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A diferencia de Mateo, para quien la comunidad mesiánica,
formada por judíos y paganos, constituye el nuevo Israel, en
cumplimiento de la promesa hecha a Abrahán , para Marcos
dicha comunidad no constituye el nuevo Israel, sino la nueva
humanidad, y en ella se integra el nuevo Israel. Por eso
distingue Mc dos grupos de seguidores: el de los que
proceden del judaísmo, llamados «los discípulos»/«los Doce»,
y el de los que no proceden del judaísmo, que incluye tanto
a los excluidos de Israel como a los paganos.
Para el primer grupo utiliza Mc dos designaciones: la
primera que aparece es «sus discípulos» (2,15); la segunda,
en cuanto éstos constituyen el Israel definitivo, es «los
Doce» (3,16ss). Es decir, Jesús pide primero de ellos una
decisión personal (cf. 1,18; 2,14; 8,34); sólo después de
dado este paso los convoca para constituir con ellos el
Israel escatológico.
Se deduce de esto el matiz que distingue al grupo en cuanto
«discípulos» y en cuanto «Doce». «Los discípulos» son
aquellos israelitas que han decidido seguir a Jesús; en
cuanto tales, deben llevar su compromiso hasta el final,
cumpliendo individualmente las condiciones que Jesús pone a
todo hombre para seguirlo (8,34). La denominación «los/sus
discípulos» (2,15; cf. 4,34: «sus propios discípulos»),
reservada por Mc para los seguidores procedentes del
judaísmo, cumple la promesa expresada en Is 54, 13, en el
contexto de la restauración de Jerusalén, símbolo de la
nación («y haré de todos tus hijos [los de Jerusalén/la
institución judía] discípulos/alumnos de Dios»).
«Discípulo», denominación correlativa de «maestro», vincula
a estos hombres directa y explícitamente a Jesús.

La designación «los Doce», que es absoluta, coloca, en
cambio, a los discípulos a nivel de pueblo. Representa el
Israel definitivo 24, ya no ligado a una tierra ni a unas
instituciones, y al que Jesús asigna una misión en favor de
la humanidad entera (3,14; 6,7). Al pleno conocimiento de
Dios, que no es ya el Dios de Israel, sino el de todos los
hombres, corresponde una concepción diferente del pueblo
elegido.
Una conexión de los dos aspectos se da en la mención de «la
casa» donde están los discípulos y adonde va/entra Jesús
(3,20; 7,17; x,28); esa «casa» es figura de «la [nueva] casa
de Israel»
El segundo grupo de seguidores no tiene una denominación
fija; se les llama «los que estaban en torno a él» (3,32.34;
4,10), «[la] multitud» (3,32; 5,24b; 7,14; 8,34; 9,25), o
está representado por ciertos personajes: «el/los
chiquillos» (9,36s; 10,13‑16), «el exorcista anónimo»
(9,38‑41), «los pequeños» (9,42) o Simón Cirineo (15,21). En
3,35 se presenta como tal este grupo, que abarca en potencia
a la humanidad entera. La denominación «los Doce» indica un
grupo cerrado, pues el número simboliza a todo Israel. Este
grupo, en cambio, no tiene denominación limitativa, pues,
aunque está constituido, no está cerrado; la posibilidad de
pertenecer a él queda abierta a todos los pueblos.
Mc distingue así una «iglesia procedente de la circuncisión»
de otra «procedente del paganismo», distinción que aparece
más tarde en la tradición eclesiástica. Cada grupo conserva
en Mc su identidad: mientras con los discípulos/los Doce
emplea Jesús un modo de hablar inspirado en la tradición del
AT, no procede así con el grupo de seguidores no israelitas
2'. Por contraste con los discípulos, que muestran su
incomprensión hasta el final del evangelio (16,7‑8), es el
segundo grupo de seguidores el que cumple las condiciones
del seguimiento y el que transmite fielmente el mensaje de
Jesús (cf. 15,21).

Mc subraya el gran número de los seguidores de Jesús que
proceden de los excluidos de Israel, asimilados a los
paganos (cf. 2,15 y la denominación «multitud» para ese
grupo). Esto muestra el éxito de la misión fuera del país
judío y, al mismo tiempo, que los creyentes de origen pagano
son mayoría entre los miembros de la comunidad. Es, sin
embargo, una comunidad familiarizada con los escritos del AT
Zg, por lo que es probable que entre sus miembros no
faltaran judíos helenistas y antiguos prosélitos del
judaísmo.
Está muy explicitada en Mc la polémica contra la tendencia
judaizante, representada en el evangelio por «los Doce»/«los
discípulos» y, en particular, por Simón Pedro y los Zebedeos,
a los que Jesús pone sobrenombres que indican obstinación o
autoritarismo (3,16‑17). A pesar de los esfuerzos de Jesús,
desde el principio hasta el final del relato evangélico los
discípulos/ Doce aparecen apegados a las categorías e
ideales del judaísmo. En contra de esa tendencia, al Mesías
del triunfo terreno Mc opone el destino del Hombre y su
muerte a manos de los dirigentes (8,29‑30.31‑33); a la
ambición de rango y poder, el servicio (9,35; 10,42‑45); al
exclusivismo judaizante y al autoritarismo, la apertura y la
igualdad (9,38‑41). Refleja así Mc la problemática del
primitivo cristianismo.
En esta polémica entre judeocreyentes y cristianos
procedentes del paganismo, Mc toma decididamente partido por
estos últimos. Ante las crisis, internas o externas, la
comunidad de Marcos encuentra su identidad en la persona y
mensaje de Jesús: vuelve a los orígenes y ejerce la
autocrítica confrontándose con el mensaje.
Por otra parte, es una comunidad que experimenta rechazo y
persecución y que debe estar preparada para ello, como
aparece por el uso de la expresión inclusiva «el Hombre»
(«el Hijo del hombre») en las predicciones de la Pasión
(8,31; 9,31; 10,34), por la segunda condición del
seguimiento (8,34), por el precedente aleccionador de la
muerte de Juan Bautista (6,14‑29) y por los avisos de Jesús
(13,9‑13).
En esta situación, la comunidad se alimenta y vive de su
experiencia cristiana, que se basa en el bautismo con
Espíritu (1,8) y en la eucaristía (14,22‑26; cf. 2,15).
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