En el año 1235, Jaime I El Conquistador concedía a los ganaderos de Zaragoza el privilegio de pastar y abrevar sus rebaños libremente en todas las tierras del Reino de Aragón excepto en «las dehesas antiguas de Sena y de Retuerta de Pina que el rey retiene para su singular aprovechamiento. Es hoy La Retuerta un enclave de reconocida importancia ecológica, que hunde sus raíces en excepcionales valores, mantenidos desde la Alta Edad Media.

La Retuerta pertenece al término municipal de Pina de Ebro, en la provincia de Zaragoza, fácilmente localizable en el Km. 381 de la N-II de Zaragoza-Barcelona, a la altura del Hostal del Ciervo, donde los árboles llegan casi hasta la carretera. Es un sabinar-pinar que crece a modo de isla en el mar de tierras deforestadas que son hoy el centro de la depresión del Ebro.

 

TEXTO: Javier Blasco Zumeta

FOTOS: Eduardo Viñuales

En la Retuerta de Pina puede verse este antiguo palomar que marca el inicio de esta ruta.

 

UN BOSQUE MONÓTONO EN UN AMBIENTE DIFÍCIL


Solo con caminar unas decenas de metros por el sabinar es posible darse cuenta de que las especies y la estructura del bosque se repiten: sabinas albares en un ambiente adehesado, muy abierto en las partes bajas; pinos carrascos ocupando la cima de las escasas alturas de la zona: es la respuesta de la naturaleza al problema de vivir en un ambiente difícil.

Estamos en el centro de la depresión del Ebro, con crudas heladas en invierno y calores tórridos en verano, donde la mayor parte de los años llueve lo mismo que en un desierto y el suelo, rico en yeso, tiene abundantes sales que son tóxicas para muchas plantas. Solo las especies que son capaces de solventar todas estas limitaciones juntas formarán parte del sabinar de La Retuerta .... y no son muchas

 

CADA PLANTA EN SU SITIO


Cuando en invierno las nieblas impiden que el sol caliente el campo, el aire frío se deposita en las capas mas bajas de la zona y pueden ser suficientes solo un par de metros de diferencia de altura para morir helado o sobrevivir. Es por ello que los pinos carrascos, árboles mediterráneos, ocupan la cima de los cerros y las partes altas, dejando los gélidos fondos de valle para la sabina albar, especie que alcanza su óptimo en las frías parameras de Teruel y Castilla. Este fenómeno, llamado inversión térmica, es la causa de que estemos ante el sabinar a más baja altura del mundo.

Y si el frío distribuye especies, también lo hace el espesor del suelo. En las laderas y cimas de los cerros y en las zonas altas, donde la erosión ha dejado suelos esqueléticos, viven las formaciones de matorral (romeros, tomillos, jarillas ...) siempre ralas y con amplias zonas de suelo desnudo, ocupadas por líquenes en superficie y por una red de raíces someras en el subsuelo, encargadas de aprovechar las lluvias someras.

Los fondos del valle, en cambio, con la abundancia de toda la tierra que el devenir de los siglos ha quitado a las laderas, están ocupados por praderas de gramíneas estépicas (diferentes estipas, albardín ...) que, con un sistema radicular muy potente, impiden la erosión y el establecimiento de otras especies, a excepción de pequeñas plantas anuales en los claros.

Aún hay un nuevo elemento que proporciona diversidad a la flora: la composición del suelo.

Todas las plantas del sabinar deben poder vegetar sobre el yeso, pero junto al Hostal del Ciervo, por ejemplo, donde el agua de lluvia no drena, deteniéndose y bajando en profundidad hasta disolver las sales del subsuelo subiéndolas a la superficie, las especies que encontramos son halófilas (amantes de la sal) como la osagra y la sosa, por lo que se necesita una fina especialización para expulsar la sal de los tejidos p convivir con ella.

Otro elemento perturbador de la uniformidad del yeso es el ganado que, con sus heces y otros restos orgánicos que su cuidado genera, contamina el suelo con nitrógeno y motiva la aparición de plantas adaptadas a su exceso, como el sisallo y la ontina, con una relación con la oveja casi perfecta. El sisallo es una planta muy nutritiva y muy apreciada por los rebaños, que dejarán en el suelo el tributo orgánico que perpetuará la presencia del sisallar.

Bosques de pinos carrascos y sabinas se intercalan con cultivos de cereal

 

UNA FAUNA MUY ORIGINAL


Un bosque en una llanura desarbolada es un imán para las especies forestales, y si el bosque es una formación abierta, como ocurre en el caso del sabinar, pueden vivir también los animales de la estepa. De aquí viene uno de los atractivos de La Retuerta, el poder contemplar el vuelo  del milano negro y del águila culebrera junto al de la cogujada y la terrera marismeña.

La buena cobertura vegetal favorece también la presencia de mamíferos como el zorro, el gato montes o la garduña (siempre esquivos y detectables solo por sus rastros), además del ciervo (presente desde hace unos pocos años) y, sobre todo, del conejo. Si bien las enfermedades diezman las poblaciones de conejo haciendo imposible que se repitan cacerías como la de José Molinos, herrero de Gelsa, que mató 185 conejos en una única mañana de 1945 con una escopeta de sólo un tiro, es un animal abundante todavía y así lo demuestran los «sirriales» o «cagarruteros» (pequeños escarbadizos donde defecan) con los que marcan el territorio.

En este sentido, son los invertebrados los que dan a este sabinar una impronta de originalidad. El inventario de la fauna de invertebrados ha proporcionado más de 5.000 especies presentas, de las cuales cerca de dos centenares han resultado desconocidas para la ciencia y deben considerarse, hasta donde sabemos, como propias del sabinar de La Retuerta. Además, se encontraron también varias decenas conocidas sólo de los desiertos fríos de Asia.

Pero, ¿cuál es el origen de esta fauna tan peculiar?.

Para que aparezcan nuevas especies se necesita aislamiento y tiempo; y sabemos que hace 5 millones de años colonizaron la actual cuenca mediterránea, que estaba seca en aquella época, animales y plantas que vinieron de las estepas de Asia. Los avatares de la historia de la Tierra (glaciaciones, períodos húmedos) extinguieron esos organismos del continente europeo, dejándolos en su lugar de origen, los desiertos fríos de Centroasia, y en las estepas del valle del Ebro, manteniéndose algunas especies tal y como llegaron entonces y apareciendo otras nuevas al existir una continuidad del clima frío y seco a lo largo del tiempo. Es por ello por lo que podemos considerar al sabinar de La Retuerta de Pina como uno de los paisajes más antiguos de toda Europa.

Conejo de monte - Cernícalo común - Zorro y La viuda negra (una de las especies endémicas que se pueden encontrar)

 

PASTORES Y LABRADORES


No pueden entenderse los actuales paisajes de la depresión del Ebro sin la intervención humana y el sabinar de La Retuerta no es una excepción. Así, el uso ganadero de este bosque ha sido secular. La oveja fue prácticamente el pilar donde se apoyaba la economía de los secanos, que soportaban cientos de miles de cabezas de ganado estante y trashumante, de tal manera que se atribuye al diente y a la pezuña de estos animales el que fuese imposible la regeneración de unos bosques que fueron talados por los carboneros el uso de la madera como combustible y viguería.

Para guardar el ganado, principalmente las ovejas en parición y los corderos, el paisaje estaba y está salpicado de parideras: corralizas con cubiertos para proteger los corderos y casa para el pastor. Estos edificios, junto a los mases, construcciones más pequeñas utilizadas como refugio para los labradores, se encuentran abandonados y en ruinas y son un patrimonio arquitectónico y etnológico que desaparece con cada tejado hundido y pared derruida.

Y cercano a la paridera estará el aljibe para abrevar el ganado. Como no hay manantiales en la Zona, es necesario guardar el agua de lluvia construyendo los aljibes (agujeros en el suelo revestidos de cemento para evitar la pérdida de líquido por filtración) en zonas estratégicas en las que, al llover, recojan más agua por escorrentía. Al ser los aljibes los únicos puntos de agua del sabinar, se convierten en lugares de obligada visita para pardillos, jilgueros, tórtolas y otras especies granívoras y, por tanto, con gran necesidad de beber.

A finales del siglo XIX, la ganadería entra en crisis al no poder competir con la lana australiana y suramericana que traen los nuevos barcos de vapor (de las 78.000 cabezas de ganado estante censadas en Pina de Ebro en 1870, se pasan a 30.000 en 1922). Los ganaderos no pueden impedir ahora que la agricultura comience una expansión imparable desde las cercanías de los pueblos y fondos frescos de las vales, cuando las labores se realizaban con caballerías, hasta alcanzar todo lo arable con la mecanización del campo a mediados del siglo pasado, siguiendo como único criterio para roturar si el tractor puede pasar o no.

Pero hay un hecho que evita que este sabinar siga los pasos de los deforestados paisajes de sus alrededores. En 1906, el Estado enajena estas tierras comunales al Ayuntamiento de Pina y las pone en venta repartidas en lotes de 700 hectáreas, que adquiridas sólo por gente adinerada mantienen hasta hoy, donde las propiedades no se han dividido, un uso lúdico (la caza principalmente), conservándose el paisaje original.

Es por tanto importante que el visitante aprecie el valor de este bosque, tan frágil, única muestra que tenemos de un paisaje antiguo y amenazado..

 

De la revista "La Magia de viajar por Aragón"           núm. 17 + Noviembre 2006