A todos los seres de Paz

(Gracias, Cristobal, por la matización de los errores que, como buen amigo, me señalaste y de los que estoy  de acuerdo contigo y he añadido en negrita)

Hoy es un día más. Pero no un día cualquiera, hoy es un día que he de vivir intensamente, que deseo vivir activamente: un día como todos los días de mi vida.

Hoy es el día de Navidad. Hoy, que siempre es un hoy nuevo, es ya el preámbulo al nuevo año, es tiempo de rememorar aquello que, aun siendo pasado, hizo mella en nuestras vidas y que recordaremos cada año como algo que nos tocó vivir como testigos de cargo.

            El año ha sido muy agridulce. Cada 24 horas de sus trescientos sesenta y cinco días del los que hemos de vivir del 2.005 nos preguntaremos por qué, por qué ha sido 2.004 un año tan especial, y si podremos hacer algo para que el futuro sea más digno para nosotros, aquellos que vivimos cada momento en la Península Ibérica, donde han ocurrido tan execrables actos. Una parte de ese lugar del que ya da turbación decir su nombre: España.

  Aún resuena en nuestras mentes ese silencio, ese terrible silencio que dejó el once de marzo en todos los corazones de los ciudadanos bien nacidos. También resuena insistentemente en nuestras mentes y, lástima, mucho más en los que sufrieron directamente las consecuencias, las palabras de todos los políticos, sin excepción, ahondando la herida que no logra cerrarse ante el recuerdo de aquellos momentos. Es seguro, no lo dudo, que el dolor de todos nuestros representantes fue real, monstruoso y lacerante. Pero pasado aquellos dolorosos días, enterrados tantos y tantos muertos, cicatrizadas las heridas de la carne, ya se encargan de abrirnos la cerradura del recuerdo en provecho de sus partidos, y, no, no se salva ni uno de ellos.

            Si bien es cierto que la posición de nuestro anterior gobierno ante la guerra de Irak, fue una decisión desafortunada, pero, ojo, no sólo de la actual, también fue desafortunada la anterior (aún cuando fuera apoyada por la ONU)  contra el mismo país y que originó el padre del actual presidente de Estados Unidos de Norteamérica y apoyada por un gobierno nuestro distinto del color del de los últimos ocho años; quería decir que ningún terrorista merece que se le de la opción del derecho de reciprocidad ni que se mezcle sus inhumanos y cobardes actos con las decisiones políticas o de las responsabilidades por decisiones de un gobierno. Pues eso es lo que están haciendo nuestros representantes políticos, tanto unos como otros, y lo curioso es que ninguno ha reconocido equivocarse en nada. Si Cristo les dijera aquello de “la primera piedra” la piedra quedaría en el suelo, ninguna podría ser lanzada. 

 La altanería de Aznar y la ofuscación con la autoría de ETA en el 11M de todo su  equipo, así como la falsa consensualidad de Zapatero, y no digamos el egoísmo de los partidos que le apoyan, necesitados, más que necesitados hambrientos de poder; oportunistas que ven la opción ante un partido débil de llevarse un trozo del pastel más grande, nos ha llevado a ver un espectáculo bochornoso de la clase política.

 Han usado a las victimas como arma arrojadiza para, cada cual en defensa de su partido, el primero para no reconocer un error político, y el segundo para no ceder a reconocer que el premio, totalmente legitimo, que recibieron de los españoles, (aún creo que nos podemos llamar así, peninsulares e isleños) el día 11 de marzo fue por el execrable acto de unos terroristas sin humanidad alguna.

            Los políticos no mienten, tampoco dicen nunca la verdad. Esa “cualidad” es parte de su “profesión”, son lo seres más falsos, nunca con ánimo de ofender, que jamás nos podremos encontrar: hojalata revestida de oro del mayor de los quilates. Pero la política es así, tal parece que tienen prohibido decir ¡no! o ¡sí! de forma que no haya error. No: han de dar vueltas a todo para que a ser posible nadie pueda decir en el futuro que ha dicho alguna de las dos.

            La victimas merecen que se les deje en paz y que los partidos empiecen a demostrar, sin ayuda de la sangre derramada, ni errores de otros, que es lo que tienen para ofrecernos para mejorar el pais y encontrar el tan insistido “consenso” para que, tan terribles actos, no puedan ocurrir nunca más. También para que el partido de gobierno anterior haga acto de contrición y reconozca que se ha equivocado, y que si dijo la verdad por la falsa verdad que le pudieran haberle dicho, eso no le quita responsabilidad política, pues quien se lo dijo estaba bajo su responsabilidad. De hecho el pueblo es sabio y ya se la ha cobrado en las urnas. También merecen que el partido del actual gobierno haga lo propio, y que si bien pudiera ser que no estaba preparado para gobernar por no esperar ganar las elecciones, que aproveche que el pueblo les hemos dado la oportunidad de reparar aquello que es necesario para que podamos sentirnos amparados por la seguridad de unos gobernantes maduros y fuertes. Que ambos partidos mayoritarios cedan terreno, que no vendan sus ideales por apoyos egoístas de unas minorías que, aun siendo tan legítimas como las de cualquiera, no están actualmente capacitadas para ver con amplios ojos la realidad de unas tierras que no necesita, cuando ahora el mundo actual rompe las barreras, que se le pongan nuevas fronteras.

            Queremos la libertad ganada, no queremos ataduras ni nuevas fronteras. No queremos que se vendan nuestras religiones ni nuestras tradiciones, tanto religiosas como paganas, por el miedo a los que nos aterrorizan. Es mejor educar y humanizar a los que creen que el terror es el arma para su libertad, que por miedo a sus actos cederles el derecho a que crean que lo que hacen les da resultado.

            Feliz día, Feliz Navidad, Felices Fiestas. A todos que de corazón amamos, a los hermanos de cualquier color, pais y religión; a los hombres de paz... Y el deseo de que a todos, hombres y mujeres nos llegue la igualdad a vivir justamente.

 

Jonás Diego Villarrubia

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