Nuestros poetas

 

Gregorio Medina Valiente

 

Gregorio Medina, es un hombre que hace del paisaje palabras, pensamientos que traslada a la prosa y poesía de forma impecable y melódica. Colabora de forma desinteresada con La asociación Forma Abierta en la que soporta el laborioso cargo de Secretario.

 

"oigo cantar una pluma..... tu rostro se me escapa nadando"

El Río        

Dormitan barcos en el pantalán        

Una bandada cruza            

y se lleva al sur

instantes y sueños vividos

 

Todo lo fue aquí... lo fue.

 

Del verano, arrancada en el aire,

oigo cantar una pluma.

Agua peligrosa es ahora mi vida,

vivo recuerdo que se hunde

con mi corazón en el río

lagarto que reposa

 

en la hojarasca ardiente.

En lo profundo

los peces esperan un sueño tranquilo

bajo el hielo.

 

Regreso al hogar.

Junto a la puerta se posa la noche,

la escalera... el desván...

¡Lo daría todo por una palabra!

Pienso en ti, que vives en silencio,

y te acaricio en la suave oscuridad,

 tu rostro se me escapa nadando.

 

Me despierta el paisaje...

tan cerca estás de mí

 

 

VIAJE AL FUTURO

 

 

El destino no se narra... se canta... Escuchad.

(León Felipe)

 

 

Hoy mismo he vuelto

de mi viaje hacia al futuro,

a tiempo de escribirte,

aunque nada importante es lo que digo.

La fecha y matasellos

confirman el regreso

a mi tiempo,

a mi edad,

a mi diario.

 

He seguido estelas de vértigo

para escapar de falsos laberintos,

y para no extraviarme

he recogido las migajas

que antes fui dejando en el camino.

 

Llego ahora, desde la tregua

que la vida siempre concede

a las ocasiones perdidas.

Sé que vengo a vulnerar

tu espacio de armonía.

Más, deseo volver a tu presencia,

que adivino cuando miro al pasado.

¿O es al futuro?

 

MIGRACIÓN

 

Al final del estío

el mar se retorcía por el viento de agosto.

Medusas con paraguas lila

llegaron a la costa.

 

También las cigüeñas

emprendieron un largo viaje

en busca de la hierba fresca,

herencia de generaciones.

 

¿Siguen aún esperándolas,

como nosotros,

que siempre quedamos

a la espera de alguien?

 

Al final del estío

no permitas que nada retrase tu éxodo.

Vuela más allá,

hasta la gran naturaleza,

                y quédate.

Aún por un instante,

daré marcha atrás a mi vida,

llamada por la fuente de tu alma.

 

 G. M. V.

 

ENTORNO DE PALABRAS

 

 Desnuda en la penumbra del contexto

                                   no debiera borrar lo sustantivo.

 

 Hoy has vuelto a fingir que nada pasa,

llegas, te instalas en un libro,

y piensas que mañana es otra cosa.

Pero te digo,

debes atemperar el ego,

tener cuidado cuando te pronuncias,

estamos hechos de palabras.

 

 

Pueden atropellarnos con una interjección,

o cocernos en salsa de adjetivos.

También puede romper el verbo la armonía

en el abismo interminable de una tarde.

Conjugar en imperativo el verso,

a esa hora en que llorar es fácil

cuando la fantasía taladra el corazón.

 

 

En medio de sonidos y de ondas

apresadas en vuelos de papel

que afirman, inquieren, divierten,

consiguen el milagro de hilvanar

ideas, que siempre anoto

en el borde amarillo de esta página,

al margen de segundas intenciones.

 

 

Surgen alguna vez, y duele.

Son palabras convictas. 

Te quiebran, te arañan,

en horas de aflicción o de tormenta,

cuando mienten y dicen que te aman.

En esos días, prefiero su silencio.

Otras veces, fragmentos de sol, raíces,

pueden hacer temblar la piedra,

aleteando recuerdos

al suave declinar de las noticias.

 

 

He podido viajar

en la palabra cierta de un amigo,

juglar moderno,

necesario asidero de quimeras.

Escuchar la palabra de los templos,

llegada por encargo de algún dios,

poseído por la mórbida pereza

  del domingo.

 

 

¿Y qué decirte de los cuentos?

Fueron molidos por un tiempo que no pasa,

vivos los ojos y el alma de esponja.

Más tarde, como vidrios rotos

lanzados contra el muro del castillo.

 

 

Tú, que guardas en los espejos

secretos trémulos de la memoria,

abriendo puertas en lo oscuro

para evitar los charcos,

que a veces nos insuflas vida,

confianza, sobre todo libertad.

Tú, que con la verdad a secas

puedes mirar a la cara, promete

izar el estandarte de la boca

y clamar dócil pero firme contra el llanto.

Por que nos mata el corazón,

pero también nos matan las palabras.

 

 

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