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Vida y movimiento desde
una mirada y sensibilidad japonesa.
La obra de Kumiko Fujiwara
Claro, oscuro
Vacío, lleno
Un respiro como suspiro
Al final, el movimiento
(Lourdes Parente)
Tras explorar universos interiores y exteriores,
orientales y occidentales, Kumiko Fujimura decidió centrar su
quehacer artístico de exquisita sensibilidad en la captación
de la vida y el movimiento. Desde los albores de producción,
Kumiko ha manifestado una poderosa atracción por figuras, generalmente
femeninas, delicadas y sinuosas, con vaporosos atavíos, que,
en profunda soledad o en cómplice compañía, danzan
en el espacio de su intimidad, interpretando, con alma y cuerpo, melodías
y ritmos, a veces suaves y cadenciosos, a veces apasionados y turbulentos.
La artista observa con sus ojos y su corazón estas figuras y
logra apoderarse del espíritu del movimiento que las posee. Y
no solo es capaz de aprehender la vitalidad que les anima sino que también
es capaz de plasmar en el lienzo esa vida en movimiento, reproduciendo
también el lírico ambiente el que se desenvuelven. La
negra pincelada trazada sobre fondo neutro, de clara extracción
caligráfica, gestual, expresiva, en la que corazón y mano
tienen su punto de encuentro, es la definidora principal de la representación
y la que construye la vida de las formas. Larga o corta, rotunda o deshilachada,
intensa o tenue, continua o intermitente, clara o confusa, cerrada o
abierta, de lento y suave trazo o de apresurado y arrebatado arremolinamiento,
juega con el vacío para potenciar su capacidad de sugerencia
provocando que nuestra sensibilidad y entendimiento sienta y vea más
mucho más de lo estrictamente representado. El color, plasmado
en estáticas o movidas manchas, se une a la pincelada negra con
íntima complicidad. En unas ocasiones, las manchas del color
acompañan al trazo negro o se entremezclan y se enredan con él,
intensificando su expresión y significado. En otras, se manifiestan
con independencia, aportando nuevas posibilidades y abriendo la puerta
a nuevas sugerencias. Se mueve la artista con especial soltura entre
las gamas frías y cálidas. Le gusta jugar con los efectos
del contraste y con frecuencia consigue avivar nuestra atención
al introducir puntuales toques de roja tonalidad en lienzos donde predominan
las gamas frías. Estas últimas parecen ser de su predilección,
aunque consigue cotas de gran fuerza expresiva y belleza cuando plasma
figuras femeninas que aparecen ataviadas con solo el fulgor de las llamas.
En fin, la singular y siempre asimétrica composición realizada
por Kumiko Fujimura de vacíos, expresivos trazos negros y manchas
de color en el neutro espacio de cuadro logra suscitar en nuestra imaginación
la sugestión del paso del tiempo ya que la imagen instantánea
y estática de la realidad tangible se convierte en nuestra mente
en una imagen en movimiento.
Siempre dentro de una misma y coherente línea evolutiva apreciamos
en la última producción de Kumiko Fujimura una tendencia
a la simplificación. En sus más recientes obras observamos
un cierto desapego de la figura, que todavía se insinúa
de manera evanescente, pero que apunta, sino a un tímido acercamiento
a la abstracción, a una búsqueda de aquellos elementos
esenciales de la vida y movimiento que transcienden el mundo de las
formas y figuraciones concretas. Las manchas de color ganan fuerza,
independencia y extensión y las pinceladas negras se desvinculan
de la construcción de las formas para discurrir sobre el lienzo
con vida y movimiento propios.
En fin, solo nos queda señalar que aunque Kumiko Fujimura se
ha formado en el campo de las Bellas Artes en nuestro país y
ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria como artista en un
ámbito occidental, no cabe duda que su obra es, como ella, esencialmente
japonesa tanto por su sutil y elegante sensibilidad, llena de matices,
por su espontaneidad y naturalidad, que, como es frecuente en Japón,
es fruto de un profundo estudio y disciplinado trabajo, por su gusto
por el movimiento, esencia de la Naturaleza que tan amada en el archipiélago
nipón, y por los claros ecos de la tradición pictórica
y caligráfica japonesa tanto a lo que se refiere a las técnicas
como a los recursos expresivos. De hecho, una importante parte de su
producción se desarrolla en el campo del sumi-e, pintura a la
tinta china que tiene en el pasado de la historia del arte japonés
sus más brillantes y espectaculares ejemplos, técnica
y forma de expresión artística, de la que Kumiko es además
es profesora y maestra.
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