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Las bodas de Caná
(Tintoretto)
LA BODA
Tintoretto, fiel a su tiempo, no se anda con cuentos. Ha pintado unas bodas para que nadie se lleve a engaño. Lujosas, de alcurnia, en el mejor salón de bodas. Nada de unas bodas de pueblo con escasos recursos. Nada de una celebración con escaseces. Nada de un asiento vacío. Tintoretto ha ideado, para este milagro, el cual es un milagro poco apto para ser imitado, una boda palaciega, una boda no solamente para la complacencia de los contrayentes sino para la complacencia y el comentario de los asistentes. Una boda con todos los recursos para el boato, para el lucimiento, para amistades cercanas y lejanas, para gentes con etiqueta de compromiso. Una boda para que aparezca en primera página. Una boda de sociedad. Una boda para que no falte de nada. Pero que, incomprensiblemente, en una boda así, comenzó a escasear el vino.
Precisamente el vino. ¿Qué es una bada con escasez de bebida? ¿Qué dirán los comensales? ¿Cómo titularán los medios? ¿A quién habrá que pedir cuentas? ¿Cuántas amistades se desgajarán por culpa de quien no supo planificar todos los pormenores de la comida y la bebida, de la música, del alboroto, de los chistes inevitables, de los arrumacos? ¿Cómo una boda así, que será boda de boca en boca por toda la ciudad y por mucho tiempo, y que cuando el tiempo transcurran, todavía continuarán comentando: te acuerdas de la boda de Caná?. ¡Qué derroche! ¡Qué lujo!
Pues comenzó a escasear el vino. Ya andaba la escasez recorriendo el comentario, de boca en boca: ¡dicen que no hay más vino! Nadie puede creer que en una boda así, donde hay de todo, falte la bebida. ¡No lo creo! ¡Será una broma!
- Jesús, que dicen que no hay más vino.
- ¡Tonterías!
- María, dile a Jesús que no hay más vino.
- ¿Y qué va a hacer Jesús?
- No sé, que hable y excuse.
- Hijo, se les ha acabado el vino.
- Pues que sirvan agua.
- ¡Cómo van a servir agua!
- Que la sirvan.
- Dice mi hijo que sirvan agua.
- ¿Agua?
- No queda otra.
Sirven agua y ni el color se nota. Sirven agua y beben. Y comienza el chismorreo. Y los incrédulos dicen:
- ¡Esto no es agua!
Y los que vacían los cántaros dicen:
- Es agua.
Se ha salvado la fiesta. Los casamenteros pueden continuar la fiesta. Las páginas de sociedad puede que lo comenten, puede que no. Pero lo hecho, hecho está. Así lo explica Tintoretto con su pincel.
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