Los escribas están equivocados en su modo de pensar y actuar (12, 35-40)

 

Pero Jesús sabía que aún había muchas preguntas; una de ellas era seguramente sobre si iba por el poder o no; un poder que entendían al estilo del rey David. Los escribas fariseos enseñaban que el Mesías futuro vendría triunfante, a instaurar el reinado nacionalista de Israel sobre las naciones.

 Y no era eso lo que podían esperar de Jesús; eso era lo que había querido corregir desde su entrada misma a Jerusalén en un burrito. Por eso, contestando a las preguntas que quedaban, le dijo a la gente: ‹‹¿Por qué andan diciendo los escribas que el Mesías es sucesor de David y, como él, un rey que dominará con el poder?. El Mesías no es sucesor de David, sino su Señor. Es algo que David mismo reconoció, movido por el Espíritu de Dios en aquel salmo en que decía: ‘Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos como estrado de tus pies’. Fíjense que el mismo David le está llamando Señor al Mesías; no es, pues, su hijo, ni un continuador de su obra de dominación, sino que trae otra tarea, porque el Reino del Padre es bien diferente al Reino de Israel.

 A la gente le gustaba cómo hablaba y le oían con gusto. Ya desde el comienzo la gente había podido apreciar la diferencia que había entre su forma de hablar, con autoridad, y la de los escribas, rutinaria, sin novedad, que no le ofrecía nada bueno al pueblo.

 Y Jesús, decidido a prevenir al pueblo contra el daño que podían hacerles los escribas, no sólo con su teología sino con su práctica, y les advirtió: ‹‹Cuídense mucho de los escribas, esos que les gusta pasearse luciendo grandes mantos y ropajes ampulosos, como si eso los hiciera más importantes, esos que ansían que la gente los reconozca y salude en las plazas, esos que en cuanto llegan a la sinagoga se van tras los primeros lugares y que buscan a toda costa que les den los puestos de privilegio en los banquetes. Y ¡ojalá sólo eso hicieran!; lo peor es que abusan del dolor de las viudas y de su situación de desprotección; las convencen de que Dios no las quiere y que lo que les ha venido es un castigo por sus pecados, y con pretexto de largas oraciones de intercesión por ellas, devoran los bienes de las viudas y de sus hijos. Esos tales tendrán un castigo terrible por su soberbia, por su injusticia, por la opresión que hacen amparados en falsos motivos religiosos, y por el falso testimonio que dan del Padre, presentándolo como un Dios duro que rechaza a los que sufren››.

Volver a la WEB

Anterior    Volver a la página anterior                                Continuar leyendo: Página siguiente    Siguiente