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Judas,
uno de los Doce (14, 43-52)
Todavía les estaba
hablando para que se despertaran cuando vio a Judas, uno de los Doce, de
los que había escogido como fundamento del nuevo pueblo de Israel, que
venía guiando a la gente de los sacerdotes, los ancianos y los
escribas, armados con garrotes y con espadas. Judas temía que hubiera
resistencia de parte de él o de sus compañeros, o que escapara con
astucia, como lo había hecho ya otras veces, y los había prevenido.
Para que no se fueran a equivocar en la oscuridad de la noche, como
contraseña se acercaría a él a saludarlo como amigo: ‹‹Aquel al
que yo dé un beso, ese es; aprésenlo y llévenselo con mucha cautela,
porque es peligroso››.
Lo
besó diciéndole: ‹‹Rabbí›› -es decir, Maestro-. Jesús no
sabría decir qué le dolió más: si la forma como se le echaron encima
para apresarlo o la traición e hipocresía de Judas, que fingía aún
amistad y respeto.
Uno
de los discípulos intentó iniciar la resistencia: sacó una espada y,
en la confusión, hirió a un siervo del sumo sacerdote y le cortó la
oreja. En la oscuridad no se supo quién fue. Jesús frenó en seco
aquella resistencia y se dirigió a los que lo habían apresado:
‹‹Han venido a detenerme como si fuera un asaltante, con espadas y
garrotes y aprovechando la oscuridad. Pudieron hacerlo a plena luz
cualquier día, cuando estaba enseñando en el Templo, pero no se
atrevieron. Y ahora que lo hacen creen que me han engañado y vencido.
Pero lo han podido hacer porque mi Papá-Dios no quiere que responda ni
con violencia ni con huída; así estaba escrito en sus planes››.
Los
discípulos esperaban que Jesús manifestara su poder contra los que lo
habían ido a apresar. Pero al ver que no hacía nada, y que estaban en
inferioridad del número, lo dejaron solo y huyeron... Un muchacho, que
vivía en la casa de los dueños del olivar aquel y conocía a Jesús,
al oír el alboroto y los gritos se había levantado de la cama y,
envuelto en la sábana, los iba siguiendo a ver en qué paraba aquello.
Lo vio uno de los guardias y corrió tras él para detenerlo; lo agarró
de la sábana per él, dejándola, se escapó desnudo.
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