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‹‹Busquen
ponerse al servicio de los otros›› (9, 33-35)
(Corrección a conductas inadecuadas de los discípulos)
Y
así caminando llegan a Cafarnaum. Jesús había notado que iban
discutiendo, a ratos acaloradamene, a ratos alejándose de él para que
no lo notara. Llegaron a casa y Jesús les preguntó: ‹‹¿De qué
discutían por el camino?››. Ellos nada más se miraban unos a
otros, pero nadie se atrevía a responderle; porque habían venido
discutiendo sobre quién de ellos era el más grande en el grupo, el que
más influía, a quien Jesús más estimaba, en quien más confiaba.
¿Nunca se acabaría la lucha contra la ambición?. ¿Finalmente
llegarían a entender de qué se trataba en este asunto del Reino?. Ya
se acercaba el final y aún seguían creyendo que era cuestión de poder
de grandeza. Entonces Jesús se sentó, como un maestro, y llamó a los
Doce y les dice terminantemente: ‹‹Quien quiera ser el primero,
deberá ser el último de todos y el servidor de todos››.
Jesús
hablaba provocativamente con paradojas como estas, para que no nos
confundiéramos: el Reino rompía la lógica y los valores de este
mundo, y no era ‹‹el mismo mundo pero mejorado››. Pero eso decía
cosas como éstas: ‹‹La vida llega a la plenitud sólo a través de
la muerte, el grano da fruto si muere, el primero es el que sirve, hay
que felicitar a los pobres y llorar por los ricos...››. Esto no lo
decía Jesús como una lección sacada de otro maestro; eran las ideas a
las que daba vueltas constantemente en la oración, era la lección que
él mismo iba viviendo en ese momento de opciones decisivas.
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