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"La violencia es el último recurso de
los incompetentes" Isaac Asimov
La
cita que encabeza estas líneas resume bastante bien mi
posición frente a la violencia en general,
incluída la que está
asociada a las guerras y a las revoluciones.
Respecto
de las revoluciones, Ácrata apuntó:
"Las
estrategias de acción directa a mi parecer no pueden excluir
la lucha armada. El recurso a la violencia revolucionaria puede no
ser del agrado de muchas personas pero no olvidemos que el Estado es
el primero en utilizar la violencia y en reprimir, por lo tanto no es
ilegítimo hacer frente a la represión con todos
los
medios de que disponemos”
No
estoy de acuerdo con ese punto de vista ¿es que la
acción
directa ha de pasar casi siempre por cargarse algo o a alguien? Cada
vez que un anarquista lanza una bomba se carga cosas mucho
más
importantes que su objetivo inmediato, por ejemplo, cuando el
anarquista Mateo Morral tiró su bomba en el Liceo de
Barcelona, el resultado final no fué la
destrucción de
la burguesía catalana, sino la destrucción del
trabajo
de Ferrer y Guardia en la Escuela Moderna, ya que la policía
aprovechó el atentado para culpar a Ferrer y Guardia de la
instigación del atentado (cosa que era falsa); la
única
prueba que necesitaron fué constatar que Mateo Morral
fué
alumno de la Escuela Moderna. Es una historia que se repite con
demasiada frecuencia y es lamentable dar pie a que se siga
repitiendo. La fabricación y uso de bombas forma parte de la
tecnología de la guerra, no del ideario anarquista.
Explicaré
aún un poco más mi posición en torno a
la
violencia revolucionaria. En la Francia de 1789, una muchedumbre
armada con poco más que palos y cuchillos podía
contar
con superar (aunque no sin numerosas víctimas) un regimiento
de mercenarios en un entorno urbano: los soldados no podían
disparar más de 3 o 4 veces por minuto y los
cañones
eran difíciles de mover y preparar para disparar, todo lo
cual
restaba mucha ventaja cuando la gente podía acercarse a
pocos
metros manteniéndose a cubierto.
Durante
todo el siglo XIX y los primeros años del siglo XX la
violencia revolucionaria de las masas contaba aún con serias
expectativas de éxito a condición de que
consiguiera
apoderarse de armamento ligero y contando con otro armamento
improvisado, como por ejemplo bombas. Así, para derrocar al
Zar en 1917 bastó el apoyo de los soldados que desertaron
del
frente con sus fusiles.
En
ese contexto es lógico que Bakunin, Kropotkin y la
práctica
totalidad de los revolucionarios de la época depositaran sus
esperanzas en el levantamiento en armas de la población y
animaran con insistencia a los militantes a promoverlos, pero todo
eso cambió en los años 30 y así se
vió en
España.
En
1934 se produjo un intento de revolución en Asturias que
contaba con la unidad de los trabajadores, con el recurso de armas
ligeras capturadas a la Guardia Civil, con abundante dinamita y con
un campo de batalla que los mineros conocían a la
perfección,
pero las armas de guerra automáticas y la artilleria ligera
del Ejército de la República bastaron para
aplastar la
insurrección. La Guerra Civil Española
también
demostró lo decisivo que resultaba disponer de la moderna
tecnología de guerra a la hora de decidir las batallas.
A
partir de entonces ya ha quedado claro que enfrentarse a un
ejército
sin contar con otro igual de equipado es una quimera, ya que en caso
contrario el mayor número de combatientes sólo se
traduce en un mayor número de víctimas (lo hemos
visto
en todas las guerras, revolucionarias o no, habidas desde entonces).
A
partir de aquí, la única opción
violenta que
puede sostenerse durante algun tiempo es la minoritaria, la que
llaman terrorista, y esa no acerca a la población a la
revolución, esa aleja de la realidad a los que la practican
y
acaba por hacerles olvidar por qué, para qué y
para
quién empezaron su sangrienta carrera. De hecho, el
argumento
teórico de la lucha armada actual busca acelerar las
contradicciones del sistema retroalimentando el proceso
acción-represión. Es en realidad una idea
bastante
perversa: nosotros actuamos y el Estado reprime, no tanto a nosotros
que ya procuramos ocultarnos, sino a los panolis que pretenden
cambiar el mundo a cara descubierta y con un poco de suerte a unos
cuantos inocentes que no tengan nada que ver; de ese modo la
injusticia de la represión moverá a otros a la
resistencia armada y bla, bla, bla...
Cambiar
la sociedad (hacer la Revolución, resistir al Estado) de una
forma pacífica no es simplemente la alternativa
más
deseable, es también la única que queda, y lo
mejor que
podemos hacer todos nosotros es poner nuestra voluntad y nuestra
imaginación en trabajar sobre las condiciones del mundo en
el
que vivimos sin intentar recrear recetas que otros dieron pensando en
unas condiciones distintas de las nuestras. Estoy seguro de que
Bakunin y Kropotkin hoy no defenderían la lucha armada.
Una
última consideración. Todo anarquista ha de
respetar
más que nadie el valor de la vida y de la dignidad de los
seres humanos, la frase "el fin justifica los medios" ha de
ser para nosotros especialmente inaplicable. Hablemos a
continuación
de las Guerras, con mayúscula.
Puntos
de vista sobre el pacifismo y la guerra
(de Kosovo a Irak)
No
creo
que la Paz sea un objetivo a alcanzar a cualquier precio, no cuando el
precio sea transigir con la injusticia, con la opresión o
con la violencia "selectiva" contra inocentes (sean o no
"minorías"). También creo que es indudable que
cualquier modelo de sociedad deseable es entre otras cosas una sociedad
en paz, y también creo que la violencia no es ni ha de ser
el camino hacia la transformación de nuestro mundo en un
mundo mejor.
A
pesar de todo ello, es posible que rehuyendo el uso de la violencia en
una circunstancia concreta estemos tolerando una situación
de peores consecuencias.
En
1999 participaba en un foro en Internet promovido por la Universidad de
Oviedo cuando los tanques del Ejército Serbio bajo la
presidencia de Milosevic entraron a sangre y fuego en Kosovo en nombre
de la hegemonía serbia. Aunque no era ese el objeto del
foro, se abrió un debate sobre la justicia y la oportunidad
de la intervención internacional en defensa de los
albano-kosovares y yo participé en él.
No
he incluido las aportaciones del resto de los miembros del foro (aunque
el tono y la orientación de alguna de las intervenciones
puede deducirse a partir de mis réplicas) pero encuentro
interesante la lectura de mis
mensajes sobre el tema desde la
perspectiva del año 2003, cuando los Estados Unidos han
desencadenado una guerra sobre Irak supuestamente en nombre de un bien
superior, tal y como hizo la OTAN en el caso de Kosovo.
Sin
embargo, y en ello creo que coincido con la mayoría de la
población europea, la intervención en Kosovo me
pareció legítima y necesaria, mientras que la
intervención en Irak me parece innecesaria, ilegal y
repugnante. ¿Es ello contradictorio?
Podemos
pasar por alto aquí la cuestión de la legalidad
entendida como la ausencia de un mandato del Consejo de Seguridad de la
ONU en el caso de Irak. Es concebible que una acción
diplomática más hábil por parte de los
USA o una coyuntura más favorable para sus intereses
podría haber permitido a los marines americanos "hacer su
trabajo" con el brazalete azul de la ONU, ¿pero ello hubiera
cambiado la opinión de la mayoría sobre esa
guerra? Yo creo que no.
Veamos
pues una comparativa entre las dos guerras omitiendo el papel de la ONU:
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Guerra de Kosovo (OTAN vs Serbia)
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Guerra de Irak (USA+GB vs Irak)
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Situación
desencadenante:
Programa de limpieza étnica en marcha contra la mayoritaria
población albano-kosovar
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Situación desencadenante:
Existencia no probada de armas de destrucción masiva,
relación no probada del gobierno iraquí con las
redes terroristas internacionales
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Antecedentes:
Anteriormente, fuerzas paramilitares serbias, armadas y apoyadas por el
Ejército regular yugoslavo, habían consumado
operaciones de limpieza étnica en Bosnia y en zonas de
Croacia.
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Antecedentes:
En 1996 Irak invadió Kuwait haciendo uso de armamento
convencional, y fué rápidamente derrotado. Desde
entonces el ejército iraquí ha sido sometido a
una fuerte vigilancia y a un proceso de desarme reforzado por un duro
embargo económico.
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Acción diplomática previa:
El gobierno de Milosevic fingió no saber nada de la
actividad de los paramilitares serbios en Bosnia y Croacia a pesar de
las evidencias. Cuando el Ejército Yugoslavo
inició su campaña en Serbia, Milosevic
ignoró las peticiones de la comunidad internacional que le
pedían que cesara las hostilidades.
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Acción
diplomática previa:
El gobierno iraquí llevaba años permitiendo la
acción de los inspectores de la ONU, que buscaban y
eventualmente hacían destruir todo armamento "ilegal" y todo
material susceptible de ser convertido en ese tipo de armamento.
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Beneficios
esperados de la intervención:
Estabilización de la zona, protección de la
población albano-kosovar. De forma no declarada, forzar la
caída del gobierno de Milosevic y la implantación
de un nuevo régimen político estable y
formalmente democrático en las antiguas federaciones
yugoslavas en crisis.
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Beneficios esperados de la intervención:
Localización y destrucción de las supuestas armas
de destrucción masiva, derrocamiento y captura del
"criminal" Saddam Hussein. De forma no declarada,
substitución del régimen iraquí por
otro estrechamente controlado y favorable a los intereses
norteamericanos con el objetivo final de asegurar el dominio
económico sobre el petróleo iraquí. |
¿Es
necesario insistir en las diferencias? En realidad, lo más
erróneo de lo que escribí en 1999 es la
suposición de que Aznar hubiera actuado de otro modo si la
mayoría de la población española se
hubiese opuesto a la guerra de Kosovo. La mayoría se opuso a
la de Irak y sin embargo Aznar siguió adelante con su apoyo
a la agresión.
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