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Es
tiempo de que Papá-Dios responda al pobre (1, 14b-15)
Todo
su mensaje y su obra podía resumirse en una frase:
Ya
se venció el plazo que tenía el mal para dominar; y Papá-Dios está a
punto de llegar para reinar; abran los ojos, acepten este notición de que
Dios ofrece mejores posibilidades para el futuro, y cambien su corazón,
sus valores, sus actitudes, sus relaciones, para que puedan aceptar esa
oferta de Dios.
Ya
en esto había un cambio fuerte tanto respecto del Bautista como respecto
de los maestros de la Ley, de los Fariseos, de los Sacerdotes. La liberación
que Dios venía a hacer ya no era cosa del futuro, sino del presente. Su
mensaje era: ‘Hoy’. Iba más allá que los profetas antiguos, que
remitían al futuro. Para Jesús, Papá-Dios era alguien del presente.
Pero
no era una excusa para una pasividad exaltada, que espera que Dios lo haga
todo. Exigía un cambio en el hombre, en el pobre: que crea que hay
alternativa; que Dios mismo es la alternativa; y que por esa fe rompa la
inercia del pesimismo que le lleva a soportar la injusticia y el Anti-reino
como algo fatal e inmutable.
‹‹El
plazo se acabó; el Reino de Dios está por llegar››. Con esa
predicación se removió la expectación galilea. No era de extrañar que
muchos pensaran que estaba hablando del reino del Hijo de David, entendido
como una liberación a través de la lucha armada contra Roma y los
enemigos de Israel. Por tanto, con implicaciones revolucionarias.
Pero
Jesús no hablaba del reinado de ningún mesías como lugar-teniente de
Dios, ni del reinado de Israel sobre las naciones, sino de que Dios mismo
había decidido llegar para reinar en la historia. Y esto era difícil que
lo entendiera la gente... Un reinado en la historia, pero Dios mismo.
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