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El libro secreto de Jaime |
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Capítulo 1:1
Jaime escribiendo a... ¡La Paz sea
contigo de la Paz! ¡El Amor del Amor! ¡La Gracia de la Gracia! ¡La Fe de
la Fe! ¡La Vida de la Vida santa! 2 Como me has
pedido que te mandara un libro secreto revelado a mí y a Pedro por el
Señor, no podía rechazarte ni rehusarme. Así que lo he escrito en hebreo y
te lo he mandado a ti y sólo a ti. 3 Pero,
considerando que tú eres un ministro para la salvación de los santos,
trata de tener cuidado de no comunicar este libro a mucha gente, pues el
Salvador ni siquiera quería comunicárnoslo a todos nosotros, sus doce
discípulos.
4 Sin embargo,
bienaventurados los que se salvarán a través de la fe de este tratado. 5 Hace diez
meses que envié otro libro secreto que el Salvador me reveló. Piensa en
este libro como una revelación a mí, Jaime.
6 En cuanto a
éste... 7 Los doce
discípulos estaban sentados juntos, y recordando lo que el Salvador le
había dicho a cada uno de ellos, ya fuese en secreto o abiertamente,
organizando sus recuerdos en libros. Yo, por mi parte, estaba también
escribiendo mi libro. 8 He aquí que
el Salvador apareció. Nos había abandonado, y nosotros habíamos estado
esperándole. 9 Quinientos
cincuenta días después de que resucitara de entre los muertos, nosotros le
dijimos: «¿partiste y nos dejaste?». 10 Jesús dijo:
«No, pero volveré al lugar de donde vine. Si deseáis venir conmigo,
¡venid!». 11 Contestaron
todos ellos y dijeron: «Si tú nos lo ordenas, iremos». 12 Él dijo: «En
verdad os digo: ninguno de vosotros entrará jamás en el reino de los
cielos porque yo lo ordenara, sino más bien porque vosotros mismos estáis
saciados.
13 Dejad a
Jaime y a Pedro conmigo, para que yo pueda saciarlos». 14 Después de
llamar a los dos, se los llevó aparte, y ordenó a los otros que siguieran
con su trabajo.
Capítulo 2:1
El Salvador dijo: «Habéis
sido tratados bondadosamente... 2 ... no habéis
entendido– ¿no queréis ser saciados? 3 Vuestros
corazones están embriagados– ¿no queréis estar sobrios? ¡Qué vergüenza! 4 A partir de
ahora, despiertos o dormidos, recordad: Habéis visto, habéis hablado y
habéis escuchado al Vástago de la Humanidad. 5 ¡Hay de los
que han visto al Vástago de la Humanidad! 6
Bienaventurados los que no han visto, que no se han unido a, que no han
hablado con, y que no han escuchado nada de este Ser Humano: ¡vuestra es
la vida! 7 «Entended
esto: el Vástago de la Humanidad os curó cuando estabais enfermos, para
que pudierais reinar. 8 ¡Ay de los
que han encontrado reposo en su enfermedad, porque volverán a estar
enfermos! 9
Bienaventurados los que jamás han estado enfermos, pero que han sabido del
descanso antes de enfermar: ¡el reino de Dios es vuestro! 10 «Por esta
razón os digo: saciaos y que no haya espacio vacío dentro de vosotros,
pues de lo contrario el que ha de venir puede reírse de vosotros». 11 Entonces
Pedro contestó: «He aquí que tres veces nos has dicho que nos saciemos,
pero ya estamos saciados». 12 El Salvador
contestó y dijo: «Os he dicho que os saciéis para que no carezcáis de
nada, ya que los que carecen no se salvarán. Así, estar saciado es bueno y
carecer es malo. 13 Pero también
es bueno que carezcáis, pero malo para vosotros estar saciados. 14 Porque los
que están saciados también carecen, y una persona que carece no está
saciada de la misma manera que otra. La que está saciada, empero, se
vuelve suficientemente perfecta. 15 Por ende,
deberíais carecer cuando podéis estar saciados, y estar saciados cuando
podéis carecer, pues entonces podéis ser saciados aún más. 16 Así que
estad saciados de espíritu pero carentes de razón humana, pues la razón
humana es sólo razón humana, y el alma, también es sólo alma».
Capítulo 3:1
Yo contesté y le dije: «Señor, podemos obedecer si lo deseas, pues hemos
dejado a nuestros padres, a nuestras madres y nuestras ciudades, y te
hemos seguido. 2 Mas danos los
medios de evitar la tentación del diablo perverso». 3 El Señor
contestó y dijo: «¿Cuál es vuestra recompensa si cumplís con la voluntad
del Padre, pero no recibís lo que al Padre da a los tentados por Satanás?
4 Pero si sois
afligidos y perseguidos por Satanás, y cumplís la voluntad del Padre, Yo
os digo esto: 5 el Padre os
amará, y os hará mis iguales, y pensará que os habéis convertido en
amados, a través del pensamiento anterior del Padre, por vuestra libre
elección. 6 «¿No
abandonaréis el amor a la carne y el temor al sufrimiento? ¿No lo sabéis? 7 Todavía no
habéis sido insultados, todavía no habéis sido acusados en falso, todavía
no habéis sido arrojados a la prisión, todavía no habéis sido condenados
injustamente, todavía no habéis sido crucificados sin motivo, y todavía no
habéis sido enterrados en el suelo, como yo lo fui por el maligno. 8 ¿Os atrevéis
a pasar sin la carne, vosotros a quienes el espíritu rodea como a una
muralla? 9 Pensad cuanto
tiempo ha existido el mundo antes que vosotros, y cuánto tiempo durará
después de vosotros. Entonces descubriréis que vuestra vida no dura más
que un solo día, y vuestro sufrimiento más que una sola hora. 10 Porque lo
que es verdaderamente bueno jamás será parte de este mundo. 11 Desdeñad,
pues, la muerte, mas amad la vida. Recordad mi cruz y mi muerte, y
viviréis». 12 Yo contesté
y le dije: «Señor, no nos hables de tu cruz y muerte, pues están lejos de
ti». 13 El Señor
contestó y dijo: «En verdad os digo: nadie que no crea en mi cruz se
salvará, pues el reino de Dios pertenece a aquellos que creen en mi cruz. 14 Buscad,
pues, la muerte como los muertos buscan la vida, pues lo que los muertos
buscan se les hace claro. ¿Qué preocupación podrían tener entonces? 15 Cuando
vosotros, del mismo modo, preguntéis por la muerte, os enseñará sobre la
elección. 16 «En verdad
os digo: nadie se salvará entre los que temen a la muerte. Porque el reino
de la muerte pertenece a los que se dan muerte a sí mismos. 17 ¡Sed
superiores a mí!
Capítulo 4:1
Entonces yo pregunté: «Señor, ¿cómo podemos profetizar a los que nos piden
que les profeticemos? Pues muchas personas nos lo piden, y esperan oír un
sermón de nosotros». 2 El Señor
contestó y dijo: «¿No sabéis que la cabeza de la profecía fue eliminada
con Juan?». 3 Yo dije:
«Señor, ¿es en verdad posible eliminar la cabeza de la profecía?». 4 El Señor me
dijo: «Cuando comprendas lo que es la cabeza, y que la profecía sale de la
cabeza, entonces comprende lo que esto significa: su cabeza fue eliminada. 5 «Al principio
hablé con vosotros por medio de parábolas, mas vosotros no comprendíais.
Ahora hablo con vosotros claramente, y seguís sin percibir. 6 Sin embargo,
vosotros hacíais de parábola cuando yo hablaba en parábolas, y de
manifestación cuando hablaba claramente. 7 «Haced cuanto
podáis para ser salvados sin que os apremien.
8 Más bien,
espoleaos y alcanzad la meta antes que yo si podéis. Entonces el Padre os
amará. 9 «Odiad la
hipocresía y el pensamiento perverso. Pues tal pensamiento produce
hipocresía, y la hipocresía está lejos de la verdad. 10 «No
permitáis que el reino de los cielos se consuma. Pues es como un retoño de
palmera que dejó caer sus dátiles a su alrededor. Produjo capullos, y
después de que crecieran, el tallo se secó.
11 Esto es lo
que le pasó al fruto que nació de esta raíz única. Después de ser
cosechado, muchos retoños nuevos produjeron más dátiles.
12 Ciertamente
sería bueno que este nuevo crecimiento pudiera producirse ahora, para que
vosotros pudierais encontrar el reino. 13 «Fui
glorificado así en una ocasión anterior. ¿Por qué, pues, me retenéis
cuando ansío marcharme? 14 Después de
mi sufrimiento hicisteis que me quedara con vosotros otros dieciocho días
debido a las parábolas.
15 Para algunas
personas fue suficiente escuchar mis enseñanzas y comprender estas
parábolas: los Pastores, la Semilla, el Edificio, las Lámparas de las
Vírgenes, los Salarios de los Obreros, las Monedas, y la Mujer. 16
«Entusiasmaos con la palabra. Porque el primer aspecto de la palabra es la
fe, el segundo es el amor, el tercero son las buenas obras, y de éstas
nace la vida. 17 «Porque la
palabra es como un grano de trigo. Después de plantarlo, el agricultor
tenía fe en él. Cuando echó retoños, él lo amó, pues ahora veía muchos
granos en lugar de uno solo. 18 Y después de
hacer el trabajo, se salvó: preparó el grano como alimento, y guardó un
poco para plantar de nuevo. 19 «Así es
también como podéis alcanzar el reino de los cielos. Si no lo conseguís a
través del conocimiento, no podréis encontrarlo.
Capítulo 5:1
«Por esto os digo: ¡vivid sobriamente! ¡No os dejéis llevar por el mal
camino! A menudo os he dicho a todos juntos, y también os he dicho a
solas, Jaime: ¡salvaos!
2 Os he
ordenado seguirme, y os he enseñado a actuar ante los gobernantes. 3 «Tomad nota:
bajé, hablé, fui afligido, y gané mi corona cuando os salvé. 4 Porque bajé a
morar con vosotros, para que también vosotros pudierais morar conmigo.
Pero cuando me encontré con que vuestras casas estaban sin tejado, moré en
otras casas que pudieron recibirme cuando bajé. 5 «Confiad,
pues, en mí, amigos míos. Comprended lo que es la gran luz.
6 El Padre no
me necesita, pues un padre no necesita un vástago. 7 Mas bien, un
vástago necesita un padre. A él voy, pues el Padre del Vástago no os
necesita. 8 «Escuchad la
palabra, comprended el conocimiento, y amad la vida. Entonces nadie os
perseguirá y nadie os oprimirá, a menos que vosotros os lo hagáis a
vosotros mismos.
Capítulo 6:1
«¡Vosotros, gente miserable!
¡Vosotros, desafortunados! ¡Vosotros, aspirantes a la verdad! ¡Vosotros,
falsificadores del conocimiento! 2 ¡Vosotros,
pecadores contra el espíritu! ¿Por qué seguís escuchando cuando desde el
principio deberíais haber estado hablando?
3 ¿Por qué
dormís cuando desde el principio deberíais haber estado despiertos, para
que el reino de los cielos pudiera recibiros?
4 En verdad os
digo: es más fácil que una persona santa se hunda en la inmundicia, y que
una persona iluminada se hunda en las tinieblas, que vosotros reinéis. ¿No
es cierto? 5 «Recuerdo
vuestro llanto, vuestro luto, y vuestro dolor: nos van muy a la zaga.
6 Así que
ahora, vosotros que vivís fuera de la herencia del Padre, llorad cuando
debáis, y lamentaos, y predicad lo que es bueno, pues el Vástago está
ascendiendo, como es debido. 7 «En verdad os
digo: si yo hubiera sido enviado a personas que quisieran escucharme y
hubiera hablado con ellas, jamás habría bajado a la tierra. ¡Deberíais
estar avergonzados! 8 «He aquí que
os dejaré. Me iré, y no quiero estar más tiempo con vosotros, justamente
como vosotros no queréis esto. ¡Daos prisa, pues, y seguidme! 9 «Por esto os
digo: Bajé por vuestra causa. Vosotros sois amados. Vosotros traeréis vida
a muchas personas. 10 Acudid al
Padre, rogad a Dios frecuentemente, y Dios os dará. 11
Bienaventurado quien os haya visto con Dios, cuando Dios sea proclamado
entre los ángeles y glorificado entre los santos: ¡la vida es tuya! 12 Sed felices
y alegraos como hijos de Dios. Cumplid la voluntad de Dios, para que
podáis ser salvados. Aceptad correctivos de mí, y salvaos. 13 Yo estoy
intercediendo por vosotros ante el Padre, y el Padre os perdonará muchas
cosas».
Capítulo 7:1
Cuando oímos estos comentarios, nos entusiasmamos, pues nos habíamos
entristecido a causa de lo que describimos antes. 2 Mas cuando el
Señor vio que éramos felices, dijo: «¡Hay de los que no tenéis quien os
ayude! ¡Ay de los que necesitéis la gracia! 3
Bienaventurados los que se han vuelto confiados y han encontrado la gracia
por sí mismos! 4 «Comparaos
con forasteros. ¿Cómo los ven en vuestra ciudad? ¿Por qué ansiáis
desterraros y vivir lejos de vuestra ciudad?
5 ¿Por qué
desalojáis vuestra vivienda y la preparáis para los que quieren vivir en
ella? ¡Vosotros, exiliados y fugitivos! 6 ¡Ay de
vosotros, pues seréis capturados! 7 «¿Qué creéis?
¿Que el Padre es un amante de la Humanidad? ¿Que influyen en él las
plegarias? ¿Que es gracioso con una persona debido a otra? ¿O que tolera a
cualquiera que esté buscando? 8 «Porque el
Padre sabe del deseo, y de lo que la carne necesita: la carne no anhela el
alma. 9 Porque el
cuerpo jamás peca aparte del alma y el alma nunca se salva aparte del
espíritu. 10 Pero si el
alma se salva del mal, y el espíritu también se salva, entonces el cuerpo
es libre de pecado. 11 Porque el
espíritu anima el alma, pero el cuerpo mata el alma. Dicho de otro modo,
el alma se mata a sí misma. 12 «En verdad
os digo: el Padre ciertamente no perdonará el pecado del alma o la culpa
de la carne. 13 Pues nadie
que haya llevado la carne se salvará. ¿Creéis que muchos han encontrado el
reino de los cielos? 14
¡Bienaventurado el que se imagina a sí mismo como el cuarto en el cielo!».
Capítulo 8:1
Cuando oímos estos comentarios, nos entristecimos. Pero cuando el Señor
vio que estábamos tristes, dijo: «Por esto os digo que podéis conoceros a
vosotros mismos. 2 «Porque el
reino de los cielos es como una espiga que crece en un campo. Cuando
estuvo madura, esparció sus semillas, y llenó el campo de espigas para
otro año. 3 «Lo mismo
vosotros: apresuraos a cosechar para vosotros mismos una espiga viva, para
que podáis saciaros del reino. 4 «Mientras yo
esté con vosotros, escuchadme y confiad en mí. Mas cuando esté lejos de
vosotros, recordadme. 5 Recordad que
estuve con vosotros y vosotros no me conocisteis. 6
¿Bienaventurados los que me han conocido! 7 ¿Ay de los
que han oído pero no han creído! 8
¡Bienaventurados los que no han visto pero, pese a ello, han creído!
9 «Una vez más
os insto: Estoy apareciendo ante vosotros y construyendo una casa que os
es muy útil. 10 Podéis
encontrar cobijo en ella, y permanecerá en pie junto a la casa de vuestros
vecinos cuando su casa amenace con derrumbarse. 11 «En verdad
os digo: ¡Ay de aquellos por quienes fui enviado abajo! 12
¡Bienaventurados los que han de ascender hasta el Padre! 13 «Otra vez os
amonesto, a vosotros que existís: sed como los que no existen, para que
podáis morar con los que no existen. 14 «No dejéis
que este reino de los cielos se vuelva un desierto dentro de vosotros. No
os enorgullezcáis a causa de la luz que trae iluminación.
15 Mas bien
comportaos con vosotros mismos como también yo me comporté con vosotros:
me puse a mí mismo bajo una maldición por vuestra causa, para que
pudierais salvaros».
Capítulo 9:1
Pedro contestó a estos comentarios y dijo: «Señor, a veces nos instas a
seguir hacia el reino de los cielos, pero otras veces nos rechazas. 2 A veces nos
alientas, nos empujas hacia la fe, y nos prometes vida, pero otras veces
nos arrojas del reino de los cielos». 3 El Señor
contestó y nos dijo: «Os he presentado la fe muchas veces. Y, Jaime, me he
revelado a ti, pero tu no me conociste. 4 Ahora vuelvo
a ver que a menudo eres feliz. Pero aunque estás encantado con la promesa
de vida, estás triste y pesimista cuando recibes enseñanza sobre el reino. 5 «Sin embargo,
has recibido vida a través de la fe y el conocimiento. No hagas caso,
pues, de las palabras de rechazo cuando las oigas. 6 Pero cuando
oigas hablar de la promesa, alégrate más aún. 7 «En verdad os
digo: quien reciba vida y crea en el reino nunca abandonará el reino, ni
siquiera si el Padre desea expulsar a tal persona. 8 «Esto es todo
lo que voy a deciros. Ahora ascenderé al lugar del que vine. 9 Cuando
ansiaba ir, vosotros me expulsasteis, y en lugar de acompañarme, me
perseguisteis. 10 «Estad
atentos a la gloria que me está esperando. Cuando hayáis abierto vuestros
corazones, escuchad los himnos que me aguardan en el cielo. 11 Porque hoy
debo ocupar mi lugar a la diestra de mi Padre. 12 «Os he dicho
mi última palabra. Me voy: un carro espiritual me ha subido, y ahora me
desnudaré para poder vestirme. 13 «¡Estad
atentos! Bienaventurados los que predicaron el evangelio acerca del
Vástago antes de que el Vástago bajase: porque cuando vine, pude ascender
otra vez. 14
Bienaventurados tres veces los que fueron proclamados por el Vástago antes
de que nacieran: porque vosotros podéis compartir la salvación con ellos».
Capítulo
10:1 Cuando el Señor dijo
esto, se fue. Nosotros (yo y Pedro) nos pusimos de rodillas y dimos
gracias, y elevamos nuestros corazones al cielo. 2 Oímos con
nuestros oídos y vimos con nuestros ojos el ruido de guerras, un
trompetazo, y un gran tumulto. 3 Cuando
pasamos aquel lugar, enviamos nuestras mentes más lejos.
4 Vimos con
nuestros ojos y oímos con nuestros oídos himnos, alabanzas angélicas, y
Angélico regocijo. Majestades celestiales estaban cantando himnos, y
también nosotros nos regocijamos. 5 De nuevo
después de esto deseamos elevar nuestros espíritus hacia la majestad
divina. Después de ascender, sin embargo, no se nos permitió ver u oír
nada.
6 Porque los
otros discípulos nos llamaron y nos preguntaron: «¿Qué oísteis del
Maestro? ¿qué os dijo? ¿Adónde fue?». 7 Nosotros les
contestamos: «Ascendió: nos dio su mano derecha, y prometió vida para
todos nosotros; nos mostró niños que se venían detrás de nosotros , y nos
ordenó que los amásemos, toda vez que por ellos debemos ser salvados». 8 Cuando los
discípulos oyeron esto, creyeron la revelación, pero se enfadaron por
aquellos que nacerían.
9 Yo no quise
ofenderles, así que envié a cada uno de ellos a un lugar diferente. 10 Yo mismo
subí hasta Jerusalén y rogué que pudieran compartir la salvación con los
amados que han de aparecer. 11 Ruego que
esto empiece con vosotros.
12 De esta
manera puedo salvarme, dado que las personas de quienes hablo serán
iluminadas a través de mí por mi fe, y a través de otra fe todavía mejor
que la mía. Porque yo quiero que la mía sea una fe inferior. 13 Procurad,
pues, ser como estas personas, y rogad que podáis compartir la salvación
con ellas. Porque el Salvador nos dio la revelación por las personas que
he mencionado. 14 Por cuenta
de ellas nosotros, a nuestra vez, proclamamos una parte en la salvación
con ellas, aquellas para quienes el mensaje fue proclamado, aquellas a
quienes el Señor ha hecho vástagos suyos.
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