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Inicio.
Bien declarado
Patrimonio de la humanidad. Un prestigio con obligaciones.
El medio físico, apuntes
geomorfológicos para un lienzo prehistórico.
El entorno inmediato arqueológico.
Las pinturas, tiempo, culturas y yacimiento arqueológico.
Conclusiones.
Bibliografía.
Enlaces |

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Descripción de las pinturas, destrucciones y
alteraciones:
Seguimos (entrecomillados) los comentarios y numeración
de las figuras hechos por Jorge Juan Eiroa en la publicación realizada a
finales de 1983 (Eiroa, 1983,138-140) y añadiremos alguno sobre su situación
actual, así como otras nuevas apreciaciones sobre ellas. |
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-Figura nº 1.
“Gran cérvido en posición estática, bastante naturalista, pintado en color
rojo oscuro y tinta plana, sin contorno grabado, repintado o especialmente
marcado. Mide 33 cms. de altura, desde el extremo de la cuerna derecha hasta
el de la pata delantera; 25 cms desde el pecho al rabo y 47 cms. desde el
extremos superior de la cuerna izquierda al de la pata derecha.
Presenta aspecto de piqueteado en diversas partes de la cabeza, lomo y
cuartos traseros. Tiene además siete rayas incisas que han dañado
considerablemente la roca de soporte de la pintura. La zona más afectada es
el pecho”.
Utilizaremos como referencia las fotografías y calco publicados en 1983 (Eiroa,
1983, 138-139), las hechas por Andrés Álvarez en 1984, las tomadas por
nosotros mismos en 1990, y las de la primavera de 2004.
Como señala Eiroa, los daños eran ya considerables cuando se descubrieron,
pero en estos veinte años, el proceso continua.
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Hoya de Navales cubierta por las aguas de le presa de Civán. |
Apuntamos dos factores, aunque pueden ser algo más
complejos: el primero es la necia actuación directa sobre las pinturas
(impactos, incisiones, fricciones) y el segundo, no menos preocupante, la
reactivación de procesos de disgregación en el interior del taffoni.
Aunque tampoco se puede descartar que haya sido la misma actividad humana
la que haya servido de catalizador del segundo, por ejemplo al rociar con
agua el interior de la oquedad para aumentar la visibilidad de las pinturas,
pensamos que ese efecto debería haberse manifestado con anterioridad a 1990,
pues es seguro que tales acciones se han realizado desde su descubrimiento,
y sin embargo los testimonios gráficos no lo muestran.
Más bien creemos que ha sido el cambio en el entorno natural que ha
supuesto la presencia continua de agua del inmediato embalse de Civán
construido en la década de los años ochenta del siglo pasado, el mayor del
río Guadalope con una capacidad de 81 hm3 y que anegó la inmediata Hoya de
Navales.
Curiosamente coincide el periodo de años de anegación efectiva, con el
desarrollo de la disgregación que veremos a continuación.
Resulta obvio, que a la hora de su proyecto y ejecución, jamás se tuvo en
cuenta los efectos que a medio y largo plazo tendría sobre las pinturas
rupestres, o si ellos tienen alguna relevancia frente a los beneficios de
tales obras. El término municipal de Caspe posee, sobrada experiencia en
esos efectos secundarios de los embalses sobre el patrimonio cultural y
humano, y de los que parece que nunca se obtienen consecuencias para
evitarlos. |
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Procesos de vandalismo:
-Antes de 1990, pérdida de pigmento en parte de la cabeza, zona del ojo y
parte del morro. Igualmente se amplía la zona de destrucción en el cuello,
uniéndose las lagunas anteriores.
Se puede apreciar en la secuencia de imágenes adjunta, las partes
desaparecidas entre 1983 y 1990, marcadas en rojo, teniendo como referencia
a la izquierda la imagen de 2004, que en esta zona no ha sufrido cambio
entre este año y 1990. |
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fotografía 2004 |
- Entre 1990 y 2004. Cuatro impactos muy recientes, seguramente causados en
el año 2003, se distribuyen de la siguiente manera: dos en la pata derecha
delantera que han hecho desaparecer prácticamente la totalidad de la pezuña
y gran parte de la extremidad bajo la rodilla.
Otro en los cuartos traseros que también ha hecho perder parte del pigmento
a la maltrecha zona, y por último un destrozo muy importante en la pezuña y
extremidad inferior de la pata izquierda trasera.
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fotografía 1990 |
Procesos de disgregación:
Sobre la zona del lomo, sobre todo entre las de 1990 y la actualidad,
creemos que se está desarrollando un proceso de meteorización por
descamación (Julián, 1995, 63), que consiste en la individualización de
láminas planas o curvas de la roca de reducidas dimensiones y espesor
milimétrico. Su génesis ha de ponerse en relación en primer lugar con la
cristalización e hidratación de sales (haloclastismo, proceso favorecido por
los mayores aportes de sales por el viento que ha supuesto la creación del
pantano). Humectación y secado, crioclastia, y procesos químicos como la
hidrólisis de minerales o la disolución de parte del cemento, pueden
completar esta evolución, a todas luces muy preocupante, puesto que ya no
sólo hablamos de pérdidas de pigmento, sino que es la misma base rocosa la
que está desapareciendo. |
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Otros comentarios:
Con respecto a lo mencionado por Eiroa sobre la no existencia de ningún
contorno grabado, repintado o especialmente marcado, dirigimos nuestra
atención a la zona de la cuerna. La izquierda muestra: luchadera,
contraluchadera, una punta y corona. Si atendemos al calco de 1983, ésta
última, tenía tres puntas, izquierda simple, central bifurcada, y de la
derecha surgían tres astiles. Las fotografías de 1984, 1990 y 2004 (y
creemos también que la de 1983) nos evidencian una serie de trazos de un
color mucho más oscuro que la pintura, casi negro, que enfatizan, e incluso
redibujan respecto al calco algunos contornos. En concreto, la punta antes
bifurcada, y de la que surgían los astiles, quedan ahora delimitadas por
esos trazos negros, que las convierten en simples. |
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Bien pudiera tratarse de un error en el proceso de calcado o en su
plasmación en tinta a tenor de las instantáneas. En todo caso tales líneas
se realizaron con posterioridad a la pintura.
Destacamos también que en la cuerna derecha este investigador olvidó plasmar
la luchadera, así como la corona, que aunque muy perdida y en parte cubierta
por líquenes, también parece continuar tras la fractura de la roca que
recorre parte de la bóveda del taffoni.
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-Figura nº 2.
“Cierva en posición estática y menos naturalista que el ciervo anterior,
con apariencia de gravidez. Tiene el contorno del cuerpo más marcado que el
interior, en color algo más claro. Mide 14 cms. desde el pecho al rabo; 13,5
cms. de altura desde el lomo al extremo de la pata posterior izquierda. Está
separa 7 cms. del ciervo número 1, en sus puntos más próximos.
La figura está dañada por la acción del piqueteo en el centro del cuerpo, y
rayada con cinco líneas paralelas de arriba abajo, así como con una cruz en
el lomo. El morro y una oreja toman contacto con el ciervo número 3,
existiendo superposición de la cuerna de éste sobre la oreja de la cierva.
El cuello aparece más alargado de lo habitual, intentando ofrecer al
espectador una perspectiva equilibrada, al amoldarse a la curvatura de la
roca base. Sin embargo, la cabeza, las patas delanteras y sobre todo, las
orejas, aparecen toscamente elaboradas, en contraste con los cuartos
traseros. Toda la figura está elaborada en tinta plana con el contorno
delimitado con trazos de tonalidad algo más fuerte”.
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Como muestra la fotografía, pensamos que una parte de la
zona ventral interna y la dorsal nunca fueron pintadas, por lo que
disentimos del parecer de Eiroa en la descripción e interpretación hecha en
el calco. Se asemejaría a la técnica que A. Beltrán denominó perfiles con
modelado en la cabeza, el cuello, pecho y patas en el cercano yacimiento de
Val del Charco del Agua Amarga (Alcañiz, Teruel), y más concretamente en la
cierva nº 63, y las cabras nº 7 y 57. (Royo, Benavente, 1999, p. 61)
Parece que la conservación es buena en la actualidad, sin que se observen
pérdidas de pigmento ni nuevos impactos. Únicamente comentar que las cinco
líneas incisas paralelas son seis y perpendiculares a ellas existen
incisiones en sus extremos que cierran el conjunto formando un rectángulo
enrejado, cosa que también se aprecia en la fotografía de 1983. Por la
pátina de las incisiones, no creemos que hayan sido realizadas hace poco
tiempo. |
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-Figura nº 3.
“Cabeza, cuello y parte del pecho de un cérvido que aparece dividido en dos
a la altura del morro, por una grieta de la cornisa del abrigo, apunto de
desprenderse. Parte de la cabeza ha debido perderse al producirse la grieta.
Es de color rojo oscuro como el ciervo número 1. Pese a la pérdida de parte
de la cabeza, tiene el mismo aspecto naturalista que aquél”.
En primer lugar, destacaremos el sitio donde se pintó esta figura, que se
sitúa en la parte superior izquierda del taffoni . La parte externa de la
oquedad, lógicamente, oculta a la vista directa desde fuera del abrigo la
mayoría de ella, salvo parte de la cuerna. Es necesario hacer descender
nuestro punto de vista y girar la orientación de la mirada respecto al resto
de figuras para poder apreciarla.
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El autor representó la cuerna derecha (desde el punto de
vista del espectador) con luchadera y contraluchadera, una punta y corona
con cinco astiles.
Adaptándose a este singular fondo, parece que intentó forzar la perspectiva
de la cuerna izquierda, de forma que puede interpretarse una visión frontal
que lleva a luchadera y contraluchadera al lado izquierdo del palo de la
cuerna, y a representar los astiles (en este caso también cinco, pero con
una de ellos bifurcado) de la corona en el lado derecho.
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Un examen más detenido nos lleva a plantear la existencia
de algo más que el calco realizado por Eiroa. Como vemos hay más pintura en
torno a los límites planteados por la publicación, y es más, pensamos que
hay una superposición a la altura del cuello y pecho sobre una pintura
anterior.
Si destacamos los restos no publicados, vemos, que aunque muy alterados,
aparecen algunos contornos de difícil interpretación, aunque la anomalía que
supone la extraña distribución de los apéndices de esa cornamenta izquierda
puede ser una pista, y apuntar la existencia de otro ciervo anterior cuya
cabeza se orientaría en dirección contraria a la del que se le superpone. |
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-Figura nº 4.
“Contorno de cuello y parte de los cuartos traseros de una posible cierva
de menor tamaño que la número 2. Aparece muy desdibujada y seguramente ha
sufrido daños por el piqueteo de la piedra base, desprendiéndose parte de
ella . Está afectada también por una pequeña oquedad de la roca en la parte
superior, cerca de las patas delanteras del ciervo número 1. Inmediatamente
de los cuartos traseros de este animal aparecen unas líneas fuertemente
incisas, semejantes a letras de difícil identificación, que tal vez sea un
intento de alguien que ha pretendido torpemente grabar su nombre en la roca.
Dadas las dimensiones de la figura, sensiblemente inferiores a las del resto
de los animales del conjunto, parece posible que hubiera superposición de la
cierva número 2 sobre parte de su cabeza, a la inversa. No ha sido posible,
dado el mal estado de conservación, aclarar esta cuestión.
Está pintada en el mismo color que los ciervos 1 y 3”.
No apreciamos en todo esas alteraciones que comenta Eiroa, el piqueteo
afecta a los cuartos traseros pintados, no parece mostrar desprendimiento
alguno de la roca base, y la oquedad es anterior a la decoración.
Por un motivo que desconocemos no se terminó la figura, cuello y lomo quedan
insinuados por una línea, así como la zona ventral.
Cabeza y patas delanteras nunca se realizaron. Por ello tampoco compartimos
la posibilidad de superposición con la figura 2. Tampoco resulta fácil
atribuir el sexo del animal.
La conservación de la figura a lo largo de estos años es buena. |
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-Figura nº 5.
“Manchas de una posible figura humana, tal vez de un arquero muy
deteriorado del que aún se podrían apreciar algunos detalles, como el arco
cruzado. Dadas las condiciones de degradación de esta figura, es muy difícil
aventurar su identificación, aunque pudo haber sido un cazador en plena
actividad cinegética. La coloración es la misma que la figura número 1”
Realmente resulta del todo aventurado interpretar esta figura o figuras.
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En primer lugar vamos a intentar diferenciar entre
aquellas partes que aún conservan la pintura y aquellas otras en las que un
tenue matiz, únicamente destacable por presentar contornos límite frente al
color de la roca base, nos indican que tal vez estuvieron pintadas, no sin
riesgo de equivocarnos.
Entre las primeras, se destacan un conjunto, que pudieran corresponder con
ese “arquero” que aparecería corriendo hacia la parte posterior del ciervo
número 1. Sólo el contorno y relleno de la pierna izquierda se conservarían
en relativo buen estado, el tronco, cabeza y brazos quedan a la
interpretación que se haga de las manchas que permanecen. En todo caso, sí
que apuntamos la existencia de un trazo oblicuo a la izquierda de la figura
que no representó Eiroa en el calco, y que nos plantearía la hipótesis de
que, admitiendo la interpretación dada a la figura, se tratara del arco.
Descartamos que los trazos curvos inferiores sean ese arma.
Por debajo, muy perdidos en gran parte, aunque con zonas se aprecia
pigmento, destacamos algunas marcas que ya se mostraron en parte en el calco
de 1983. Tres trazos gruesos arqueados, el de la izquierda se distancia en
su orientación respecto a los dos contiguos, que muestran una cierta
tendencia concéntrica. En algún caso, sobre ellos parecen superponerse otros
orientados oblicuamente a los primeros y existir algunas otras manchas con
restos de pintura. Hacia la derecha y ya en contacto con la parte exterior
del taffoni los líquenes sobre la roca impiden apreciar nada más. |
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-Figura nº 6.
No se hizo mención en la publicación a la existencia en la parte cenital de
la bóveda del taffoni, sobre la cuerna del ciervo nº 1, de una zona
pintada en rojo.
Como ya hemos comentado para la figura número 3, esta situación impide la
visión directa desde el exterior, y sólo si introducimos la cabeza podremos
apreciarla.
El área que muestra un color más vivo, tiene un contorno más o menos
semicircular, con la parte convexa hacia el interior de la oquedad.
Se ha producido la caída de algunas placas de arenisca favorecida por la
gravedad y el desarrollo de líquenes que oscurecen la pintura y la roca.
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Con toda precaución, por situarse precisamente en parte
afectada por ese oscurecimiento, hemos destacado algunos trazos que parecen
haberse realizado intencionalmente.
Los elementos señalados en la figuras nº 5 y nº 6 de trazos curvos y área
semicircular, nos llevan a plantear la posibilidad de que este abrigo no
sólo cuente con pinturas atribuibles al Arte Levantino clásico. |
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