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Minutos de Sabiduría

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Así como los universos fueron creados por la palabra de Dios, así también nuestros pequeños mundos personales son creados por nuestras palabras.

Y las palabras son la manifestación del pensamiento, para crear un mundo de paz y belleza, de salud y felicidad, a través de palabras amables y delicadas, corteses y animadoras.

Recuerda que una vez proferida una palabra, nada la destruye.

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El hombre no puede vivir aislado.

Recuerda que cada compañero de jornada es un amigo que te ayuda y a quien tú también debes ayudar.

La cooperaci6n existe entre todas las cosas creadas.

Procura también tú cooperar con todo y con todos, en beneficio de la tierra que te acoge bondadosamente permitiendo tu desarrollo.

Ayuda siempre y no te desanimes jamás.

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No tengas miedo de atraer las críticas.

Si tu manera de comportarte la juzgas buena y los otros la consideran mala, no tengas miedo.

Si temes, atraerás una onda de críticas y murmuraciones.

Si no tienes miedo, nadie se atreverá a hablar de ti.

El miedo irradia fuerzas negativas que atraen críticas.

Si no temes, paralizas las críticas en los demás que se sentirán paralizados y dominados por tu actitud mental positiva.

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No te dejes llevar por el enfado y la impaciencia.

No permitas que la envidia, la malicia, la idea de venganza y de resentimiento aniden en tu mente.

Esas emociones crían molestias en el consciente y actúan negativamente sobre tu cuerpo y sus tejidos, perjudicando la salud.

Cultiva la paciencia, la tolerancia, el perdón y el amor para con todas las criaturas.

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No te desesperes ante las dificultades.

Recogeremos lo que hemos sembrado. Somos esclavos del ayer pero somos dueños del mañana.

Si construiste un presente doloroso, esfuérzate en construir un futuro alegre, saludable, para poder recoger frutos de amor y de felicidad sin límites.

Haz el bien en todas las formas, para preparar un futuro mejor.

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No repitas apresuradamente lo que oyes.

Antes, infórmate de la verdad.

Si fuese mentira, procura desmentirlo.

Si fuese verdad, tampoco lo repitas.

Si no puedes llegar a las evidencias, calla.

La caridad consiste en saber callar los defectos ajenos, como te gustaría que los otros lo hicieran contigo.

Sé prudente: el silencio es oro cuando se calla el error del prójimo.

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El que es valiente, no huye de la batalla de la vida.

Todos tenemos nuestras luchas, pero sólo quien sabe superarlas, puede ser clasificado de héroe, de hombre en todo el sentido de la palabra.

Aprende a merecer el título de hombre, aprende a ser héroe. No te desanimes ante las dificultades.

Enfrenta la vida tal como se presenta, con sus alegrías y dolores, y no pienses jamás en huir cobardemente.

 

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¿Para qué discutir?

Recuerda que muchas veces, un pequeño gesto, una simple acción de bondad, equivalen a millares de palabras que se lleva el viento.

Al que quieras convencer con tus ideas, dale el ejemplo vivo de tus acciones.

Un ejemplo vale mucho más que grandes discursos.

¿Cómo pretendes exigir a los otros si tú no practicas?

Con el ejemplo de tus acciones, conquistarás a todos para tus ideas.

 

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Sé alegre y optimista; Dios está en ti.

No hagas como los tontos que piensan que Dios está muy lejos, sentado en un trono de oro.

Nada de eso.

No lo busques en las nubes, o en las estrellas, tan alto que no puedas encontrarlo.

Él está en ti y te habla silenciosamente, con la voz de la conciencia.

Trata de descubrirlo, viviendo con pureza de corazón y amando a todos como a ti mismo.

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Convéncete de que el mundo no es un parque de diversiones; es un ambiente de trabajo.

No es un feriado que se nos haya otorgado para descansar, sino un curso de aprendizaje intensivo.

Procura, por lo tanto, aprender al máximo, aplicando tu vida en el cumplimiento del mayor de los mandamientos: ama a todos indistintamente y la felicidad habitará en tu corazón.

Vive dando un ejemplo vivo de amor en todas tus acciones.

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Trata de ser alegre y optimista.

Nada en la tierra puede destruir la felicidad del hombre optimista y alegre.

Si te llegaren dolores, recíbelos con calma y no te dejes dominar par ellos.

No cifres tu felicidad en lo que te viene de afuera.

Construye tu felicidad dentro de ti mismo y haz consistir tu alegría en el progreso constante de la vida del espíritu y en la sabiduría del corazón.

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No te dejes abatir por la tristeza.

Todos los dolores terminan.

Espera que el tiempo, con sus manos llenas de bálsamo, traiga alivio.

La acción del tiempo es infalible y nos guía suavemente por el camino seguro, aliviando nuestros dolores, así como la brisa suave mitiga el calor del verano.

Antes de lo que supones, tendrás una respuesta al consuelo que necesitas.

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Sé humilde.

La vanidad es el peor de los defectos, porque nos engaña a nosotros mismos.

Por más sabio que seas, siempre habrá alguien más sabio que tú.

Por más fuerte que seas, habrá alguien más fuerte que tú.

Por lo tanto, sé humilde.

¿Envanecerte de qué?

La vanidad nos hace perder el sentido de las proporciones y terminamos cayendo en el ridículo, porque nos engañamos a nosotros mismos.

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“Si alguien dice que ama a Dios y no ama a su hermano, es un mentiroso”

Esto lo escribió el Apóstol san Juan y expresa una gran verdad.

Dios esta en todas las criaturas.

Por lo tanto, si tenemos odio a alguien, ofendemos al mismo Dios que habita en él.

Demostraremos nuestro amor a Dios, que no vemos, amando a las criaturas que vemos y que viven junto a nosotros.

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No pierdas tu equilibrio interior.

Por grande que sea la tempestad que te envuelve, no pierdas el equilibrio.

Todas las tempestades pasan.

Y si sabemos recibirlas con serenidad, no nos pueden hacer ningún daño.

Jesús dormía dentro de la barca...

Cuando los discípulos lo llamaron asustados, todo se calmó.

Haz lo mismo.

Recurre al Maestro Divino, para que las tempestades se calmen a tu lado.

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No te dejes llevar por el extremismo.

No exageres en más ni en menos.

Permanece en el término medio.

Si corres demasiado, te cansarás.

Si te quedas parado demasiado tiempo, acabarás por gastar el terreno que está debajo de tus pies y, al poco tiempo, estarás pisando una cueva.

No te pares, pero tampoco quieras correr demasiado.

Camina firme y con seguridad, sin prisa, pero no te detengas jamás en el camino del progreso.

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Olvídate un poco de ti mismo y piensa en los demás.

En estas pocas palabras está encerrado el mayor secreto de la felicidad.

Cuando nos preocupamos demasiado de nosotros, nuestros problemas crecen desmesuradamente.

Pero cuando nos olvidamos un poco de nosotros, para cuidar de nuestro prójimo, olvidamos nuestros problemas que se van resolviendo solos.

Entonces, olvídate de ti mismo, y piensa en los demás, y hallarás la felicidad.

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Todos somos iguales ante el Padre que habita en cada uno de nosotros.

Teniendo al Padre en nuestro interior, dare­mos poca importancia a nuestro exterior; si somos blancos o negros, pobres o ricos, de ésta o aquella religión.

Delante de Dios no cuentan las diferencias exteriores; sólo el interior importa; si somos buenos o malos, generosos o avaros, bondadosos o egoístas.

¡Piensa en estas verdades!

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¿Te has acordado de agradecer a Dios por el aire que respiras, desde que naciste, sin que te haya faltado jamás?

El aire está siempre a tu disposición, gratuitamente.

Agradece también a Dios por el agua que te quita la sed, por el sol que ilumina tu día, dándote la oportunidad de trabajar, por la noche que te proporciona el reposo, la salud, la alegría, los amigos...

La gratitud es una obligación que no debemos olvidar jamás.

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¡No tengas miedo!

¿Miedo de qué?

Nuestra vida es eterna, nuestro yo, que es nuestra alma, no muere nunca.

La vida continúa eternamente.

Trata de sentir a Dios palpitar dentro de ti, en los pensamientos que elabora tu cerebro, en la vida que late en tu corazón.

No temas, porque Dios está siempre en ti.

Sigue tu camino seguro y sereno y descubrirás a Dios en todo.

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Trata de vivir constantemente buscando estudiar y aprender cosas útiles y provechosas para ti y para el prójimo.

Cuando dejamos de aprender y de progresar, comenzamos realmente a morir.

Aprende lo más que puedas, en todos los ra­mos del saber, para iluminar al máximo tu espíritu.

Aprovecha todos los minutos para aprender y para aumentar tus conocimientos.

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No confundas cultura con sabiduría.

La cultura viene desde afuera hacia adentro, penetra por los ojos, por los oídos, y puede adherirse o no, en nuestro cerebro.

La sabiduría, al contrario, nace dentro de nosotros y se exterioriza; surge en el corazón y sólo puede ser adquirida por medio de la meditación.

Hasta los analfabetos pueden conseguir la sabiduría, si saben meditar en sus corazones las grandes verdades.

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Despierta para la vida.

Medita en tus responsabilidades ante el mundo y ante Dios.

De ti dependen las personas que te rodean: en la familia, en el trabajo, en la sociedad.

No huyas de las responsabilidades que asumiste.

Realiza tu trabajo con amor, produciendo lo mas que puedas y lo que te permitan tus fuerzas.

En tus manos está una parte del futuro de la humanidad.

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¡Tú no tienes enemigos externos!

Nuestros enemigos son los pensamientos erróneos que todos tenemos y que lanzamos al aire atrayendo pensamientos semejantes en el prójimo.

En realidad, nadie puede ser enemigo nuestro, porque Dios habita en cada uno de nosotros.

Anula las enemistades emitiendo pensamientos de tolerancia y de amor hacia todas las criaturas, que son templos de Dios.

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¡Sé alegre y optimista!

No pierdas el tiempo mirando hacia atrás, para ver lo que ya hiciste.

Mira hacia adelante y camina confiado y alegre, practicando el bien y ayudando a todos.

Extiende tu mano al que se te acerca, di siempre una palabra de consuelo y de cariño, ten para todos una sonrisa de bondad y la verdadera felicidad pasará a ser el clima permanente de tu vida.

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Trata de anular la parte inferior de tu ser, para desarrollar la parte superior.

Los antiguos llamaban "centauros" a los que eran mitad hombre en la parte superior y caballos en la parte inferior del cuerpo.

No seas así.

Procura ser totalmente hombre, venciendo y dominando la parte inferior y animal de tu ser, para que sólo aparezca y sobresalga la parte superior, inteligente y noble.

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Cuántas veces queremos ser buenos y amables, y vemos destruidos nuestros propósitos de virtud.

Pero, ser bueno con quien es bueno, no tiene ninguna dificultad.

El heroísmo consiste, justamente, en ser bueno con quien es malo.

El permanecer sereno ante las personas irritantes.

En ser generoso con las personas egoístas.

Trata de llegar a este punto y demuestra con el ejemplo que tú sabes ser bueno.

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Jamás engañes a los otros, para no ser engañado.

Sé siempre auténtico.

No mientas, para que tu conciencia permanezca tranquila y tu sueño sea sereno.

No vivas en continuo remordimiento y no prepares para ti un futuro doloroso, pues nada hace más infeliz a una persona que el saber que nadie ya confía en ella.

Sé siempre veraz y ganarás muchos amigos leales y sinceros.

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Aprende a amar a todos, indistintamente, para poder encontrar la luz que tanto ansías.

Cuando se trata de ayudar, no hagas distinciones entre sabios e ignorantes, ricos y pobres.

Aprende a llevar consuelo a los tristes y estímulo de comprensión y amor a los que luchan.

¡A cuánta gente puedes tú ayudar con tu palabra, con tu pensamiento!

Ama a todos indistintamente.

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Rodea tu vida con dulces sentimientos de amor.

No tengas prevenciones contra tus semejantes. Si alguien no te comprende, si alguien te hiere o amarga, procura retribuirle con mayor comprensión y con atenciones redobladas.

Sólo el amor es capaz de vencer las barreras de la separación, de acercar a las criaturas, de afianzar amistades.

Entonces, rodea tu vida con dulces sentimientos de amor.

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Anímate para las verdades superiores.

No te ilusiones con las conquistas fáciles, con los placeres transitorios, con las sensaciones efímeras.

Busca intensamente las cosas firmes y duraderas y para eso esparce, en torno tuyo, alegría y optimismo, bondad y amor, que son las bases firmes y eternas de la felicidad que jamás termina.

Sólo el amor construye para la eternidad.

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La muerte no existe.

Si tú perdiste un ser querido, no desesperes;

Ten la certeza de que él no murió.

Sólo cambió de estado, y tarde o temprano lo encontrarás nuevamente.

No lo decepciones, pues, huyendo de la lucha.

No pretendas ser superior a Dios; acepta lo que Dios determinó en su Sabiduría, y serás inmensamente feliz.


 

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Observa lo que acontece en la vida: cuando necesitas alimento sólo tú lo puedes comer.

Nadie puede hacerlo por ti.

Tampoco nadie podrá curarte.

Tú eres la única persona capaz de curarte, de vigorizar tu cuerpo, de liberarte de las enfermedades.

Emite pensamientos optimistas de salud y expulsa de tu organismo todas las molestias.

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La riqueza no depende del dinero que hayas acumulado.

El que tiene riqueza y no sabe ayudar al prójimo es pobre.

Quien guarda con avaricia los dones de Dios, es pobre.

Quien no sabe sacar de sí mismo una palabra de consuelo, una sonrisa de estímulo, es pobre.

Pero aquellos que saben dar de lo poco o na­da que poseen, para ayudar al prójimo, son verdaderamente ricos.

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Conserva tu buen humor en todas las circunstancias.

Procura mantener vivo el buen humor de todos los que te rodean en la vida.

La alegría es una medicina divina.

En cambio, la tristeza nos sumerge en un océano de barro que salpica y ensucia a los que se nos acercan.

También en los sufrimientos y dolores, procura ser alegre, porque es la mejor medicina para conseguir la felicidad.

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Ten la certeza de que la felicidad de tu vida no puede venir de afuera.

Sólo encontrarás la felicidad, cuando la haces nacer dentro de tu corazón, cuando ayudas a todos indistintamente, con tus acciones, con tus palabras, con tus pensamientos.

Piensa siempre bien de todos, disculpando a todos, y sentirás la mayor felicidad de tu vida con la alegría de vivir bien.

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Ayuda a todos sin exigir.

Quien pone condiciones para ayudar, escribió el Marqués de Maricá, está reclamando el pago antes de prestar su dinero.

No pongas condiciones; ayuda siempre con desprendimiento, y no exijas agradecimiento ni gratitud.

No te olvides que cuando ayudas al prójimo, en realidad te estás ayudando a ti mismo.

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"Haz a los otros lo que te gustaría que hiciesen contigo".

Quien profirió estas palabras, Jesús, sabía lo que estaba diciendo.

Si desprecias, serás despreciado.

Si criticas, serás criticado.

Pero si distribuyes bondad, comprensión y amor, recibirás en cambio, amor, comprensión y bondad.

Cada uno recibe de acuerdo a lo que da.

Haz a los otros lo que quieres que hagan contigo.

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Estamos viviendo en el siglo de la luz; no te dejes arrastrar por ilusiones, aunque sean bien intencionadas.

Razona imparcialmente y no aceptes nada sin entender.

Si no entiendes una cosa, no la rechaces.

Trata de profundizaría con el estudio.

No te conformes con la peor de las esclavitudes, que es la esclavitud mental.

Nacemos para ser libres, y sólo lo seremos cuando reaccionamos libremente.

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del Libro "Minutos de Sabedoria", compilado por C. Torres Pastorino, 1960 Ed. Sabedoria, Rio de Janeiro, Brasil