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‹‹Uds.
no tienen el monopolio en la lucha contra el mal›› (9,
38-50)
(Corrección a conductas inadecuadas de los discípulos)
Suma y sigue: seguía
la incomprensión de los discípulos, y era necesaria otra corrección.
Un día andaban fuera de casa y, al regresar, Juan llegó muy agitado.
‹‹Maestro: acabamos de ver a uno que andaba expulsando demonios en
tu nombre, pero no nos sigue a nosotros; entonces nosotros le reclamamos
y le exigimos que dejara de hacerlo, porque no nos sigue a
nosotros››.
Ese
era el carácter de Juan, que le valió aquel apodo de ‘hijo del
Trueno’. La razón de su reclamo era que ‘no nos sigue a
nosotros’. Contrastaba aquel juicio con la conducta de Jesús, que jamás
buscó ser tenido en cuenta, autoafirmarse, sino que sólo le importaba
el Reino. Jesús, con calma pero con mucha claridad, les dijo: ‹‹¿Creen
ustedes tener el monopolio de la lucha contra el mal?. Lo que ustedes
querían es estar metidos en todo y aparecer en todo, y que nada se les
salga de control. ¿No entienden que lo que importa es que el mal sea
vencido?. No sean tan intransigente ni tan creídos. ¿Qué importa que
no nos siga?. Nadie que luche contra el mal y haga milagros, ayudando a
los hombres a descubrir que Dios está de parte de la vida, y lo haga en
nombre mío, va a hablar después mal de mí. Quien no está contra
nosostros, está con nosotros. Sepan distinguir quiénes son los amigos
y quiénes los enemigos; sepan discernir con quiénes hacer alianza y de
quienes cuidarse››.
(Cuando
recopilaba el material para esta ‹‹Memoria de Jesús››, me
llegaron algunas frases sueltas de Jesús, que creo que tienen que ver
con esto de la ambición de los discípulos. Por eso las pongo a
continuación, aunque no todas tengan que ver directamente con el
asunto. Pero me parece importante que no se pierdan, porque contienen
instrucciones muy valiosas de Jesús. Siguiendo la costumbre popular voy
a ir encadenando estas frases fijándome en el tema que me parece más
importante; vean cómo hay una relación entre los pequeños seguidores,
el escándalo de los pequeños, lo que nos hace tropezar, lo que evita
el escándalo que corrompe la comunidad -el fuego y la sal-, la paz).
Así
como Jesús se había identificado con los despreciados, los últimos,
los sin derecho, también se identificaba con sus discípulos y su
suerte. Muchas veces había asumido su defensa frente a los fariseos que
los atacaban; y esa defensa le había causado ya varios problemas. Por
eso Jesús les dijo: ‹‹Quien les dé a beber un vaso de agua por el
hecho de que son de Cristo, no se quedará sin recompensa››.
También
volvió Jesús varias veces sobre el tema de los pequeños. Uno de los
pecados que a Jesús le parecían más serios era el escandalizar a los
pequeños, el ser para ellos como piedra en la que uno se tropieza y
cae. El escándalo que más estaba afectando a la comunidad de
seguidores era la ambición. Por eso siguió: ‹‹Pienso que le sería
menos malo a uno que le amarraran una piedra en el cuello y lo echaran
al mar antes que escandalizar a un pequeño que cree››.
Y
no eran exageraciones de Jesús. Las discusiones que habían tenido
sobre quién era el mayor, su oposición a que otros colaboraran en la
lucha contra el mal, sus planes de sobresalir estaban deteriorando el
ambiente entre ellos. Por eso siguió Jesús:
‹‹Si
tu mano te hace tropezar, córtatela; más te vale entrar manco en la
vida que, conservando ambas manos, ir a dar a la gehenna, al fuego que
no se apaga.
Si tu pie te hace
tropezar córtalo; más te vale entrar cojo en la vida que, conservando
ambos pies, ir a dar a la gehenna.
Si tu ojo te hace
tropezar, sácatelo; más vale entrar tuerto al Reino de Dios que,
conservando ambos ojos, ir a dar a la gehenna, donde el gusano de ellos
no muere y el fuego no se apaga››.
Jesús
estaba usando símbolos muy conocidos para los judíos. Cuando hablaban
de una parte se referían al todo. Hablar de la mano era hablar de las
acciones del hombre, hablar del pie era hablar de los pasos para
realizarlas, o sea, de los proyectos, hablar del ojo era hablar de los
deseos y las intenciones de donde nacen los proyectos. Es obvio que Jesús
no se refería a los miembros del cuerpo, como si ellos nos hicieran
pecar. Ya había dejado muy claro que lo que mancha al hombre son los
proyectos que nacen del corazón y que no sólo los alimentos, sino
ninguna parte del cuerpo es impura. Lo que Jesús quería decir era que
hemos de saber cortar a tiempo con las intenciones torcidas, de donde
nacen proyectos desviados y acciones perversas. Todo esto tenía que ver
con la ambición, que tanto daño le estaba haciendo al grupo de los
Doce. Nada daña tanto a una comunidad de discípulos como la ambición
entre los que han sido elegidos para servirla, pero se aprovechan de la
autoridad como motivo de privilegio y distinción. Jesús decía que
contra ella debemos ser implacables.
Tal
vez les ayude a saber qué era la tal gehenna. Se acuerdan de que
Jerusalén estaba construida sobre un monte. Enfrente, al lado oriente,
quedaba el Monte de los Olivos y entre ambos había un cauce seco, que sólo
llevaba agua en tiempo de aguas; era el Cedrón. Y por la parte sur la
muralla daba a otro cauce seco que se juntaba con el primero, al que se
daba el nombre de Gehenna. Pues bien: allí estaba el tiradero de basura
de Jerusalén. Y ya ven lo que pasa en los basureros: el olor es
insoportable por la corrupción; nada más le escarban un poco y brota
el gusanero en tal cantidad que parece que nunca se acabarán; y con el
calor y la corrupción de pronto empieza a arder y aquel fuego no se
acaba mientras siga habiendo basura. Imagínense lo tremendo que sería
ser arrojado a la Gehenna... Con aquellas imágenes le quedaba muy claro
a la gente lo que Jesús quería decir.
La
corrupción de la que había que defenderse, pues, era de la ambición.
Jesús usó también la imagen del fuego y de la sal, que son dos cosas
que preservan de la corrupción. Y dijo también. ‹‹Todo será
preservado de la corrupción mediante el fuego››. También decía,
refiriéndose al grupo de seguidores: ‹‹La sal es buena; sirve para
condimentar y para preservar de la corrupción. Pero ¿qué pasa si la
sal pierde su capacidad de dar sabor o de preservar de la corrupción?.
¿Con qué le van a volver el sabor?. Ni modo que echándole más sal,
porque la echarían a perder››. Esta imagen de la sal también la
entendía cualquiera. En sitios donde el ambiente era húmedo y
caluroso, la sal del mar luego luego absorbía la humedad del ambiente y
se convertía en agua salada. Ya no servía para nada; había que
tirarla y limpiar el plato para poner sal nueva. Y entendieron los discípulos,
-pero no entonces, sino mucho tiempo después- que su misión era
preservar de la corrupción y dar sabor; pero que si ni siquiera eso podían
lograr en su comunidad, por la ambición que había entre ellos, serían
como sal que había perdido su capacidad, que con nada se le podría
volver. La solución estaba en que superaran la ambición; entonces serían
sal ellos mismos, y en la comunidad podrían vivir en paz unos con
otros.
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