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En la Retuerta de Pina puede verse este antiguo palomar que
marca el inicio de esta ruta.
UN BOSQUE MONÓTONO EN UN AMBIENTE
DIFÍCIL
Solo con caminar unas decenas de
metros por el sabinar es posible darse cuenta de que las
especies y la estructura del bosque se repiten: sabinas
albares en un ambiente adehesado, muy abierto en las partes
bajas; pinos carrascos ocupando la cima de las escasas alturas
de la zona: es la respuesta de la naturaleza al problema de
vivir en un ambiente difícil.
Estamos en el centro de la
depresión del Ebro, con crudas heladas en invierno y calores
tórridos en verano, donde la mayor parte de los años llueve lo
mismo que en un desierto y el suelo, rico en yeso, tiene
abundantes sales que son tóxicas para muchas plantas. Solo las
especies que son capaces de solventar todas estas limitaciones
juntas formarán parte del sabinar de La Retuerta .... y no son
muchas

CADA PLANTA EN SU SITIO
Cuando en
invierno las nieblas impiden que el sol caliente el campo, el
aire frío se deposita en las capas mas bajas de la zona y
pueden ser suficientes solo un par de metros de diferencia de
altura para morir helado o sobrevivir. Es por ello que los
pinos carrascos, árboles mediterráneos, ocupan la cima de los
cerros y las partes altas, dejando los gélidos fondos de valle
para la sabina albar, especie que alcanza su óptimo en las
frías parameras de Teruel y Castilla. Este fenómeno, llamado
inversión térmica, es la causa de que estemos ante el sabinar
a más baja altura del mundo.
Y si el frío
distribuye especies, también lo hace el espesor del suelo. En
las laderas y cimas de los cerros y en las zonas altas, donde
la erosión ha dejado suelos esqueléticos, viven las
formaciones de matorral (romeros, tomillos, jarillas ...)
siempre ralas y con amplias zonas de suelo desnudo, ocupadas
por líquenes en superficie y por una red de raíces someras en
el subsuelo, encargadas de aprovechar las lluvias someras.
Los fondos del
valle, en cambio, con la abundancia de toda la tierra que el
devenir de los siglos ha quitado a las laderas, están ocupados
por praderas de gramíneas estépicas (diferentes estipas,
albardín ...) que, con un sistema radicular muy potente,
impiden la erosión y el establecimiento de otras especies, a
excepción de pequeñas plantas anuales en los claros.
Aún hay un
nuevo elemento que proporciona diversidad a la flora: la
composición del suelo.
Todas las
plantas del sabinar deben poder vegetar sobre el yeso, pero
junto al Hostal del Ciervo, por ejemplo, donde el agua de
lluvia no drena, deteniéndose y bajando en profundidad hasta
disolver las sales del subsuelo subiéndolas a la superficie,
las especies que encontramos son halófilas (amantes de la sal)
como la osagra y la sosa, por lo que se necesita una fina
especialización para expulsar la sal de los tejidos p convivir
con ella.
Otro elemento
perturbador de la uniformidad del yeso es el ganado que, con
sus heces y otros restos orgánicos que su cuidado genera,
contamina el suelo con nitrógeno y motiva la aparición de
plantas adaptadas a su exceso, como el sisallo y la ontina,
con una relación con la oveja casi perfecta. El sisallo es una
planta muy nutritiva y muy apreciada por los rebaños, que
dejarán en el suelo el tributo orgánico que perpetuará la
presencia del sisallar.

Bosques de pinos carrascos y sabinas se intercalan con
cultivos de cereal

UNA FAUNA MUY ORIGINAL
Un bosque en
una llanura desarbolada es un imán para las especies
forestales, y si el bosque es una formación abierta, como
ocurre en el caso del sabinar, pueden vivir también los
animales de la estepa. De aquí viene uno de los atractivos de
La Retuerta, el poder contemplar el vuelo del milano
negro y del águila culebrera junto al de la cogujada y la
terrera marismeña.
La buena
cobertura vegetal favorece también la presencia de mamíferos
como
el zorro, el gato montes o la garduña (siempre esquivos y
detectables solo por sus rastros), además del ciervo (presente
desde hace unos pocos años) y, sobre todo, del conejo. Si bien
las enfermedades diezman las poblaciones de conejo haciendo
imposible que se repitan cacerías como la de José Molinos,
herrero de Gelsa, que mató 185 conejos en una única mañana de
1945 con una escopeta de sólo un tiro, es un animal abundante
todavía y así lo demuestran los
«sirriales»
o
«cagarruteros»
(pequeños escarbadizos donde defecan) con los que marcan el
territorio.
En este
sentido, son los invertebrados los que dan a este sabinar una
impronta de originalidad. El inventario de la fauna de
invertebrados ha
proporcionado más de 5.000 especies presentas, de las cuales
cerca de dos centenares han resultado desconocidas para la
ciencia y deben considerarse, hasta donde sabemos, como
propias del sabinar de La Retuerta. Además, se encontraron
también varias decenas conocidas sólo de los desiertos fríos
de Asia.
Pero, ¿cuál es
el origen de esta fauna tan peculiar?.
Para que
aparezcan nuevas especies se necesita aislamiento y tiempo; y
sabemos que hace 5 millones de años colonizaron la actual
cuenca mediterránea, que estaba seca en aquella época,
animales y plantas que vinieron de las estepas de Asia. Los
avatares de la historia de la Tierra (glaciaciones, períodos
húmedos) extinguieron esos organismos del continente europeo,
dejándolos en su lugar de origen, los desiertos fríos de
Centroasia, y en las estepas del valle del Ebro, manteniéndose
algunas especies tal y como llegaron entonces y apareciendo
otras nuevas al existir una continuidad del clima frío y seco
a lo largo del tiempo. Es por ello por lo que podemos
considerar al sabinar de La Retuerta de Pina como uno de los
paisajes más antiguos de toda Europa.

Conejo de monte - Cernícalo común - Zorro y La viuda negra
(una de las especies endémicas que se pueden encontrar)
P ASTORES Y LABRADORES
No pueden
entenderse los actuales paisajes de la depresión del Ebro sin
la intervención humana y el sabinar de La Retuerta no es una
excepción. Así, el uso ganadero de este bosque ha sido
secular. La oveja fue prácticamente el pilar donde se apoyaba
la economía
de
los secanos, que soportaban cientos de miles de cabezas de
ganado estante y trashumante, de tal manera que se atribuye al
diente y a la pezuña de estos animales el que fuese imposible
la regeneración de unos bosques que fueron talados por los
carboneros el uso de la madera como combustible y viguería.
Para guardar el
ganado, principalmente las ovejas en parición y los corderos,
el paisaje estaba y está salpicado de parideras: corralizas
con cubiertos para proteger los corderos y casa para el
pastor. Estos edificios, junto a los mases, construcciones más
pequeñas utilizadas como refugio para los labradores, se
encuentran abandonados y en ruinas y son un patrimonio
arquitectónico y etnológico que desaparece con cada tejado
hundido y pared derruida.
Y cercano a la
paridera estará el aljibe para abrevar el ganado. Como no hay
manantiales en la Zona, es necesario guardar el agua de lluvia
construyendo los aljibes (agujeros en el suelo revestidos de
cemento para evitar la pérdida de líquido por filtración) en
zonas estratégicas en las que, al llover, recojan más agua por
escorrentía. Al ser los aljibes los únicos puntos de agua del
sabinar, se convierten en lugares de obligada visita para
pardillos, jilgueros, tórtolas y otras especies granívoras y,
por tanto, con gran necesidad de beber.
A finales del
siglo XIX, la ganadería entra en crisis al no poder competir
con la lana australiana y suramericana que traen los nuevos
barcos de vapor (de las 78.000 cabezas de ganado estante
censadas en Pina de Ebro en 1870, se pasan a 30.000 en 1922).
Los ganaderos no pueden impedir ahora que la agricultura
comience una expansión imparable desde las cercanías de los
pueblos y fondos frescos de las vales, cuando las labores se
realizaban con caballerías, hasta alcanzar todo lo arable con
la mecanización del campo a mediados del siglo pasado,
siguiendo como único criterio para roturar si el tractor puede
pasar o no.
Pero hay un
hecho que evita que este sabinar siga los pasos de los
deforestados paisajes de sus alrededores. En 1906, el Estado
enajena estas tierras comunales al Ayuntamiento de Pina y las
pone en venta repartidas en lotes de 700 hectáreas, que
adquiridas sólo por gente adinerada mantienen hasta hoy, donde
las propiedades no se han dividido, un uso lúdico (la caza
principalmente), conservándose el paisaje original.
Es por tanto
importante que el visitante aprecie el valor de este bosque,
tan frágil, única muestra que tenemos de un paisaje antiguo y
amenazado..
De la revista "La Magia de viajar por Aragón"
núm. 17 + Noviembre 2006 |