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FRAY ANGÉLICO       EL REGISTRO DE JUAN

No se trata de milagro alguno, por lo tanto, pudiéramos no estar hablando de pintura religiosa, ni siquiera por venir de quien viene, Fray Angélico, el pintor dominico de colores celestiales, y de recogimiento meditativo antes de comenzar a pintar. Sin embargo, es fácil constatar que, precisamente viniendo de quien viene, hay que sospechar que sí, que se trata de pintura religiosa, aunque en este cuadro no aparezcan esas coronas de luz con las que inevitablemente los pintores, y la imaginación popular, identifican a los santos. Pero, evidentemente hay santos en el cuadro, aunque en aquel momento ni ellos mismos lo sepan: uno, el niño Juan, el bautista, el que un día, a la edad de treinta años, se vestiría de profeta a la antigua usanza y comenzaría a gritar por los descampados, a las orillas de los ríos, en las plazas, por donde hubiera gente con oídos sordos, pues su mensaje debería traspasar todas las barreras. Diría este muchachito, treinta años después: Conviértanse, ya está en camino el que tiene que venir. Pero estas cosas, y en este momento, la criatura no lo sabía, ni lo sabía quien está tomando nota de su identidad. Por eso digo que se trata de un cuadro religioso a medias, o de una primera profecía del pintor dominico para que luego no nos llevemos a engaño.
Posiblemente fray Angélico nos está diciendo: tomen nota, como yo la tomé con el pincel. Este niño, del que queda constancia por escrito, será el precursor.
No sé si en la estampa está su madre, pues a veces los pintores como fray Angélico no se fijan mucho en la edad. Al parecer, no. Isabel, la madre del niño, y según la literalidad de los evangelios, era ya anciana, así es que muy posible se encontrara todavía reposando los pormenores del parto. Pero ahí están las parientas, o las vecinas, o quienes sean, cumpliendo con la ley, llevando al niño al registro, y el funcionario legal atento a todos los pormenores de los datos, para que la posteridad no se confunda. A los papeles legales no puede faltarles ni una tilde, para evitar complicaciones, y bien concentrado se encuentra el anciano escribiente anotando los datos.
¿Será que el pintor quiere alertarnos, o alertar a los siempre sospechosos de las identidades, de la realidad y legalidad de este Juan que un día fue presentado ante la oficialidad para que más tarde pudiera identificarse como lo que será, pero todavía no se sabe, es decir, el anunciador de que un nuevo tiempo está a las puertas y que es necesario, prepararse, convertirse, para detectarlo?. Y si así es, sí damos como religiosa esta pintura del fray Angélico, y apta para la meditación.