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Camino
de cruz (15, 21-24) Salieron de la Torre
Antonia, por el camino que bordeaba la muralla. El monte Gólgota, (que
quiere decir lugar de la Calavera), un promontorio de apenas unos diez
metros de altura, no quedaba a más de un kilómetro de distancia. Allí
lo iban a crucificar. Pero siempre hacían con los condenados a muerte
un recorrido por algunas de las calles principales, para escarmiento de
la gente y, en este caso, para desalentar cualquier intención de
alzamiento. Le cargaron el pesado tronco que serviría de travesaño,
pero los azotes y la pérdida de sangre lo habían debilitado mucho;
después de varios tropiezos y caídas, los soldados temieron que se les
muriera antes de llegar a la cruz, lo cual frustraría los planes. Iba
pasando un hombre, un tal Simón, originario de Cirene, que regresaba
del campo para prepararse a la festividad de aquella tarde, y lo
obligaron a cargar el tronco de la cruz hasta el Calvario. Aquel hombre
era padre de Alejandro y de Rufo, que destacaron mucho entre los
primeros cristianos por su servicio a la comunidad. |
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