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Marcos presenta también a Jesús como «el Hijo del hombre»
(«el Hombre») ". Esta denominación, la primera vez que
aparece (2,10), alude al misterioso personaje de la visión
de Daniel (7,13: «como un hijo de hombre» = una figura
humana), figura colectiva que encarnaba el «pueblo de los
santos del Altísimo» (_ «los consagrados por el Altísimo»,
Dn 7,18.22.27), es decir, al Israel fiel a Dios, que había
de someter a los pueblos paganos.
De hecho, el versículo 2,10 pertenece a la perícopa del
paralítico (Mc 2,1‑13), que trata precisamente de la
admisión de los paganos en el Reino por la adhesión a Jesús.
Se ve, por una parte, que Marcos corrige el particularismo
del libro profético: si en Daniel se trataba de someter a
los paganos, según el evangelista «el Hijo del hombre»
borrará el pasado pecador de éstos y les ofrecerá la
plenitud de vida. Por otra parte, en Mc, como en el libro de
Daniel, la figura del Hijo del hombre es colectiva: designa
primariamente a Jesús como prototipo y plenitud del Hombre,
e incluye a sus seguidores en la medida en que se
identifican con él. Aplicado a Jesús designa al Hombre‑Dios,
el que posee en su plenitud el Espíritu de Dios; los que, a
través de Jesús, participan de ese Espíritu y están en
camino de la plenitud humana quedan incluidos en la
denominación. Es equivalente de «la nueva humanidad».
La expresión «el Hijo del hombre» («el Hombre») tiene, pues,
en Mc el mismo contenido que la de «el reino de Dios», que
designa a la nueva humanidad sobre la que Dios, por la
comunicación de su Espíritu, ejerce su reinado. «El Hijo del
hombre» es la denominación complexiva de la comunidad de
«hijos de Dios», cuyo prototipo es Jesús.
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