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Bien declarado Patrimonio de la humanidad. Un prestigio con obligaciones.

El medio físico, apuntes geomorfológicos para un lienzo prehistórico.

El entorno inmediato arqueológico.

Descripción de las pinturas, nuevos datos, destrucciones y alteraciones.

Conclusiones.

Bibliografía.

Enlaces

 

 

 

 

Las pinturas, tiempo, culturas y yacimiento arqueológico:

Eiroa, atendiendo a las tipologías estilísticas, atribuyó las pinturas a la Fase 2 de Beltrán, (epipaleolítica o mesolítica, 6000-3500 a. De C.), o a la correspondiente Fase primera de Ripoll. (Eiroa, 1983, p.142)
A. Beltrán al referirse a ellas apunta los diferentes matices y distintos estilos que poseen dentro del naturalismo. “Las figuras más antiguas, con dos patas por cada par, corresponden a nuestra fase III, cerca de los ciervos de Calapatá y del Grande de Val del Charco.” (Beltrán, 1993, p.116)
Desde que a principios del pasado siglo XX, se descubriera el primer conjunto pintado de Roca dels Moros de Calapatá (Cretas, Teruel) por Juan Cabré, la búsqueda de una atribución estilística, cronológica y cultural ha centrado el debate de los prehistoriadores.

 

 Los más de cien años transcurridos, nuevos descubrimientos, y trabajos de investigación han permitido que tales interpretaciones hayan sido numerosas y variadas.
 No creemos que sea este el lugar donde detallarlas todas.
 Únicamente intentaremos plasmar algunos apuntes sobre las hipótesis del estudio prehistórico que en la actualidad puedan incidir sobre el abrigo objeto de estas líneas.
Como señala recientemente Bernat Martí Oliver, al enfrentarnos a la interpretación que se ha hecho sobre el Arte Levantino, existen dos constantes que se repiten desde el comienzo de las investigaciones “considerar que estas pinturas rupestres, por su carácter narrativo, podían estudiarse y comprenderse por sí mismas, lo que era básico para las distintas hipótesis evolutivas y cronológicas que se limitaban a considerar exclusivamente el significado y la forma de las pinturas” y la de entender como “algo evidente y que no requiere justificación [...] el término epipaleolítico aplicado a sus orígenes”. (Martí, 2003, p.70)
Mientras el nivel de análisis continuara en el camino de la primera constante, se primara la interpretación de las figuras animales y humanas asociándolas a escenas de caza, y se considerara que las escenas ligadas a los primeros agricultores y ganaderos como ejemplos de la larga evolución cronológica de este arte, las hipótesis sobre el origen, la pertenencia a un mundo de cazadores y al periodo cronológico y cultural epipaleolítico no podrían ponerse en duda, pero parece que no era tan sólida esta base.
Ha sido por otras vías por las que se han obtenido otros resultados, destacando el establecimiento de paralelos con el arte mueble localizado en yacimientos, en algunas ocasiones situados al pie de las pinturas, que aportarían una cronología “absoluta” (aunque matizable en el estado actual de los conocimientos según algunos investigadores, como apunta Anna Alonso (Alonso, 1999, p.102), puesto que el único caso de superposición física de estratos arqueológicos sobre pinturas levantinas se da en el yacimiento de Cocina ) y el estudio de las superposiciones entre ellas y sus diferentes estilos, que les aportan una cronología relativa.
La constatación arqueológica de un Arte Lineal-Geométrico mueble en un contexto arqueológico epipaleolítico inmediatamente precerámico por el prehistoriador J. Fortea, cuyos paralelos rupestres eran las pinturas más antiguas de los abrigos de la Sarga de Alcoi, de la Araña y Cantos de la Visera, hacía que el horizonte inicial del Arte Levantino correspondiera con los inicios del neolítico en la zona costera mediterránea.
El descubrimiento posterior del arte parietal y mueble Macroesquemático por Hernández y el Centre d’Estudis Contestans fechado en el neolítico antiguo, supuso la revisión en la atribución de esas primeras pinturas (sobre las que se superponían ejemplos de Arte Levantino) de la Sarga de Alcoi, y puso la base de la secuencia cronológica: Arte Macroesquemático, Arte Levantino y un Arte Esquemático que abarcaría el periodo desde el neolítico antiguo hasta la edad del Bronce. (Martí, 2003, p.71)
Hasta aquí, en lo cronológico, un sector de los investigadores parecen de acuerdo. Será a partir del quinto milenio a.C. para gran parte del oriente peninsular, cuando habría que fechar el comienzo de la plasmación del Arte Levantino. Pero también hay quien sostiene que el principio debería situarse en el octavo milenio y sus etapas finales en el quinto (Alonso, 1999, p.102)
Por lo que respecta a la atribución cultural (socio-económica)  que se da a los autores materiales de ese arte, no ha dejado de lado las dos constantes citadas anteriormente. Por un lado el carácter narrativo de las pinturas y por otro la tradición epipaleolítica, al señalar en territorios, entre los que se incluye el actual Aragón, un proceso de neolitización de los grupos cazadores-recolectores, lo que plantea una dualidad cultural para referirse al contexto arqueológico del arte rupestre, la de nuevos grupos neolíticos y los descendientes de poblaciones epipaleolíticas, que a la postre pueden llevar entre los defensores de esta dualidad y los que sostienen como realizadores de ellas sólo a los grupos neolíticos, a conclusiones bastante diferentes a la hora de explicar la perduración o la creación de estilos pictóricos de acuerdo al tipo de interacción de esas culturas, las motivaciones que les llevaron a hacerlas y su repercusión, por ejemplo, en la estructura mental del territorio físico.

 

Pilar Utrilla y Mª José calvo señalan dos áreas atendiendo a la situación de yacimientos neolíticos y abrigos pintados en Aragón (Utrilla, Calvo, 1999, p.65):

- Zona de Sierras exteriores oscenses, con dominio de estilo seminaturalista y esquemático, aunque con ejemplos de levantino clásico.
 En ella, la mayoría de los yacimientos arqueológicos, a cuyos ocupadores se les podría atribuir la realización de las pinturas de la zona, se pueden definir como neolíticos “puros” (es decir ocupaciones ex novo neolíticas con actividad económica propia de ese periodo).
- Zona del Bajo Aragón (Guadalope y Matarraña) con predominio del Arte Levantino clásico. La mayoría de yacimientos, muestran destacada ocupación epipaleolítica geométrica, que aporta en sus niveles más recientes la presencia de elementos materiales de la cultura neolítica, pero no así un testimonio claro de las actividades económicas propias de ésta última (agricultura) aunque sí su cronología. La interpretación como un arte narrativo de cazadores encajaría bien con el sistema económico que aparece atestiguado en los yacimientos citados.
Los dos estilos definirían dos culturas o sistemas socio-económicos diferentes, un arte narrativo de pueblos cazadores frente aun arte simbólico, mágico religioso de pueblos agricultores. (Utrilla,2000,p.84)(Utrilla, 2002, p.193)
 El Arte Levantino clásico (estilos naturalistas y estilizados de Beltrán y Ripoll) aparece así asociado a yacimientos neolíticos con tradición de epipaleolítico geométrico (Utrilla, Calvo, 1999, p.63) (argumento justificado principalmente con el yacimiento y pinturas de Secans en el Matarraña, y con menor caso en el Arenal de Fonseca (Ladruñán) y con el que es tarea de esta página en el Guadalope, aunque ciertamente, falto de un estudio analítico en profundidad, y por ello carente de conclusiones firmes sobre las que trabajar)
Ampliando las hipótesis, V. Baldellou y P. Utrilla en otro trabajo, argumentan la posibilidad que, a partir de la diferenciación del tipo de yacimientos que hemos comentado y de la mayor o menor presencia cuantitativa de los estilos pictóricos en cada una de las dos zonas, se puede inferir la perduración del Arte Levantino. Así: “lo levantino empieza a desaparecer a medida que avanza la implantación del Neolítico “pleno”, escaseando en los ámbitos en los que ésta es temprana (Alto Aragón) y manteniéndose en vigor durante más tiempo en los parajes en los que su introducción es más tardía o su naturaleza se corresponde con lo que conocemos como “aculturación” (Bajo Aragón). Es decir, el Neolítico “pleno” acabaría con el Arte Levantino e implicaría la prevalencia del arte esquemático, en tanto que el neolítico “aculturado” no colapsaría el desarrollo del primero y restringiría notablemente la expansión del segundo. (Baldellou, Utrilla, 1999, 35-36).
Bernat Martí no se muestra en algunos puntos conforme con ello, para él, este proceso de aculturación no puede explicar y generalizarse a la geografía completa de dispersión del Arte Levantino al Este peninsular, cosa que sí ocurriría con el de expansión de los grupos neolíticos por toda esa zona, como ejemplificarían las conclusiones de la Sarga y su territorio cultural, en la que se ha documentado una ocupación epipaleolítica reciente en la segunda mitad de VIII milenio BP, al que sucede a partir del segundo tercio del VII, otra distinta propia del neolítico antiguo. Desde el momento de la implantación cardial, pasará a ser territorio de una sola tradición cultural, la neolítica, de modo que las pinturas levantinas superpuestas a las pintadas en el neolítico antiguo, no pueden atribuirse a un poblamiento epipaleolítico. (Martí, 2003, p.71-72)
Así, argumenta que ellos serían los autores y destinatarios del arte, que pudiera o no incluir al grupo anterior, explicando en mejor medida su adscripción cultural.
Como apunta Martí estas pinturas “tal vez describan su mundo ideal, o pudieron servir como indicador territorial, señal de paso o ruta de migración, lugar de encuentro, medio de intercambio de información, como una práctica relacionada con la consolidación de redes sociales y de matrimonio, o como santuario” (Martí, 2003, p.73)