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1,1.
En el título de su obra (1,1), Mc indica su propósito:
quiere exponer los orígenes de la realidad que los
cristianos viven, realidad nueva y gozosa («la buena
noticia») que se vincula a la figura de Jesús, al que
caracteriza con dos títulos: «Mesías», el liberador que
cumple las expectativas del pueblo judío, e «Hijo de Dios»,
título divino comprensible pira judíos y paganos, con el que
indica que Jesús rebasa las expectativas judías y abarca a
todos los hombres en su misión salvadora. Para Marcos, por
tanto, Jesús es salvador de la humanidad entera. Su
salvación ha llegado ya a la comunidad de la que él forma
parte, y pretende narrar cómo actuó Jesús para realizarla.

1,2‑5.
Marcos presenta la figura de Juan Bautista como un enviado
de Dios, el mensajero anunciado en el AT, encargado de
preparar la llegada del Mesías; éste, a su vez, habría de
cumplir la expectativa secular del pueblo judío, la sociedad
justa querida por Dios.
En los textos proféticos citados por Mc, la obra que va a
realizar Jesús está formulada en términos de éxodo:
consistirá, pues, en liberar de un estado de opresión y
conducir a una tierra prometida, figura de la sociedad
justa.
Juan se sitúa en el desierto, la localización tradicional de
todos los líderes contestatarios. Situarse en el desierto,
el lugar asocial, mostraba, por una parte, la ruptura con la
sociedad existente; por otra, recordaba los orígenes de
Israel. De este modo, la retirada al desierto implicaba la
vuelta al estado primero del pueblo, idealizado como un
estado de pureza y fidelidad a Dios.
Sin embargo, a diferencia de los líderes políticos,
frecuentes en la época, Juan no se presenta como un agitador
de masas ni como un cabecilla que pretenda derrocar a los
dirigentes por la violencia para instaurar un nuevo estado
de cosas. Por el contrario, se asimila a los movimientos
bautistas, también comunes en la época, que proponían la
inmersión en el agua como signo de purificación o de cambio.
Juan cumple su misión exhortando al cambio de vida,
suscitando con ello la expectativa de un cambio social. No
se hace él mismo campeón del cambio de sociedad, no acusa
directamente a las instituciones religiosas y civiles,
aunque se separa de ellas (desierto); se dirige al
individuo. Hace ver con esto que el cambio de sociedad
requiere previamente el cambio personal y que la injusticia
social es el resultado y el exponente de la injusticia de
los individuos. Juan no permite la fácil escapatoria de
echar a otros la culpa de la situación de injusticia. La
deseada reconciliación con Dios (el perdón de los pecados),
que hace posible la obra del Mesías, pasa por el
reconocimiento de la propia complicidad con el mal. Juan
quiere que ese reconocimiento sea público, de modo que todos
se den cuenta de la extensión del descontento y se vayan
sumando propósitos en favor del cambio.
Para significar el cambio de vida, usa Juan un símbolo
propio de la cultura judía y ya utilizado por otros
movimientos bautistas, la inmersión en agua, que es figura
de muerte, en este caso muerte al pasado de injusticia.
La respuesta a la proclamación de Juan es masiva, lo que
indica la extensión del descontento y el gran deseo de
cambio que se experimentaba en la sociedad misma. La
expectativa está asociada a la llegada del Mesías, que
cambiaría la situación e implantaría la justicia. El pueblo
en general se prepara con la purificación para esa llegada.
La actividad de Juan muestra que la condición indispensable
para que encuentre eco el mensaje de Jesús y sea eficaz su
obra es el inconformismo del individuo con la justicia
personal y social y el deseo de ponerles fin.

1,6‑8.
Marcos describe la figura de Juan con rasgos de profeta, en
particular con los de Elías. De este modo califica a su
persona como enviado de Dios, precursor del Mesías esperado
y en ruptura con la sociedad teocrática judía, en
consonancia con su localización en el desierto. Su
alimentación es la propia de un nómada.
Juan no se hace centro del movimiento que suscita, no se
considera protagonista. Previene la sospecha popular de que
él mismo pudiera ser el Mesías anunciando la llegada de otro
superior a él, que el lector identifica con Jesús. Lo
describe con relación a sí mismo: superior en fuerza, en su
misión y en su actividad.
Es superior en fuerza por poseer la plenitud del Espíritu;
en su misión, porque ésta consiste en fundar un nuevo
pueblo, una sociedad nueva (nueva alianza); en su actividad,
porque Juan ha exhortado a salir de un pasado de injusticia,
mientras que Jesús va a potenciar la vida del hombre,
comunicándole el Espíritu y creando así un hombre nuevo,
fundamento y artífice de la nueva sociedad.

1,9‑13.
Coincidiendo con la actividad de Juan, aparece Jesús, el
protagonista del relato de Marcos. Procede de Nazaret, un
pueblo perdido de la región más nacionalista de Galilea.
Al bautizarse, manifiesta Jesús su apoyo al movimiento
suscitado por Juan y muestra su empeño en la eliminación de
la injusticia. Su compromiso es total: con la inmersión o
bautismo, símbolo de muerte, expresa que está dispuesto a
dar la vida, si fuera necesario, para suprimir la injusticia
y comunicar vida a la humanidad.
Esta disposición de Jesús, expresión de su amor sin medida a
los hombres, provoca una reacción divina que el evangelista
describe con rasgos figurados. Ante todo, se rompe la
frontera entre el mundo divino (el cielo) y el humano. La
experiencia interna de Jesús se formula de dos maneras: en
términos de visión, con los que se expone ante todo el ser
de Jesús, y en términos de audición, con los que se describe
principalmente su misión.
El ser de Jesús es el del que posee la plenitud del
Espíritu, es decir, de la fuerza, vida y amor de Dios.
Culmina así la creación, alcanzándose la plenitud del
hombre, la realidad del Hombre‑Dios. Con esto queda
capacitado Jesús para llevar a cabo la misión que Juan le
atribuía.
La misión de Jesús, el Hijo de Dios, es la de Salvador
(Rey‑Mesías), que ofrece su vida por la causa de la
humanidad entera. Esta misión se opone diametralmente a la
que la tradición judía asignaba al Mesías, quien, según
ella, había de ser un rey poderoso que triunfase sobre los
enemigos de Israel y llevase a su cima la gloria de este
pueblo.
El Espíritu impulsa a Jesús a comenzar su misión. Con la
figura del «desierto» presenta Mc el escenario donde Jesús
va a ejercer su actividad. Va a encontrarse en una sociedad
que intentará incesantemente persuadirlo a abandonar su
compromiso para convertirse en un líder político que aspire
a la conquista del poder; la tentación será ineficaz. Por
otra parte, existe a su alrededor una actitud peligrosamente
hostil, la de los poderes, enemigos acérrimos de su
programa, que acabarán por darle muerte. Pero, al mismo
tiempo, no faltarán hombres que colaboren con su actividad.
Termina aquí la sección introductoria del evangelio, que
presenta en primer lugar, como preparación a la llegada y
actividad del Mesías, el movimiento de cambio suscitado por
Juan, y a continuación describe teológica y
programáticamente el ser de Jesús Mesías, su misión y las
reacciones que provoca en su sociedad. Tras esta
introducción empieza la narración de la actividad de Jesús.
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