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Una
última mirada al sepulcro (16, 1-8)
Los hombres eran más
pragmáticos. Aceptaban que ya no había nada que hacer. Por mucho que
les doliera. Pero las mujeres no se resignaban. No habían podido
terminar los ritos funerarios con Jesús, porque se les echó encima el
Shabbat. No podían dejarlo así nada más, olvidado en el sepulcro para
siempre. Tenían que ir a ungir el cuerpo rindiéndole así su último
homenaje de amor.
Apenas
se había puesto el sol, dando por terminado el descanso del Shabbat,
fueron a comprar perfumes para embalsamar el cuerpo. Y en cuanto despuntó
el alba, se fueron a toda prisa al sepulcro. Ni siquiera habían pensado
en algo fundamental: ¿Quién les iba a mover la piedra del sepulcro
para poder entrar?. Varios hombres se habían necesitado para rodarla. Y
ellas ni siquiera habían querido pedir ayuda a los discípulos, que no
querían saber ya nada del sepulcro, y lo único que querían era
regresarse a Galilea.
Entraron
en el huerto donde estaba excavado el sepulcro y de pronto se quedaron
dudando, y miraban alrededor, a las otras tumbas que había allí.
‹‹Estás segura de que esta es la tumba?››. ‹‹Segurísima,
decía María Magdalena; ¿cómo crees que se me olvidará algún día
un solo detalle de todo lo que tiene que ver con él?››. Porque la
piedra estaba rodada a un lado, y eso que era muy grande, y la tumba
estaba abierta.
Con
un temor creciente decidieron asomarse dentro de la sepultura; la luz de
día apenas comenzaba y no les permitía ver adentro. Y al entrar vieron
que el cuerpo de Jesús no estaba allí. Había un joven, vestido de
blanco, resplandeciente, sentado al lado derecho, y al verlo se
asustaron. ¿Quién era?. ¿Qué hacía allí?. ¿Dónde estaba Jesús?.
¿Qué habían hecho con él?.
Supongo
que ahora ya pueden ustedes leer detrás de los símbolos: era un ángel.
O sea, que cuando entraron las mujeres al sepulcro tuvieron una
experiencia de Dios, que les hacía comprender lo que había pasado con
Jesús. El ángel les dijo:
‹‹No
se asusten. Yo sé que buscan a Jesús el de Nazaret, el Crucificado.
Resucitó, por eso no está aquí. Vean la losa en la que lo dejaron
hace tres días. Pero no se queden aquí, porque en este lugar no hay
nada suyo. Y vayan a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante
de ustedes a Galilea, como les dijo antes de morir; quien lo siga, quien
prosiga su causa, ése lo verá resucitado››.
Oyeron
aquello las mujeres y temblando salieron despavoridas del sepulcro; tal
era el espanto que se había apoderado de ellas; y regresando a casa no
le dijeron nada a nadie, porque tenían miedo...
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