EL
CONFLICTO QUE DESEMBOCA EN LA CRUZ|
Nos
encontramos ya hablando del conflicto en la vida de Jesús, elemento
absolutamente central y clave hasta el punto de que desemboca en el hecho
históricamente más claro de su vida: en su crucifixión. Los evangelios
proyectan sobre la vida de Jesús los grandes conflictos que sostuvieron
los cristianos con la sinagoga, sobre todo a partir del año 70. Por tanto
hay que adoptar una serie de cautelas críticas para interpretarlos. Contra lo que han solido decir autores muy famosos, aún recientes, es totalmente incorrecto hablar de oposición de Jesús al judaísmo o de ruptura con él. Pero tampoco se puede negar, como pretenden algunos judíos actuales, que Jesús provocó un importante conflicto intrajudío. Por cierto que otro personajes también lo hicieron y con mayor intensidad que Jesús; pensemos en el Maestro de Justicia de Qumran.
Es indudable que la actitud del grupo de Jesús se diferenciaba de la de otros grupos judíos del tiempo. Antes he mencionado las diferencias de Jesús con Juan Bautista que el pueblo captaba fácilmente. Juan es un asceta que se retira del mundo y anuncia un Dios justiciero; Jesús, lejos de tener rasgos ascéticos, busca a la gente, convive con ella y anuncia un Dios acogedor y cercano: “Porque ha venido Juan Bautista que no comía pan ni bebía vino y decís: demonio tiene. Ha venido el hijo del hombre que come y bebe y decís: Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores” (Lc 7, 33-34).
Recurriendo
otra vez a un esfuerzo de síntesis, creo que en el conflicto de Jesús se
pueden distinguir tres aspectos. -
A Jesús hay que situarle respecto a la tensión existente en Galilea
entre el campo y la ciudad, entre las élites urbanas y el campesinado (Freyne
1994; Horsley 1987; Theissen-Merz, 198-199). La renovación de la vida
social que Jesús identifica con el Reino de Dios encuentra gran eco en el
campesinado galileo, respondía a sus necesidades, pero no se identificaba
simplemente con la vuelta a los equilibrios tradicionales. Por el
contrario, Jesús es sumamente crítico con las élites urbanas, con los
herodianos y con el nuevo tipo de civilización que están introduciendo
en Galilea. Creo que así se explica que Jesús, que conocía bien las
ciudades a través de su experiencia en Séforis, evitase visitar los núcleos
urbanos durante su ministerio que, por otra parte, se realizaba por
entornos no muy lejanos de ellos (hay que exceptuar la visita de Jesús a
Jerusalén, que es evidentemente una ciudad del todo singular.
Durante su estancia en Galilea, Jesús no se confrontó de forma directa con los romanos, porque allí su presencia era prácticamente invisible. - El gran conflicto de Jesús en Jerusalén fue con la aristocracia sacerdotal, y giraba, ante todo, en torno a su actitud crítica respecto al Templo. A esto se añadía que su eco popular le convertía en especialmente peligroso y consideraban necesario atajar su influencia. Juan transmite una información histórica fidedigna cuando pone en boca de los sumos sacerdotes las siguientes palabras: “¿Qué hacemos? Porqué este hombre realiza muchas señales. Si le dejamos que siga así, todos creerán en él; vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación”. En vista de lo cual deciden darle muerte y Jesús se escondió en Efraim, una pequeña localidad en el límite del desierto, entre Judea y Samaria (11,47-54).
Lo que se suele llamar “la purificación del Templo”, cuyo sentido exacto es difícil de precisar, fue visto como un reto decisivo e inaceptable por parte de los sumos sacerdotes. Fue la gota que desbordó el vaso y probablemente desencadenó los acontecimientos que llevaron a la muerte de Jesús. Para entenderlo hay que tener presente que el Templo tenía una función central ideológica, política y económicamente (atraía grandes sumas de dinero de todos los judíos; en torno a las peregrinaciones se movían muchos intereses y servicios; funcionaba como banco de depósitos). Esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Quienes fueron los responsables de la muerte de Jesús? (Aguirre 1982).
Los
evangelios presentan una comparecencia de Jesús ante el Sanedrín en
pleno, que le acaba acusando de blasfemo y decide darle muerte, al parecer
emitiendo una sentencia en tal sentido (Mc 14, 53-64 y par.). Es decir nos
encontramos con un juicio de Jesús ante el Sanedrín. En opinión de muchos especialistas, que comparto plenamente, esta escena es una construcción teológica de la comunidad que pone en boca de Jesús su propia confesión cristológica realizada a base de combinar Daniel 7,13 y el Salmo 110,1 (Mc 14,62). Hay muchos datos que demuestran que no hubo un juicio de Jesús ante las autoridades judías y que, por tanto, no fueron ellas quienes formalmente le condenaron. Sin embargo, debajo de esta escena hay una cierta base histórica: la decisión de la aristocracia sacerdotal de eliminar a Jesús, el recuerdo de una reunión conspiratoria para llevar adelante este propósito, posiblemente algún interrogatorio a Jesús; pero no una reunión oficial del Sanedrín en pleno.
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¿Tuvo Jesús algún conflicto con los romanos? Durante su estancia
galilea Jesús no tuvo una confrontación directa con los romanos, ¿pero
que pasó una vez en Jerusalén? ¿intervino la autoridad romana en la
crucifixión de Jesús? Hay
una importante tendencia exegética que considera que el Evangelio de
Marcos tiene mucho de “apología pro-romanos”: es un texto escrito en
Roma y que encubre o disimula la peligrosidad que los romanos descubrieron
en la pretensión de Jesús y el conflicto consiguiente. Como hemos visto la proclamación del Reino de Dios tenía necesariamente una resonancia de crítica política y de denuncia de la teología imperial que no podía dejar indiferente a los romanos. Es indudable también que la decisión de crucificar a Jesús fue tomada por el prefecto romano, como lo indica el uso de la cruz, que era un patíbulo romano.
Dados
los usos imperiales, el prefecto de la remota Galilea podía con toda
facilidad y sin reparo alguno enviar al suplicio a un pobre hombre
molesto, que encima contaba con la enemiga de las autoridades de su
pueblo. Los
textos de la comparecencia ante Pilato están muy reelaborados por razones
teológicas y apologéticas. No se puede excluir que hubiese un juicio y
una sentencia romana de muerte. Lo que se puede decir con mayor seguridad
es que Jesús fue considerado peligroso por los romanos, que no se
limitaron a confirmar una sentencia emitida según el código penal judío.
Jesús había movilizado masas, había suscitado expectativas populares
intensas, que los romanos interpretaban como mesiánicas -de hecho algunos
judíos consideraron a Jesús un pretendiente mesiánico- y esto le
convertía en un subversivo peligroso con el que había que acabar cuanto
antes. En cualquier caso la autoridad sacerdotal judía estaba controlada por los romanos, que se aseguraban su fidelidad y colaboración. De hecho el entente entre Caifás y Pilato fue especialmente bueno y prolongado. Está muy claro que ambos colaboraron estrechamente contra Jesús y su religión política, porque ambos poderes se vieron cuestionados por ella.
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Aquí se plantean una serie de cuestiones muy importantes, pero también
sumamente discutibles e hipotéticas porque están relacionadas con la
forma en que Jesús asumió el desenlace trágico de su vida (Schürmann).
Recojo en una serie de puntos sintéticos lo que me parece que se puede
decir con más seguridad a la luz de las investigaciones críticas
actuales: a)
En un momento dado y viendo como iban las cosas Jesús tuvo que contar con
la posibilidad de su muerte violenta. Es probable que, modificando su
perspectiva primera, interpretase su muerte como un servicio para la
llegada del Reino de Dios. b)
En el judaísmo parece que no existía la idea de un Mesías sufriente.
Jesús no interpretó su muerte a la luz del Siervo sufriente de Isaías
53. Esto fue cosa de la Iglesia posterior. c)
Jesús celebró una cena de despedida con sus discípulos, en la que
realizó un gesto simbólico con el pan y con el vino, con el que quería
expresar el sentido de su vida y de su muerte, que presentía cercana
(Aguirre 1997, 117-158). d)
Jesús en el momento de su muerte no se derrumbó. Además de su indudable
experiencia religiosa personal, la teología judía ofrecía recursos para
afrontar una muerte como la suya confiando en Dios. e) La Parusía del Hijo del hombre o la Segunda Venida del Señor no se basa en palabras del Jesús histórico, sino que son la reinterpretación cristológica, realizada por la fe postpascual, de la esperanza en la venida del Reino de Dios (Aguirre 1997, 159-192).
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