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1.
EL FENÓMENO PREBÍBLICO Y POSBÍBLICO
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La Biblia no ha "inventado" la noción de espíritus
benévolos y malignos. La Iglesia, al hablar de los ángeles,
de los demonios y del diablo, representa la interpretación
desde la fe de la experiencia natural de una variedad de
principados y de potestades sobrenaturales. Los datos de la
historia comparada de las religiones muestran que esta
experiencia natural no se restringe a la tradición
judeocristiana. La enseñanza de la Escritura y de la
revelación sobre este punto parece basarse más bien en el
supuesto natural de la experiencia humana, que la Escritura
incorpora y corrige críticamente en el marco de la doctrina
de la liberación del hombre de todos los "principados
y potestades", llevada a cabo por Cristo.

2.
INTERPRETACIONES DIVERSAS DEL FENÓMENO
El
reciente redescubrimiento del mundo de los espíritus por el
mundo secular ha forzado a los teólogos a salir de su
silencio posconciliar sobre esta materia. La manía del
ocultismo, los progresos de la parapsicología, las
discusiones a propósito de una forma de vida inteligente
existente en otros planetas, las experiencias psíquicas de
la cultura de la droga, la reviviscencia de la astrología,
la fascinación de las religiones, de la meditación y del
misticismo oriental han revitalizado la cuestión de los espíritus,
de los ángeles y de los diablos.
La
gente puede pensar en
muchas cosas cuando dice "Satanás"; cosas
dispares y opuestas entre sí. Se piense lo que se quiera
sobre la posibilidad de la posesión diabólica, la afirmación
de la madre de la víctima en El exorcista es
memorable: No creo en Dios, pero creo en Satanás. Induce a
pensar que para muchos es más fácil creer en Satanás que
en Dios.
Para
la tradición judeocristiana, Dios es el Señor
de la historia, pero la historia es tal que, para
quienes no tienen fe ni esperanza, el "Dios" que
ella revela puede ser Satanás. En lugar de ser historia de
la salvación, es para ellos historia de condenación. Las
guerras, las enfermedades, las carestías, los cataclismos y
la muerte les revelan una deidad cruel y satánica y les
convencen de que no existe ningún Dios. Bajo este aspecto,
Satanás puede ser su "Dios", el absurdo último y
absoluto, que se esconde tras el universo.
Para
los que desesperan de encontrar un sentido, un amor y una
bondad últimos en lo que se presenta como una existencia
repleta de pesadillas y absurda, Satanás es el amo lógico
de este mundo. En este caso el mal puede aparecer no sólo
como la falta de algo, sino como un agente efectivo, como un
ser vivo y espiritual, pervertido y pervertidor, como una
realidad terrorífica y misteriosa, contraria a todo lo que
se ha encarnado y revelado en el Logos de la creación, en
Cristo Jesús.
Para
otros, Satanás puede ser una deidad con la que se pueden
hacer buenos negocios sobre la base de
mi-alma-por-algo-mejor. Existe también el Satanás
"compañero de juego" para el que va en busca de
lo sensacional, criaturas aburridas en una cultura de la
diversión. Ninguno de estos "Satanás"
corresponde a la realidad afirmada en la tradición de la
Iglesia y de la Escritura.

3.
INTERPRETACIONES DIVERSAS POR PARTE DE LOS CRISTIANOS
Aunque
la Iglesia ha expresado su fe en la existencia del diablo,
de los diablos y de los ángeles, los biblistas no han
resuelto todavía plenamente el problema de lo que quieren
decir todos los textos bíblicos que mencionan a esos seres.
Ni tampoco los teólogos han conseguido algo que pueda
llamarse un consenso a propósito de las dimensiones poliédricas
de lo satánico y lo demoníaco.
Por
ejemplo, el libro El diablo: su existencia corno problema,
de H. Haag, es un desafío a las creencias tradicionales en
la existencia del diablo y de los demonios. Haag admite que
su postura contrasta con la del magisterio, pero estima que,
al fin, será universalmente aceptada. Haag sostiene que
para Jesús y para sus contemporáneos no existe conexión
alguna entre Satanás y los demonios de la enfermedad; por
consiguiente, que Jesús expulse los demonios de la
enfermedad no implica ningún enfrentamiento entre él y el
poder de Satanás.
En
cambio, Josef Schmid, en su comentario a la expulsión de
los demonios de la enfermedad por parte de Cristo, afirma
que el contexto básico para entenderla de modo justo es la
lucha entre Satanás y el reino de Dios. Los demonios no son
solamente una multitud de espíritus siniestros que operan
el mal en el mundo, sino que en la enseñanza de esús
representan un reino compacto, cuya cabeza es Satanás (Mc
3,23: Lc 10,17-20; 13.11-17).
S.
V. McCasland, en su libro By the Finger of God (MacMillan,
Nueva York 1951), afirma que la diferencia entre la concepción
antigua de la posesión demoníaca y la concepción moderna
de la enfermedad mental es en gran parte sólo una
diferencia de terminología. Aunque hoy a la posesión diabólica
se la llama neurosis o psicosis, la curación sigue siendo
la misma: sugestión. El endemoniado de la región de Gerasa
es lo que la psicología llama un maníaco depresivo. En
casos semejantes, según McCasland, la sugestión procura un
alivio temporal, pero trata más bien los síntomas que la
causa.

Adolf
Redewyk, SJ, polemiza contra quienes estiman que los
exorcismos de Jesús son simplemente una adaptación a las
creencias comunes del tiempo y no realmente expulsiones de
espíritus malos, y sostiene que existe una gran diferencia
entre el hecho de haberse Cristo adaptado a una concepción
errónea en el campo de las ciencias naturales y entre el de
haberlo hecho en el campo religioso. Jesús no consideró
tarea suya instruir a los hombres sobre temas puramente
naturales de las ciencias de la naturaleza... El vino a
amaestrarlos en el campo de la religión. Vino a destruir
las obras del diablo. Satanás ha tenido éxito porque ha
trabajado verdaderamente de manera subterránea y
fraudulenta... Sobre este punto, afirma Rodewyk, Cristo no
podía dejar a los hombres en la confusión y la ignorancia.
Era oportuno que hablase y obrase de manera clara.
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(*)
Elites intelectuales "respetables" han orquestado
ideologías que han reducido a esclavitud a millares de
personas en los campos de concentración; han favorecido el
terrorismo para conseguir sus propios fines.
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