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Santo Domingo en oración  ORACIÓN DEL DOMINGO

No sé si es por la devoción que profeso a los dos, a Domingo de Guzmán y a El Greco, pero este santo Domingo en oración me gusta, y lo conservo como estampa. De vez en cuando lo miro, que es mi manera de rezarle, y quedo contento. Es esta representación de El Greco un santo Domingo de raigambre castellana, sin los aspavientos místicos de otros santos. A Domingo de Guzmán no se le conoce como santo penitente, a pesar de que en Segovia yo recé en la cueva donde, aseguran, se retira a escondidas para flagelarse. Me dijeron que en las paredes terrosas todavía podían apreciarse algunas manchas de la sangre esparcida por los latigazos, pero yo no la vi. Aquellas manchas podían ser de cualquier cosa pero, de sangre, no. No obstante, siempre produce escalofríos, a la edad de diecinueve años, entrar en estos lugares. Desde entonces he regresado muchas veces a Segovia, y estoy a punto de regresar pero, lo confieso, no he cedido a la tentación de retornar a la cueva de la devoción dominicana. Y creo que la culpa la tiene este retrato de Domingo en oración pintado por El Greco.
También El Greco tuvo la tentación del pincel de conducir a Domingo a la cueva, a la de Segovia o a cualquier otra, pero no se atrevió. Para que quede constancia, ahí esas dos rocas de un espiritual desierto místico que solamente sirven para sostener al cruz ante la que el santo castellano se inclinaba, para rezar.
Las meditaciones, los éxtasis de Domingo, son interiores, no como los de San Francisco de Asís, que eran naturales. Las meditaciones de los dominicos se alimentan en los libros, sobre todo en el evangelio de San mateo, que era el que Domingo siempre llevaba en su mochila; las de los franciscanos, en el libro de la naturaleza, que es de donde procede todo éxtasis natural.
Esta oración pintada por El Greco es más una meditación, una lectura de Domingo sobre el libro del Crucificado, para aprender bien los pasos a seguir por esos caminos francesas, cuando tenga que discutir con los albigenses los dogmas consagrados. No en balde el lema de los dominicos es Veritas: la Verdad, para que la predicación fluya sin fisuras.
Digo, entonces, que esta oración pintada por El Greco es una oración intelectual, de santo de letras, de santo de ciudad y universidad más que de desierto, de hombre que sabe que hay que abrir las puertas de los conventos para transitar los caminos y detenerse en las plazas, enseñar desde los púlpitos de las aulas. Por eso me gusta este cuadro de El Greco, porque ha sido inspirado por la inspiración vocacional de Domingo de Guzmán, el castellano.