Atardecer. Fotografía de Salvador Martín

LA GACETA DE GAUCÍN

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OPINIÓN

"DESDE PISA A BOLONIA"
     
    Hace unos pocos días que hemos conocido el informe PISA en el que quedamos por los suelos; algo que parece novedoso pero que, si echamos la vista atrás, es lo mismo de siempre: nunca hemos estado en mejor situación que los países que desde siempre se han preocupado por la educación y que han dedicado un buen porcentaje de su PIB a ella. Aquí, como en los países con un nivel de gasto parecido al nuestro, la educación casi siempre ha sido la cenicienta de los presupuestos y los resultados que dejan traslucir informes como el mencionado, no pueden ser más deprimentes de lo que son. Primera conclusión: Es imprescindible poner más euros sobre la mesa de la educación.
    Todos tendemos rápidamente a buscar culpables de la situación, y sacar provecho, en vez de averiguar las causas y tratar de corregirlas. Son muchos los que culpan al actual sistema educativo, otros culpan al gobierno actual, éste a los gobiernos anteriores y a la educación de antes, y unos a otros se van echando la pelota para al final quedarnos como estábamos, cuando no peor. Algunos, no pierden la oportunidad para pedir que se retiren las competencias en educación a las autonomías, señalándolas como las culpables. Yo, como todo ciudadano también tengo mis culpables, aunque prefiero no nombrarlos y voy a tratar de incidir, como al principio, en lo que entiendo como causas que nos llevan a la situación actual que, como decía más arriba, es muy parecida a la de hace unos pocos años y a la de hace muchos más.
    Hace ya algún tiempo, en esta misma sección escribí un artículo en el que apostaba por un “pacto por la educación”, basándome en el embrollo mental que supone para los alumnos, los docentes y la sociedad en general, el hecho de que cada cambio de gobierno conlleve un cambio en el sistema educativo. No voy a reiterarme en lo dicho hace tres años, pues allí ya quedó dicho. Segunda conclusión: Mantengamos el sistema por un tiempo razonable con las modificaciones justas y precisas.
    A nivel personal tuve la satisfacción de haber recibido las críticas y la incomprensión de muchos compañeros de profesión, de algunos sectores de la inspección educativa y de no pocos “entendidos” en el tema de educación, cuando a mediados de los años ochenta formé parte del grupo de docentes que nos implicamos en lo que se dio en llamar “Proceso de Experimentación de la Reforma Educativa”. Éramos pocos en Andalucía pero las horas que dedicamos a intentar dar un giro a la educación en cuanto a metodología, contenidos, objetivos, materiales y demás aspectos concernientes al trabajo en el aula, no fueron escasas. Es verdad que muchos de los que nos implicamos en el proceso nos sentimos un poco defraudados cuando al final todo concluyó en una reforma del sistema y no de la escuela que era lo que nosotros, quizás equivocadamente o engañados, pretendíamos. Tercera conclusión: No es bueno jugar con las ilusiones de los docentes.
    En muchos de los encuentros en los que intercambiábamos experiencias y nos enriquecíamos unos a otros, también se discutió, y no poco, acerca de la formación inicial y permanente del profesorado en general. Ya en aquellos años la mayoría de los docentes nos decantábamos por una formación inicial idéntica en duración y titulación para todos, fuesen del nivel que fuesen, evidentemente con contenidos adaptados a las distintas etapas educativas, pero en los que siempre primase los conocimientos pedagógicos, didácticos y de organización sobre los contenidos teóricos de las distintas materias o etapas, que sí deberían ser tenidos en cuenta en el momento de la especialización. Evidentemente todo ello acompañado de un conveniente y enriquecedor período de prácticas, que pondrían dentro del sistema educativo a verdaderos profesionales con idéntica formación que, a la postre, tendría que conllevar idénticos o muy parecidos emolumentos. Y aquí es dónde nos encontrábamos con máximas trabas de los políticos participantes en tales reuniones; otros, los que siempre se habían considerado élites, tampoco veían tal aspecto con muy buenos ojos. Pensando un poco, alguien que conozca algo de educación, ¿puede mantener sin sonrojarse que un profesor de Infantil necesita menos preparación que un profesor de Secundaria?  Entendíamos nuestra postura como una forma de dignificar a toda la profesión, más cuando se estableciera númerus clausus como en otras carreras consideradas desde siempre importantes tales como medicina o ingeniería, parece ser que cuidar de la salud o construir una carretera sea más importante que formar o “construir” a una persona. Cuarta conclusión: Dignifíquese en todos los sentidos la profesión de docente.
    Es por esto último por lo que hoy doy la bienvenida al Plan Bolonia que nos ha llegado desde Europa a través de la decisión tomada en el consejo de ministros en la cual se reforma la formación de los profesores; así se atienden, aunque aún no sea en todo, algunas de aquellas propuestas de un grupo de docentes que hace más de veinte años luchamos por tratar de mejorar la enseñanza de nuestro país. Quizás sea cuestión de tiempo y nada tenga que ver con nuestras iniciativas, pero dejadme que, al menos, me ilusione con pensarlo.

    Teodoro R. Martín de Molina. 14, Diciembre, 2007

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