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La
orden de Jesús manifiesta su enérgico rechazo de la
propuesta del poseído 2'. Muestra en primer lugar que no
admite diálogo sobre esta cuestión («Cállate la boca») e
impide la difusión de la idea mesiánica entre la gente; en
segundo lugar, libera al poseído de su mal espíritu.
Manifiesta así su total antagonismo al programa político
nacionalista. No pretende hacerse líder de masas ni ponerse
al frente de movimientos populares; sigue fiel a su
compromiso de entrega por la salvación de la humanidad. La
pretensión de que ponga su autoridad al servicio de las
instituciones e ideales judíos es radicalmente inaceptable:
equivaldría a renunciar al Espíritu de Dios y adoptar un
«espíritu inmundo».
Fiel a su programa, Jesús libera al poseído del dominio
ideológico que lo esclavizaba, disfrazado de fidelidad
religiosa y espíritu patriótico. Quiere restituir al hombre
su libertad.
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