba uno con él en la misma habitación". Y sigue diciendo que sintió la necesidad de pedir no ser asignado como traductor durante uno de los últimos encuentros que Chamberlain tuvo con Hitler, a causa de la repugnancia física que sentía`.

Según Joseph Crehan, SJ, que ha estudiado con detalle el fenómeno de la posesión y que fue el observador católico en la comisión sobre el exorcismo del obispo de Exeter, el diagnóstico resulta difícil cuando hay que hacerse un juicio basado en probabilidades convergentes. La costumbre de algunos teólogos de presentar una serie de fenómenos como si admitieran sólo explicaciones alternas no vale, según él, cuando se trata, en realidad, de situaciones que pueden admitir una u otra explicación. Así decir que los exorcismos realizados por Cristo en los evangelios revelan el poder del amor de Dios de curar, es cierto; pero ¿qué revelan además de eso? ¿Es eso todo lo que intentan decirnos? Análogamente, no admitir la posibilidad de la posesión diabólica por el hecho de haber en los asuntos humanos interferencias provenientes de las almas de los muertos, hombres o mujeres, pero no de espíritus malos, que jamás han sido seres humanos, significa aplicar el esquema alternativo sin utilidad.

En los casos de pseudoposesión, el exorcismo puede efectivamente poner remedio a la creencia de la víctima de estar poseída, pero puede también inducir a descuidar las precauciones y el tratamiento médico necesario.

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(2) El exorcista es el que expulsa los espíritus malos de una persona poseída, conjurándolos, en nombre de un espíritu más poderoso, a que se vayan. El término proviene de la palabra griega que significa "conjurar" verbo empleado por Mateo en el sentido jurídico de inducir a uno a testimoniar bajo juramento (20.83).