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  Jesús Mesías 

 

   

Marcos presenta a Jesús como Mesías Hijo de Dios (1,1.11; 14,61s; 15,26.39), por oposición al Mesías hijo de David de la expectación judía (8,29; 11,8; 12,35‑37). El contraste entre las dos concepciones mesiánicas se refleja en la oposición entre la universalidad del reinado de Dios (Mesías Hijo de Dios), que Jesús predica, y el particularismo judío (Mesías hijo/sucesor de David), que esperaba la restauración de Israel en situación de privilegio y de dominio sobre los demás pueblos.

Para el mundo semítico, el término «hijo» no designa solamente al que tiene su origen en un padre, sino al que, además, se comporta como él. Este concepto de «hijo» funda la diferencia entre los dos mesianismos: el «Mesías hijo de David» sería, como David, un rey guerrero y victorioso, restaurador de la gloria de Israel; el «Mesías Hijo de Dios» es el que, como Dios, ama a todos los hombres y les ofrece salvación. El título «Mesías» (Ungido), que pertenece a la tradición religiosa judía, incluye el de «Rey» y denota una misión divina, que equivale a la de «Salvador».

Aparte del título del evangelio, la denominación «Mesías» (1,1, sin artículo) es utilizada en Mc solamente por locutores judíos (8,29; 14,61; 15,32), y las tres veces que Jesús la pronuncia se dirige a los discípulos (9,41, sin artículo; 13,21) o a la multitud congregada en el templo (12,35).

Son características de este evangelio las prohibiciones de Jesús a los discípulos y a otros, para que no divulguen algunas acciones extraordinarias (1,44; 5,43; 7,36) y, en particular, para que no lo proclamen Mesías (1,25.34; 3,11s; 8,29‑30; 9,9, el llamado «secreto mesiánico»). Estas prohibiciones no se deben al deseo de mantener en secreto su condición mesiánica: Jesús rechaza la oferta de un mesianismo violento (1,25.34) o se opone a la falsa interpretación de su propio mesianismo que muestran sus interlocutores, quienes lo asimilan a la idea popular de un Mesías nacionalista que habría de triunfar sobre sus enemigos por medio de la fuerza y la violencia .

Por otra parte, Jesús, en este evangelio, desde el comienzo de su labor (1,14s) hasta el rechazo en la sinagoga de «su patria», se presenta como profeta (6,4). Sólo a partir de los episodios de los panes (6,33ss; 8,1ss: éxodo mesiánico para judíos y paganos) empieza a revelar su condición de Mesías.