IV. La fenomenología de lo demoníaco


1. EL FENÓMENO PREBÍBLICO Y POSBÍBLICO

- La Biblia no ha "inventado" la noción de espíritus benévolos y malignos. La Iglesia, al hablar de los ángeles, de los demonios y del diablo, representa la interpretación desde la fe de la experiencia natural de una variedad de principados y de potestades sobrenaturales. Los datos de la historia comparada de las religiones muestran que esta experiencia natural no se restringe a la tradición judeocristiana. La enseñanza de la Escritura y de la revelación sobre este punto parece basarse más bien en el supuesto natural de la experiencia humana, que la Escritura incorpora y corrige críticamente en el marco de la doctrina de la liberación del hombre de todos los "principados y potestades", llevada a cabo por Cristo.

2. INTERPRETACIONES DIVERSAS DEL FENÓMENO 

El reciente redescubrimiento del mundo de los espíritus por el mundo secular ha forzado a los teólogos a salir de su silencio posconciliar sobre esta materia. La manía del ocultismo, los progresos de la parapsicología, las discusiones a propósito de una forma de vida inteligente existente en otros planetas, las experiencias psíquicas de la cultura de la droga, la reviviscencia de la astrología, la fascinación de las religiones, de la meditación y del misticismo oriental han revitalizado la cuestión de los espíritus, de los ángeles y de los diablos.

La gente puede pensar en muchas cosas cuando dice "Satanás"; cosas dispares y opuestas entre sí. Se piense lo que se quiera sobre la posibilidad de la posesión diabólica, la afirmación de la madre de la víctima en El exorcista es memorable: No creo en Dios, pero creo en Satanás. Induce a pensar que para muchos es más fácil creer en Satanás que en Dios.

Para la tradición judeocristiana, Dios es el Señor de la historia, pero la historia es tal que, para quienes no tienen fe ni esperanza, el "Dios" que ella revela puede ser Satanás. En lugar de ser historia de la salvación, es para ellos historia de condenación. Las guerras, las enfermedades, las carestías, los cataclismos y la muerte les revelan una deidad cruel y satánica y les convencen de que no existe ningún Dios. Bajo este aspecto, Satanás puede ser su "Dios", el absurdo último y absoluto, que se esconde tras el universo.

Para los que desesperan de encontrar un sentido, un amor y una bondad últimos en lo que se presenta como una existencia repleta de pesadillas y absurda, Satanás es el amo lógico de este mundo. En este caso el mal puede aparecer no sólo como la falta de algo, sino como un agente efectivo, como un ser vivo y espiritual, pervertido y pervertidor, como una realidad terrorífica y misteriosa, contraria a todo lo que se ha encarnado y revelado en el Logos de la creación, en Cristo Jesús.

Para otros, Satanás puede ser una deidad con la que se pueden hacer buenos negocios sobre la base de mi-alma-por-algo-mejor. Existe también el Satanás "compañero de juego" para el que va en busca de lo sensacional, criaturas aburridas en una cultura de la diversión. Ninguno de estos "Satanás" corresponde a la realidad afirmada en la tradición de la Iglesia y de la Escritura.

3. INTERPRETACIONES DIVERSAS POR PARTE DE LOS CRISTIANOS 

Aunque la Iglesia ha expresado su fe en la existencia del diablo, de los diablos y de los ángeles, los biblistas no han resuelto todavía plenamente el problema de lo que quieren decir todos los textos bíblicos que mencionan a esos seres. Ni tampoco los teólogos han conseguido algo que pueda llamarse un consenso a propósito de las dimensiones poliédricas de lo satánico y lo demoníaco.

Por ejemplo, el libro El diablo: su existencia corno problema, de H. Haag, es un desafío a las creencias tradicionales en la existencia del diablo y de los demonios. Haag admite que su postura contrasta con la del magisterio, pero estima que, al fin, será universalmente aceptada. Haag sostiene que para Jesús y para sus contemporáneos no existe conexión alguna entre Satanás y los demonios de la enfermedad; por consiguiente, que Jesús expulse los demonios de la enfermedad no implica ningún enfrentamiento entre él y el poder de Satanás.

En cambio, Josef Schmid, en su comentario a la expulsión de los demonios de la enfermedad por parte de Cristo, afirma que el contexto básico para entenderla de modo justo es la lucha entre Satanás y el reino de Dios. Los demonios no son solamente una multitud de espíritus siniestros que operan el mal en el mundo, sino que en la enseñanza de esús representan un reino compacto, cuya cabeza es Satanás (Mc 3,23: Lc 10,17-20; 13.11-17).

S. V. McCasland, en su libro By the Finger of God (MacMillan, Nueva York 1951), afirma que la diferencia entre la concepción antigua de la posesión demoníaca y la concepción moderna de la enfermedad mental es en gran parte sólo una diferencia de terminología. Aunque hoy a la posesión diabólica se la llama neurosis o psicosis, la curación sigue siendo la misma: sugestión. El endemoniado de la región de Gerasa es lo que la psicología llama un maníaco depresivo. En casos semejantes, según McCasland, la sugestión procura un alivio temporal, pero trata más bien los síntomas que la causa.

Adolf Redewyk, SJ, polemiza contra quienes estiman que los exorcismos de Jesús son simplemente una adaptación a las creencias comunes del tiempo y no realmente expulsiones de espíritus malos, y sostiene que existe una gran diferencia entre el hecho de haberse Cristo adaptado a una concepción errónea en el campo de las ciencias naturales y entre el de haberlo hecho en el campo religioso. Jesús no consideró tarea suya instruir a los hombres sobre temas puramente naturales de las ciencias de la naturaleza... El vino a amaestrarlos en el campo de la religión. Vino a destruir las obras del diablo. Satanás ha tenido éxito porque ha trabajado verdaderamente de manera subterránea y fraudulenta... Sobre este punto, afirma Rodewyk, Cristo no podía dejar a los hombres en la confusión y la ignorancia. Era oportuno que hablase y obrase de manera clara.

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(*) Elites intelectuales "respetables" han orquestado ideologías que han reducido a esclavitud a millares de personas en los campos de concentración; han favorecido el terrorismo para conseguir sus propios fines.