Ella es MAMEN DOMÍNGUEZ

 

Aunque su nacimiento se produjera en Barcelona, donde recibió la sabia que luego haría descollar las ramas de su arte, su pronto afincamiento en Córdoba – ciudad donde reside y desde donde proyecta su labor artística – modela casi definitivamente su carácter, por lo que su vinculación al ser y sentir andaluces puede afirmarse plena.

Mamen Domínguez es una artista de lo sensotáctil. La fuerza que la empuja hacia la creación nace de una profunda necesidad interior por expresar lo más recóndito – y a la vez más natural – que nace de su fina sensibilidad, siempre acompañada de un conato de deseo de sacarla hacia fuera, de no dejarla “quemando” por dentro. A veces esa necesidad nace como rebelión ante las injusticias de la vida, aquellas que suceden a los seres diarios que la rodean; cuando no de esas injusticias del mundo en general que día a día percibimos por la prensa, en la lejanía, como si no fueran nuestras. En estos casos su obra no queda exenta de cierta crítica social, no siempre perceptible a primera vista, no siempre evaluable de manera directa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

José María Palencia Cerezo

Crítico de Arte

Una especie de metalenguaje va a estar siempre escondido en las creaciones de Mamen Domínguez, a veces culto sobremanera porque cultura no le falta y a veces obvio por su primaria simbología, y que por lo general habla del acercamiento a la naturaleza y a la tierra, o a todo aquello que vamos perdiendo con los años y que sólo la magia del arte asume plenamente y revela a todo aquel que tenga suficientes dotes para comprenderlo. Y es que Mamen Domínguez también cree en la magia, entiende de energías sobrenaturales, cree que es posible curar sin acudir a la ciencia, y es partiendo de ahí desde donde bascula el epicentro de su fuerza.
Por todo ello, donde más a gusto se siente es manipulando la materia, dando forma y color allí donde existe en principio la nada, el vacío primigenio. Ya sea oxidando la madera, manipulando y torciendo la arpillera, envolviendo redes contra redes, situando en el cuadro o la escultura elementos metálicos plenos de sentido antropológico, o simplemente dando color en gruesas capas mezcladas con tierras, donde las texturas van a llamar al roce o invitar al toque, en aras del descubrimiento de aquello que la artista sintió cuando la estaba creando….con objeto de que el otro descubra todos y cada uno de los pensamientos y sensaciones nacidas a lo largo del proceso creativo.