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La
familia y los jefes judíos: per-seguimiento (3, 20-35)
Pronto comenzaron los
problemas con su familia. Sin duda que el comportamiento de Jesús no se
ajustaba a sus expectativas. Tenía como treinta años, y no se había
casado; había dejado su trabajo, su casa en Nazaret para ir con Juan el
Bautista, pero ya no había regresado; les llegaban noticias de sus
controversias con los fariseos, y aun de las amenazas que les hacían;
y, por último, esa pretensión de reunificar a Israel... en torno a
Doce galileos; les preocupaba él, pero sobre todo la honra de la
familia.
Por
fin, después de una larga ausencia, llegó a su casa junto con sus
nuevos compañeros; y se les juntó tanta gente y había tantas
necesidades, que no encontraron tiempo ni para comer su pan. Cuando sus
parientes se enteraron salieron a donde estaban con la gente reunida
para apoderarse de él y llevárselo consigo, pues decían ‹‹Está
loco››. ¡Claro!. Uno que así se entrega a los demás hasta el
punto de no tener tiempo ni para sí, debe estar loco.
También
habían llegado unos escribas, enviados por los jefes de Jerusalén para
espiarlo y desprestigiarlo. No podían negar lo que hacía en favor de
la gente que sufría, pero empezaron a correr la voz: ‹‹Tiene pacto
con el demonio; cura a los enfermos y expulsa a los demonios con el
poder de Belcebú, príncipe de los demonios››.
Aquella
falsedad, unida a lo que su familia decía de él, sí podía afectar al
anuncio del Reino. Y Jesús decidió hablar. No por defenderse, sino por
defender el mensaje.
Y
llamó a los escribas de Jerusalén y, para hacerles ver lo absurdo de
sus críticas, les dijo: ‹‹Pero ¿cómo va Satanás a expulsar a
Satanás?. Pero vamos suponiendo que así fuera: Yo todo lo que he
anunciado es que el reino de Satanás ha llegado a su fin; y si un reino
se divide contra sí mismo, no puede permanecer en pie; si una familia
se divide contra sí misma, no puede permanecer en pie; si Satanás se
enfrenta contra sí mismo y está dividido, no puede seguir en pie, y ha
llegado su fin. Así que, aunque hiciera lo que hago por el poder de
Satanás, lo que digo es cierto: que el plazo se ha cumplido››.
Pero
siguió Jesús: ‹‹Ustedes no saben ver lo que está sucediendo:
nadie puede entrar en casa de un hombre fuerte para saquear sus bienes
si primero no lo amarra; entonces saqueará su casa; y eso es lo que ha
sucedido: que el ‘poderoso’ de este mundo está siendo amarrado y su
casa está siendo saqueada››.
Y
todavía tenía que hacerles una advertencia: ‹‹En verdad les digo:
cualquier cosa se perdonará a los hombres; los pecados y las palabras
que hieren, todo lo que dañen con la palabra; pero el que blasfeme
contra el Espíritu Santo ese no tiene capacidad de ser perdonado; por
eso será culpable de ese pecado para siempre››.
-El
pecado contra el Espíritu consistía en que decían que estaba poseído
por un espíritu impuro. Y su problema era que, si veían lo de Dios
como causado por el demonio, ¿cómo podrían en verdad reconocer a
Dios?. ¿Cómo podrían distinguir lo que realmente venía del demonio?.
No tenían perdón porque ni siquiera creían necesitarlo-.
En
eso llegaron su madre y sus otros familiares que habían ido por él
para llevárselo y, quedándose fuera, lo mandaron llamar. Había mucha
gente sentada a su alrededor, y algunos se acercaron a decirle:
‹‹Mira: tu madre y tus hermanos te buscan afuera››. Jesús sabía
cuales eran sus intenciones. Y mirando a sus discípulos y a los que
estaban sentados en torno suyo, dijo: ‹‹Esta es mi familia; mi madre
y mis hermanos; todo el que haga lo que Dios quiere ese es mi hermano y
mi hermana y mi madre››.
Por
duro que parezca ese compartimento, Jesús definía: ante el Reino todo
pasaba a segundo plano; no estaba dispuesto a que nadie malinterpretara
eso del Reino; ni los jefes religiosos ni la familia pueden intentar
encerrarlo dentro del estrecho círculo de la tradición o de las
obligaciones familiares. El futuro -ya- presente es algo inédito y está
por construir; no se le puede definir de acuerdo al pasado, cuyos marcos
estrechos rompe.
A
PROTEGERSE LLAMAN
Primero
fue la prisión de Juan, luego la acusación de blasfemia, luego el
complot con los herodianos para matarlo, luego la incomprensión de su
familia, luego la satanización que de él hicieron los escribas espías
de Jerusalén; y el mismo pueblo le representaba una cierta amenaza por
la forma como buscaban ansiosamente tocarlo para ser curados. Unos lo
siguen, otros lo persiguen. Pocos entienden, otros malinterpretan sus
palabras. Jesús debía tomar algunas precauciones.
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