Ungido ¿para el poder o para la muerte? (14, 3-8)

 

Mientras, Jesús seguía moviéndose con libertad pero con astucia, con la conciencia cada vez más clara de que se acercaba el momento de la opción definitiva. Betania, lugar de amigos, era su refugio cada vez más necesario. Y un tal Simón, que había curado él de lepra, lo invitó a comer. Estaban recostados a la mesa, a la usanza judía, cuando se acercó una mujer con un frasco carísimo de perfume de nardo; un frasco de alabastro sellado; y quebró el frasco y lo derramó sobre su cabeza , en un gesto de unción con el que tal vez ella quería significar que era el Mesías (el Ungido, que eso significa la palabra en hebreo).

 Era un gesto de exceso, de algo sobreabundante, algo que no se mide. No se usan así ese tipo de perfumes, sino que se emplean en cantidades pequeñas. Nunca habían faltado los que espiaban a Jesús, para criticar lo que hacía o dejaba de hacer. Ahora, en tiempo de contradicción, hubo muchos, incluso algunos de sus discípulos, que empezaron a criticar a la mujer indignados por aquello que consideraban despilfarro. No habían comprendido su sentido simbólico. Y empezaron a racionalizar: ‹‹¿A qué viene ese despilfarro de perfume?. Bien se ven las intenciones de esa mujer... Además, si Jesús dice preocuparse por los pobres, tendría que haberlo impedido; bien podía haberse vendido por más de trescientos denarios, -casi un año de salario-, para repartir ese dinero entre los pobres ahora, en tiempo de Pascua››.

 Jesús salió a su defensa. ‹‹¡Déjenla en paz!. ¿Por qué la critican y molestan?. Ha hecho algo bueno conmigo, cuyo sentido ustedes ni siquiera entienden. Dense cuenta de que a mí no me tendrán siempre con ustedes, porque me van a matar. Ante eso ella ha hecho lo que ha podido: anticiparse a embalsamar mi cuerpo para la sepultura...››.

 Jesús estaba dándole un vuelco al sentido de aquella unción: no era unción de triunfo sino anticipación de su destino. Interpretándola así la transformaba en una acción profético-simbólica, en su intento de quitar ambigüedades a aquel momento y de disipar las ambiciones de los discípulos.

 Y siguió: ‹‹Y no pongan de pretexto a los pobres; siempre los tendrán con ustedes, y pueden ayudarles con sus propios bienes cuando quieran. No piensen en lo que otros han de hacer para socorrerlos; háganlo por ustedes mismos, como es su obligación. En cuanto a ella, les aseguro que dondequiera que se proclame la Buena Nueva que he venido a anunciar se hablará de ella y de lo que ha hecho conmigo, y no se perderá el recuerdo de su acción››.

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