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‹‹Sabed
descubrir en qué tiempos estáis viviendo›› (9, 11-13)
(Respuesta
a preguntas de los discípulos)
‹‹Jesús está
exagerando -pensaban los tres-. Habla como si el Reino estuviera ya por
llegar. Y es claro lo que dicen los escribas: Que antes de que llegue el
Reino vendrá Elías, el profeta de los últimos tiempos. Hay quienes
piensen que Jesús es Elías, pero nos queda claro que no, después de
lo que vimos. ¿O es que Elías estará por llegar?››.
De
todo eso discutían, bajando del monte. Y no salían de su duda. Por eso
decidieron preguntarle a él abiertamente. ‹‹Oye: ¿por qué los
escribas dicen que Elías debe venir primero, y eso tú no lo tomas en
cuenta?››.
‹‹¡Claro!
-les dijo Jesús- La venida de Elías tiene como finalidad restablecer
todo. Pero la realidad es que ya vino. Acuérdense de Juan el Bautista:
traía el vestido de Elías, una piel de camello amarrada a la cintura,
comía lo que se encontraba en el desierto, saltamontes y miel de abejas
silvestres. Venía a preparar el camino del Señor; exhortó a los
hombres a que fueran iguales, que no tuvieran intenciones ni proyectos
torcidos. Era la voz que gritaba en el desierto que enderezaran las
veredas para que el Señor llegara; que los montes y las colinas se
abajaran y los valles se levantaran; entonces todos verían la salvación
de Dios. ¿Y qué le pasó?. Lo encarcelaron, lo mataron, lo trataron
como les vino en gana››.
Y
siguió: ‹‹Sepan descubrir que estamos viviendo en los tiempos últimos,
los del Reino. Pero no es tiempo de triunfalismos, sino que está
marcado por la muerte. Yo decidí irme a Galilea a predicar cuando
apresaron a Juan; cuando los envié a ustedes, ¿recuerdan la suerte de
Juan?. Lo mandó matar Herodes, para agradar a su hijastra. Y esa será
mi suerte también; he de sufrir mucho y seré despreciado. Así tiene
que ser. Aunque les cueste aceptarlo››.
No
le cabía duda a Jesús del destino trágico de los profetas, rechazados
e incomprendidos siempre; lo que había sucedido a Elías, el rechazado,
a Juan, el asesinado, le sucedería también a él.
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