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NOTA
EXPLICATORIA FINAL
A muchos ha parecido
extraña la manera como he querido terminar mi relato. Algunos han
pensado que perdí algunas notas sobre las apariciones de Jesús; otros,
que no conocí tales relatos. ¿Cómo pueden creer eso, si la noticia se
corrió como fuego en los matorrales por todas partes?. A otros les
parece mi relato incompleto. Es que a una práctica truncada
violentamente, y que debe ser proseguida, este es el tipo de relato que
le corresponde.
Claro
que no bastaron ni las apariciones ni el relato de la tumba vacía, para
que creyeran que Jesús había resucitado. Varios de los discípulos
tardaron mucho tiempo en dejarse convencer de que la fuerza de Dios había
rescatado a Jesús de la muerte. Y tuvo que pasar mucho tiempo para que
los mismos discípulos lo aceptaran. La verdad es que ya no esperaban
nada, después de ver cómo Dios aparentemente lo había desautorizado.
Si alguien no habría podido inventar la resurrección eran ellos, los
desengañados, los frustrados, los escépticos discípulos, cuyas
ambiciones se habían derrumbado con aquella muerte ignominiosa para Jesús...
y para ellos.
Por
eso he querido terminar aquí mi relato: primero, porque hay muchos
cristianos que creen que en la exaltación de los cantos, de la oración,
del éxtasis, se tiene la garantía de la fe en Jesús como resucitado,
y que por eso hay que desentenderse de la situación del mundo y de las
responsabilidades de la historia; y segundo, porque creo que lo que
sucedió a los discípulos les puede suceder también a ustedes: que
crean que Dios actúa en la historia a base de golpes de fuerza.
Sólo
puede experimentarlo como resucitado quien regrese a Galilea a seguirlo,
caminando tras él, prosiguiendo su causa. El seguimiento es la única
expresión válida de la fe en él. Y para eso escribí mi evangelio:
para que sepan dónde queda Galilea y qué hizo Jesús allí, y así
puedan seguirlo.
Galilea
para ustedes hoy es su propia historia humana. Es en ella donde Jesús
sigue caminando. Allí prosigue su causa, la causa del Reino de su
Padre, la causa de la vida de los pobres. Sigue compartiendo con ellos
la mesa y el pan, sigue dando vista a los ciegos, haciendo hablar a los
sin voz, poniendo en pie al pueblo para que camine. Sigue conviviendo
con los pecadores, regresando al pueblo la esperanza que el centro le
había secuestrado. Sigue desenmascarando los intereses que se ocultan
detrás de las apariencias de piedad, sigue enfrentándose con el
Centro, sigue dando su gran mensaje de libertad: que el hombre está por
encima de la Ley, que un culto olvidado del hombre es una perversión de
la fe, que todo Templo que se convierta en cueva de ladrones será
destruido. Sigue allí manteniendo en alto la antorcha del amor y la
causa de la vida.
Sepan
leer en esto mi mensaje: sólo el seguimiento de Jesús en el
pro-seguimiento de su causa puede dar razón adecuada de lo que luego
pasó. Y es a ustedes, los lectores, a quienes les toca concluirlo. Sólo
quien lo siga experimentará la fuerza de su resurrección y sabrá que
el Padre confirmó su causa y su persona y los convirtió en norma para
todo aquel que quiera llegar al Reino. Sabrá que no se nos ha dado otro
nombre sobre la tierra por quien nos pueda llegar la liberación total más
que Jesús. Por eso, y para que no se presten a engaño, no les narré
ningún relato de apariciones. El que regrese a Galilea lo verá y será
tal su experiencia, que todo lo que yo pudiera contarle sería apenas un
pálido bosquejo de lo que él mismo verá. Y a quien no regrese a
Galilea, de nada le serviría ningún relato de las apariciones, ni
siquiera un retrato del Resucitado.
Así
que no se pregunten qué sucedió después. A ustedes les toca escribir
las páginas siguientes, reiniciando el camino a Galilea, para seguirlo.
Saben
el camino. Allí lo verán.
Los
quiero como hermanos. Marcos León.
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