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Bien declarado Patrimonio de la humanidad. Un prestigio con obligaciones.

El medio físico, apuntes geomorfológicos para un lienzo prehistórico.

Descripción de las pinturas, nuevos datos, destrucciones y alteraciones.

Las pinturas, tiempo, culturas y yacimiento arqueológico.

Conclusiones.

Bibliografía.

Enlaces

El entorno inmediato arqueológico:

 

A escasos metros de las pinturas, al NW, a los pies del cordón arenisco, encontramos el yacimiento arqueológico homónimo.
En el momento de la investigación de Jorge Juan Eiroa, no fue advertido salvo por algunos restos de sílex dispersos (Eiroa, 1983, 142), pero años después, con el acondicionamiento de comunicaciones que acompañaron a la construcción de la presa de Civán, los desmontes para mejoras de caminos lo destruyeron en parte.
Una intervención de urgencia en 1990 nos permitió realizar dos sondeos.

El Corte I, a los mismos pies del paleocanal, mostró una ocupación del Bronce en su nivel b, compuesto por tierra cenicienta de textura fina y polvorienta, pocas piedras, con lentejones carbonosos, posibles restos de hogueras, materiales líticos y cerámicos, alcanza los 24 cm. de espesor.

 


Entre los materiales arqueológicos destacan: un puñalito de cobre de forma romboidal y varios restos cerámicos (bordes cóncavos y convexos y un fragmento con decoración de boquique) así como un lote de piezas líticas, varias de ellas utilizadas como elementos de hoz.(Álvarez, Bachiller, 1995).
El conjunto de niveles del Corte I se superpone sobre una base de grandes bloques de arenisca calcárea que no deben ser otra cosa que la caída de la visera del abrigo. Bajo ellos, posiblemente, se encuentren los niveles de ocupación que mostró la Cata 2.

 

Ladera abajo, y muy dificultada por otros grandes fragmentos rocosos también caídos en ese proceso evolutivo lateral de los paleocanales, se abrió el Corte II.

El conjunto de esta estratigrafía oscila entre 1,9 y 2,3 metros.
Un nivel superficial, bastante alterado, debe corresponder con el b del Corte I por sus restos.

 

En el nivel a1 el conjunto de materiales que aparecen es variado; entre los líticos: núcleos, raspadores y denticulados, entre los cerámicos: bordes rectos ligeramente abiertos, borde con ungulación y asidero de mamelones, vaso colador, tapadera, y fragmentos con decoraciones de cordones lisos y paralelos, lisos formando guirnaldas y perforaciones.
El nivel a2 aporta ya un trapecio abrupto, un triángulo escaleno con retoque en doble bisel y abrupto, microburiles, y núcleos. Les acompañan fragmentos de cuencos lisos.

 A continuación, con un espesor medio de 30 cm. y un color gris claro, con pocas piedras y abundante material lítico y cerámico encontramos el nivel b1. Reúne geométricos diversos: triángulos con retoque en doble bisel, media luna (doble bisel), segmento (doble bisel), trapecios (abrupto). Les acompañan raspadores, perforadores, buriles, puntas, raederas, láminas retocadas, denticulados, muescas, microburiles y núcleos. La cerámica está constituida por ejemplos de bordes rectos y restos decorados impresos, incisos, y cordones lisos formando círculos. Destaca la presencia de un fragmento de cristal de roca.

 

Prosiguen la secuencia b2 y b3 , niveles de color gris intenso, con una potencia conjunta entre 60 y 65 cm. (entre 14 y 30 para b3). En el primero encontramos un triángulo escaleno (doble bisel), triángulo isósceles (doble bisel), trapecio (abrupto), un microburil, un buril, raspadores, raederas, una pieza en T, perforador, denticulados, muescas, y núcleos. La cerámica con fragmentos de bordes rectos y de tapaderas, añade ejemplos con decoración cardial en forma de espiga, cordones lisos, y cordones con ungulaciones.
En el segundo se localizaron triángulos (doble bisel), trapecios (abrupto), microburiles, un buril, un perforador, un pico sobre lámina, raspadores, denticulados, muescas, y núcleos. Sólo un fragmento de asa de cinta y numerosas paredes sin decoración acompañan el conjunto. Destaca la presencia de una concha de cardium.
En todo caso, observamos que el porcentaje de las cerámicas decrece en profundidad, las lisas, con mamelones y rugosas de los niveles a dejan su puesto a las impresas, que van cediendo su lugar en profundidad a favor de las cardiales.

 

La serie de los niveles c están peor estudiados, ya que la cata quedó reducida en extensión a la mitad finalizando la excavación en el nivel b3. No obstante los niveles junto al camino quedaron claros al correlacionarlos con el corte avivado causado por las obras, cuya secuencia encaja perfectamente con lo descrito anteriormente. Con la precaución que nos obliga al haber trabajado en un área como la que señalamos, únicamente podemos constatar la ausencia de cerámica en los niveles:
- c1 nivel de transición, tierra más clara y granulosa que aporta un buril con muesca, lascas, microlascas y restos de talla. Espesor entre 10 y 15 cm.
- c2 nivel más claro y homogéneo de color marrón, espesor, entre 8 y 15 cm., junto con c3 (tierra amarillenta) finalizan la secuencia estratigráfica, lascas de mayor tamaño con respecto a lo conocido en los niveles superiores y escasa piezas tipológicas constituyen la mayoría de sus restos.(Álvarez, Melguizo,1994)
Así pues, el conjunto de los niveles b plantea la existencia de una importante ocupación neolítica. Bajo ellos, y peor conocidos se localizaron los niveles c, acerámicos y que son señal de una ocupación anterior, aunque de difícil atribución cultural.
Así como el Corte I ha sido objeto de publicación (Álvarez, Bachiller, 1995), por diversas circunstancias prolijas de enumerar, a las que estamos intentando poner remedio, el Corte II lo ha sido en menor medida, por lo que se han de tomar con la debida cautela sus avances.
 

 

Como veremos en otro apartado, en el proceso de la investigación prehistórica actual, diferentes son las opiniones a la hora de poner en relación el momento de realización del trabajo pictórico sobre el abrigo, y estos niveles de ocupación constatados.

El paleocanal culmina por su extremo SE, y a unos 500 metros, en el yacimiento ya comentado de la Loma de los Brunos (poblado y necrópolis tumular) excavado y publicado por J. J. Eiroa ( Eiroa, 1984) cuya ocupación podemos fechar entre mediados del siglo VII y mediados del VI a.C.