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JESUS,
SEÑOR DE LA VIDA
Un
hombre muerto en vida (5, 1-20)
Después de aquella
tempestad llegaron a territorio de gerasenos, que eran paganos. Nada más
desembarcar se le viene encima un pobre loco que vivía -o más bien moría-
entre las tumbas; era muy violento, pero él solo se hacía daño golpeándose
con piedras. Para controlarlo lo habían intentado sujetar con cadenas y
grillos, pero él rompía las cadenas y destrozaba los grillos y ningún
hombre tenía fuerzas para dominarlo.
Vio
a Jesús desde lejos y echó a correr hacia él; echándose al suelo le
gritaba que lo dejara en paz y no lo atormentara. Jesús había tomado
la iniciativa exigiendo al ‘espíritu del mal’ que lo maltrataba,
que saliera de aquel hombre.
En
lo que sigue será muy importante que descubran los símbolos que hay, y
que les darán la clave para entender lo que quiero decir. No puedo
decir las cosas más claras porque hay peligro alrededor.
Imagínense
pues, a Jesús hablando con aquel hombre. Le dice: ¿Cómo te llamas?. Y
oye la siguiente respuesta: ‹‹Me llamo Legión, porque somos
muchos››. Legión era el nombre del ejército romano, que tenía
sujeto al pueblo y lo mantenía en situación de opresión y muerte.
El
demonio no estaba acostumbrado a enfrentar a alguien ‘más fuerte’
que él. Y no quería perder aquella batalla, siendo arrojado de aquel
territorio. Entonces le pidió a Jesús que, si lo sacaba de aquel
hombre, le permitiera entrar en un montón de puercos, unos dos mil, que
pacían por el monte, cerca del lago.
Para
entender esto han de saber que para los judíos el cuerpo es lo que da
posibilidades de estar y de actuar un espíritu en el mundo. No
entendemos al hombre como hecho de cuerpo y alma, como si fueran dos
cosas separadas y luego unidas. Más bien el cuerpo es la manera como el
espíritu existe en el mundo. Para ser exactos: no tenemos cuerpo, sino
que somos cuerpo. Entonces entenderán lo que significaba para los
demonios quedarse sin aquel cuerpo: ya no podían seguir en el mundo ni
actuar en él.
¿Ustedes se imaginan a Jesús permitiéndoles seguir aquel
territorio?. Había llegado el más fuerte, que no se contentaba con
perdonar el pecado, sino que lo quitaba del mundo. Y lo que pasó luego
fue que los puercos enloquecieron y se despeñaron al mar, donde se
ahogaron. Lean el mensaje que hay detrás de esto que les platico: la
Legión, que mantenía oprimido a aquel hombre, se metió en los
puercos, la cochinada, por así decirlo, que era su lugar propio, pero
al despeñarse los puercos, con su muerte se quedaron sin posibilidad de
existencia opresora en aquel mundo.
Pero
no terminó allí la cosa. Los que cuidaban a los puercos salieron
huyendo y fueron a contar en los ranchos y pueblos lo sucedido. Se dejó
venir toda la gente, los dueños de los puercos entre otros, y vieron a
Jesús, y al que había estado loco, sentado, vestido y en su juicio. Y
vieron también el costo que aquello había tenido: habían perdido sus
posesiones, los cerdos. Y les entró miedo. Y, francamente, no estaban
dispuestos a pagar tal precio por la vida de un hombre. Y aunque tenían
miedo, ese miedo que se tiene ante lo inexplicable, le pidieron con
insistencia a Jesús que se fuera de su país.
Jesús
nunca se impuso a la fuerza a nadie, más que al mal. El sólo ofrecía
a todos lo que sabía de Dios, lo que podía hacer en favor de ellos.
Por eso no se resistió a este rechazo. Ni los criticó. Se fue
caminando hacia la barca. Y el hombre aquel quería seguirlo a donde
fuera. Nunca nadie se había preocupado de él de esa manera. Pero ahora
Jesús se le iba... Y se iba porque los suyos lo corrían; no sólo no
le habían agradecido lo que había hecho por él, sino que lo corrían...
‹‹Déjame
irme contigo, -le rogaba insistentemente-; déjame ser de los tuyos; ¿a
qué me quedo aquí si tú no estás?. Nada me une con los que te
rechazan››.
Pero
Jesús le dijo: ‹‹Tu gente me ha rechazado; yo no puedo quedarme en
contra de su decisión. Pero tú sí puedes quedarte con ellos. Vete con
los tuyos y cuéntales todo lo que el Señor ha hecho contigo por su
misericordia. Así darás presencia al Reino en esta tierra.
El
hombre entendió. Había otra manera de seguir a Jesús no yendo con él,
sino siendo su presencia (su cuerpo) en aquella tierra que le estaba
vedada. Por toda la Decápolis se dedicó a anunciar lo que Jesús había
hecho con él y quién era. Y todos se quedaban admirados.
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