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"LIBERTAD DE EXPRESIÓN"
Quizás el título pueda llevar al lector a pensar que pretendo hacer un alarde de erudición referido a uno de los derechos fundamentales recogidos en nuestra constitución (algo que me sería imposible), o que tal vez quiera referirme a la mía propia para lanzar al viento unas cuantas diatribas contra alguien en concreto o contra la humanidad en general, pero no. Quiero dejar aquí recogido un aspecto del mal uso que de tan fundamental derecho hacen algunos escudándose en el mismo y, además, como suele ser habitual, por desgracia, escondidos bajo el anonimato porque a este tipo de personas siempre les falta esa chispita de dignidad que se necesita para ser persona respetable por lo que se dice o por lo que se escribe, por lo que se piensa o por lo que se hace público. En mi pueblo, como supongo que ocurrirá en muchos otros, existe un cierto espécimen de humanoide que hace uso de los libros de visita y los foros de algunas páginas webs para despotricar en contra de unos y predicar a favor de otros, pero en ningún caso se deciden a dar la cara y presentarse con nombres y apellidos, sexo y condición, ante el resto de los visitantes y foristas para orgullo suyo, de sus familiares, amigos y conocidos –debe ser que no se encuentran muy satisfechos con aquello que vierten en sus escritos, o que la palabra dignidad no forma parte de su vocabulario. El asunto alcanza unas cotas extraordinarias cuando de motus propio, o porque las circunstancias obligan, crean sus propios blogs en los que ya hacen de su capa un sayo y se deshacen en todo tipo de excrecencias o excrementos intelectuales con el único fin de insultar y deteriorar la imagen y la honra de las personas que han cometido el pecado de no pensar como ellos, de recibir el apoyo de la mayoría de sus conciudadanos y, sobre todo, de no mantenerlos en la bicoca que les suponía vivir del erario sin darle un palo al agua, como se suele decir coloquialmente. En estos blogs se nos presentan con perfiles escasos e imaginarios y se esconden detrás de un antifaz, un velo u otra prenda que oculte el rostro y la firma, dejando sólo al aire la podredumbre de sus pensamientos en los que afloran los más puros sentimientos del revanchismo propio de los malos perdedores que mientras estuvieron en la cresta de la ola siempre se mostraron melifluos para dorar la píldora a los que, aunque poco era el aprecio que sentían por ellos, los utilizaban para sus fines propagandísticos que era lo que interesaba. Cuando ese proceso de simbiosis (yo te doy y tú me das) se acaba, llega el momento de la maledicencia contra aquellos que han sido los causantes de sus situaciones actuales, que no los responsables, pues éstos son ellos y nadie más que ellos, como hemos podido comprobar en reciente sentencia judicial que, aunque recurrible, bien deja a las claras que no siempre se actúa según se dice o dicen los agradecidos voceros. Ése no saber distinguir bien entre lo público y lo privado, entre lo ajeno y lo propio, unido a actuaciones injustas a sabiendas,como recoge la sentencia, es un pecado en el que suelen caer algunos de los que pretenden perpetuarse en el poder a base de mucho decir y poco hacer, y cuando se hace algo siempre es con la intención de dejar contentos a aquellos de los que presumen pueden adueñarse de sus voluntades –y sus votos– por un simple plato de lentejas (o de gambas, que están más sabrosas). Estos responsables políticos son los que crean este tipo de personajes que después son difíciles de dominar y que cuando pierden el puesto desde donde hacían uso libérrimo de su expresión partidaria, se quejan de aquello de lo que abusaron mientras sus amigos estaban en el poder. Unos y otros pueden hacer un daño irreparable a la convivencia entre los vecinos de a pie de un pueblo pequeño como es el caso del mío. Claro está que todo esto es trasladable a ámbitos más amplios, pues como dice el refrán: “En todas partes cuecen habas…”, la pena está en que sea en mi pueblo donde se cuezan a calderadas. Teodoro R. Martín
de Molina. Diciembre, 2007
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