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El
exorcismo hay que verlo dentro de su auténtico contexto
eclesial. No se trata de un ritual arcano y gnóstico, ni
del dominio de una técnica, ni de la habilidad mística de
un actor individual, semejante a un chamán. El exorcista es
el ministro de Cristo y de su iglesia; es Cristo que
exorciza; es su poder, que subyuga y arroja el mal a través
de su ministro y de su cuerpo, la Iglesia. El exorcista debe
estar autorizado por la Iglesia, porque ella es quien le
capacita para realizar la obra de Cristo en nombre de
Cristo. El realiza el exorcismo en compañía de otros
miembros de la Iglesia santa, que se unen a sus oraciones,
recordando que donde están dos o tres unidos en nombre de
Cristo, allí tienen la promesa de que Cristo mismo está
presente en medio de ellos de Manera particularmente eficaz.
Sólo esta presencia curadora suya garantiza el éxito del
exorcismo.

1.
EXORCISMO COMO ORACIÓN
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El exorcismo es una oración dirigida a Dios a fin de que
arroje o rechace a los demonios o a los espíritus malos de
las personas, lugares o cosas que están o se consideran
poseídas o infestadas por aquellos que están en peligro de
convertirse en víctimas o instrumentos de su maldad2. En la
realización de un exorcismo es la Iglesia la que ora a través
del instrumento del exorcista, de suerte que la eficacia del
rito puede compararse a un sacramental. La fe y la
integridad personal del exorcista, según se desprende
claramente de los mismos evangelios (Mc 3,14ss; cf Mt 10,1),
desempeñan un importante papel en el buen éxito, del
exorcismo. Por eso la Iglesia es particularmente cauta al
autorizar a los clérigos que han recibido el poder de
exorcizar a poner en práctica tal potestad. No hablamos aquí
obviamente de los exorcismos practicados durante el rito del
bautismo, sino de los que parecen postulados por una posesión
diabólica verosímilmente auténtica.

2.
EXORCISMO COMO SIGNO
La
base de una teología del exorcismo es el testimonio del NT
sobre el conflicto entre Cristo y las fuerzas del mal y su
victoria sobre ellas. Cristo mismo proclamó con las
palabras y con los hechos tal victoria (cf Lc 11,20; Jn
12,31). Concedió a los Doce la autoridad y el poder de
arrojar a los demonios (Mc 3,14ss; cf Mt 10,1), y todos
"los que creen" comparten tal poder (Mc 18,17; Lc
10,17-19). Un signo continuo de la redención del hombre es
la pérdida del poder por parte de Satanás (1 Jn 5,18). Tal
era la convicción de los Padres, de Tertuliano, de Hilarlo
de Poitiers, así como de las escuelas medievales, incluido
santo Tomás de Aquino (S. Th. II-II, q. 90, a. 2).

3.
EXORCISMO E IGLESIA
La
Iglesia reconoce la posibilidad de la posesión diabólica y
regula el modo de tratarla. El código de derecho canónico
permite a los ministros autorizados (exorcistas) realizar
exorcismos solemnes no solamente en los fieles, sino también
en no católicos y en excomulgados. El Ritual romano
contiene un rito solemne para el exorcismo. Tal rito sólo
puede realizarse con permiso especial del Ordinario, el cual
lo concede sólo a sacerdotes insignes por la piedad y la
prudencia. Esto supone que quienes reciben el poder de
expulsar de los demás a los espíritus malos deben haber
conseguido antes personalmente la victoria sobre sus
tentaciones.

4.
EXORCISMO Y PSICOLOGÍA
Aunque
la psiquiatría ha demostrado que la actividad del
subconsciente explica muchos, por no decir la mayor parte,
de los fenómenos anormales que las generaciones pasadas
atribuían a la actividad diabólica, no pretende por ello
explicar de manera completa tales fenómenos. Está en
condiciones de dar sólo la explicación psicológica. Aun
suponiendo que tal explicación sea la correcta en un
determinado caso, se trata siempre de una explicación dada
dentro de los límites de la ciencia. No excluye de por sí
la causalidad concomitante, que podría ser ejercida por
elementos que no son objeto de la ciencia psiquiátrica.
Algunos
de los que han trabajado con criminales dementes, aun
aceptando como válida la explicación que da el psiquiatra
de un caso, permanecen abiertos a la posibilidad de lo diabólico
como causa concomitante, aunque no se la pueda establecer
con certeza en algún caso particular. Por ejemplo, es
posible admitir el punto de vista de que Satanás es una
indicación del modo como la mente humana hace frente al
problema del mal y, al mismo tiempo, creer que una criatura
como Satanás existe realmente.

5.
CRITERIOS QUE JUSTIFICAN UN EXORCISMO
El
Ritual romano invita al exorcista a no apresurarse a creer
que se encuentra frente a una verdadera posesión diabólica.
Da algunas indicaciones referentes a los signos
de la posesión, aunque está claro que ninguno de
ellos, tomado particularmente, es suficiente para este fin.
Los principales signos son hablar una lengua desconocida,
una fuerza física extraordinaria y el conocimiento de cosas
distantes o secretas. Junto a los signos de posesión,
consistentes en facultades especiales del cuerpo y de la
mente, hay que esperar también una atmósfera general
malsana, que a veces puede percibirse casi físicamente. Sir
Ivone Kirkpatrick, en sus memorias relativas al tiempo
transcurrido en la embajada de Berlín (1937-1938), escribió
de Hitler: "Parecía envuelto en un aura tan despiadada
y perversa, que se tenía una sensación de opresión y casi
de pesadilla cuando se sentaba uno con él en la misma
habitación". Y sigue diciendo que sintió la necesidad
de pedir no ser asignado como traductor durante uno de los
últimos encuentros que Chamberlain tuvo con Hitler, a causa
de la repugnancia física que sentía`.
Según
Joseph Crehan, SJ, que ha estudiado con detalle el fenómeno
de la posesión y que fue el observador católico en la
comisión sobre el exorcismo del obispo de Exeter, el diagnóstico
resulta difícil cuando hay que hacerse un juicio basado en
probabilidades convergentes. La costumbre de algunos teólogos
de presentar una serie de fenómenos como si admitieran sólo
explicaciones alternas no vale, según él, cuando se trata,
en realidad, de situaciones que pueden admitir una u otra
explicación. Así decir que los exorcismos realizados por
Cristo en los evangelios revelan el poder del amor de Dios
de curar, es cierto; pero ¿qué revelan además de eso? ¿Es
eso todo lo que intentan decirnos? Análogamente, no admitir
la posibilidad de la posesión diabólica por el hecho de
haber en los asuntos humanos interferencias provenientes de
las almas de los muertos, hombres o mujeres, pero no de espíritus
malos, que jamás han sido seres humanos, significa aplicar
el esquema alternativo sin utilidad.
En
los casos de pseudoposesión, el exorcismo puede
efectivamente poner remedio a la creencia de la víctima de
estar poseída, pero puede también inducir a descuidar las
precauciones y el tratamiento médico necesario.
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(2)
El exorcista es el que expulsa los espíritus malos de una
persona poseída, conjurándolos, en nombre de un espíritu
más poderoso, a que se vayan. El término proviene de la
palabra griega que significa "conjurar" verbo
empleado por Mateo en el sentido jurídico de inducir a uno
a testimoniar bajo juramento (20.83).
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