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El jardín de las delicias (El
Bosco)
EL JARDÍN
De entrada, no es un jardín ordenado, sino un revoltijo de todo lo que en un jardín puede darse pero que, normalmente sólo se da a cuentagotas. Es el mundo concentrado en un jardín para todas las delicias imposibles, pues el Bosco es de esos creyentes que creen en una religiosidad avocada a desprenderse de un pecado que llevan desde el nacimiento.
Revueltos y todo, no parecieran desentenderse sino entenderse perfectamente en ese camino hacia la consecución de sus delicias. Delicias fundamentalmente carnales, como puede apreciarse por el comportamiento de los desnudos, por el comportamiento de los cuerpos, de las poses, de los encuentros, de los desencuentros. Porque, para la religiosidad de El Bosco no hay más pecado que el de la desnudez, que fue el inventado en el jardín del que todos estos mortales fueron expulsados. Y la naturaleza original los impulsa a seguir pecando, pues no otro es el destino que les queda. Puede que haya arrepentimientos, puede que alguno se escape de la masacre última, de ese juicio final que reparte a un lado los buenos, escasos, y a otro los malos, multitud.
El resto de los pecados capitales, a los que también el pincel de El Bosco se afanó, serían menos consistentes si no anduviera, entre ellos, hurgando siempre, el de la desnudez caprichosa, el de las uniones carnales en cualquier rincón, hasta en el descampado, sin vergüenza, sin miramientos.
Desde esa laguna original, desde ese madroño central, se escurren todos los caminos para todos los vicios, y por ellos los humanos transcurren sin remedio. Muchos afanes deliciosos y momentáneos en este mundo para la suerte que les espera. Ya tiene el pincel de El Bosco preparado el último panel del cuadro para que conducirlos a su destino eterno: el infierno. Así que la predicación pictórica de este religioso pincel fanático del pecado y su degradación grita la fatuidad de tanto empeño en una desnudez persistente.
Sí se ha esmerado el pincel de El greco en colores ágiles, en colores menos tenebrosos, en colores a la vista. Pero lo hace solamente para que la vista se degrade, para que la vista no consienta en esos desnudos humanos que no están para ser admirados sino para ser repudiados. El incapaz El Bosco de pintar una Venus floreciente, pues esas visiones son paganas y, por ende, censuradas para su pincel. Así es que este jardín de las delicias es una metáfora que indica que tales delicias son flores de un día, las únicas que se dan en el jardín de este mundo, pues este jardín de El Bosco es un jardín sin flores.
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