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  El seguimiento 

 

  

«Seguir a Jesús» es una expresión metafórica explicada por Mc en la doble finalidad de la convocación de los Doce: «para que estuviesen con él» (cercanía) y «para enviarlos a proclamar» (actividad) (3,14). La expresión se basa en la metáfora del «camino» (1,2; 8,27, cte.) común, marcado por Jesús; en sentido figurado expresa la semejanza del modo de vida.

El primer elemento, «estar con él», no exige una cercanía física a Jesús, sino la adhesión incondicional a su persona y mensaje, la identificación con él. El segundo elemento, «enviarlos a proclamar», indica que la dedicación primaria del seguidor de Jesús ha de ser la difusión de la buena noticia, expresión de su servicio a la humanidad.

«Seguir a Jesús» incluye, por tanto, la plena adhesión personal a él y la práctica de un modo de vida y actividad como el suyo, que tiende a una entrega como la suya. La misión está incluida en el seguimiento.

La adhesión a Jesús es la condición para recibir el Espíritu (1,8), que capacita para la actividad liberadora (3,15: «con autoridad para expulsar los demonios»). Sin la identificación con Jesús no es posible ejercer la misión (4,35‑5,1) ni liberar de las ideologías alienantes (9,14‑29).

Se expresan así las dos dimensiones del hombre: su realidad interior, centrada en la adhesión/amor a Jesús, y su actividad externa, el servicio a la humanidad por el anuncio del mensaje de libertad y de vida.