Misión: predicar el Reino en pobreza (6, 7-12)

     

Pero la urgencia del momento le exigía un cambio importante: Hasta ahora actuaba sólo él, aunque acompañado por sus discípulos. De esa manera se inicio una nueva etapa, en la que ampliaría su acción enviando a los doce en misión. Esto representó un avance en el proceso de seguimiento de los amigos de Jesús. A la predicación inicial correspondió el primer momento, la convocación; frente a las amenazas de los fariseos y de su familia, consolidó el grupo de los Doce, a quienes explicó en particular su enseñanza, para irlos formando más profundamente en el secreto del Reino; ahora, frente a la crisis del sentido de su práctica enviará a los Doce.

 Iban a ser proseguidores de su causa. Debían hacerlo, pues, con su mismo espíritu, sin buscar ningún provecho para sí. Jesús no podía suponer que los discípulos lo entendían todo de la misma manera que él. Sabía que sus ambiciones, de su concepción nacionalista de reino de Israel, de sus esperanzas guerreras respecto del Mesías. Por eso quiso darles unas instrucciones elementales. Y les dijo:

 ‹‹Papá-Dios quiere que cambien las relaciones entre los hombres; que todos se vean como iguales y se traten como hermanos. Por eso tienen que vivir ustedes como una familia, sin competencias, sin ambiciones. No es tarea para gente solitaria; por eso les envío de dos en dos, para que se ayuden, se confronten, se convaliden.

 El Reinado de Dios que van a anunciar va a vencer al mal y a la muerte. Ustedes se van a enfrentar con los demonios y los van a vencer; van a tener poder para curar, para acabar con las consecuencias del dominio del mal sobre el pueblo, porque lo que el Padre quiere es que tengan vida en abundancia.

 En el Padre deben poner toda su confianza, más que en los medios humanos. Eso es condición fundamental para quien quiera colaborar con el Reino. Por eso, cuando salgan a algún pueblo no lleven nada de dinero; nada más un vestido, unos huaraches, un bastón. Esa pobreza les dará libertad y será un testimonio más grande que mil palabras, de que el Reino no se impone por la fuerza, sino que se ofrece desprovisto de todo poder, inerme, como el amor. También deben aprender a confiar en la comunidad a la que vayan. Quédense, pues, en la primera casa que entren, hasta que termine su trabajo en ese pueblo. Ustedes miran por ellos, y ellos mirarán por ustedes. Así se irán reconstruyendo las relaciones y la confianza entre ellos, que es lo que Dios quiere.

 Cuenten con que a todos les va a gustar lo que ustedes digan o hagan. Porque al llegar Dios a reinar va a cambiar muchas cosas que están mal. Y eso va a chocarles a los que viven a costa de los demás. Cuando los rechacen y no los quieran escuchar, sálganse de ese pueblo y sacúdanse hasta la tierra que se les haya pegado a la planta de los pies, como testimonio contra ellos.

 Lo que deben tener delante de los ojos siempre, como lo fundamental, es que están trabajando por el Reino de Dios, no por su propio reino; ni siquiera por el reino de Israel; el de Dios directamente. Y no el de cualquier Dios, sino el del Padre que ama la vida››.

 Y allá se fueron todos, de dos en dos, a predicar que hicieran penitencia, a echar fuera a los demonios del mal, a ungir con aceite a muchos enfermos y a curarlos.

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