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| Proyecto
A.N.E.D.
(Aned No
Es
Dogmatismo) |
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| El
Capitalismo, el Estado del Bienestar y la Globalización |
Hoy
en día resulta tópico
afirmar que el Capitalismo es el sistema económico de
éxito,
el sistema que ha conseguido generar para la Humanidad un nivel de
desarrollo y bienestar impensables en cualquier otro tiempo y que, en
definitiva, se ha impuesto brillantemente en su competencia con el
sistema llamado comunista que representaba la antigua Unión
Soviética. ¿Pero qué entendemos por
Capitalismo?
Aunque posiblemente no
acuñara
él mismo el término Capitalismo,
Karl Marx fue
el que le dio una mayor relevancia teórica y
política,
al usarlo para denominar y caracterizar el sistema económico
dominante en Inglaterra y el centro de Europa en su propia
época,
la segunda mitad del siglo XIX. ¿Pero de dónde
surgió
ese sistema económico?.
Podemos decir que el
capitalismo tuvo
tres padres: la Revolución Industrial, el Liberalismo
político
y la teoría económica de Adam Smith. La
Revolución
Industrial provocó una transformación social en
la que
una nueva clase económica, los capitalistas,
hacían uso
de su poder económico para poseer los medios de
producción
y contratar trabajadores asalariados, consiguiendo de este modo
apropiarse de las plusvalías generadas e incrementar la
fuerza
de su posición social. El Liberalismo político
allanó
el camino de la Revolución Industrial destruyendo el sistema
político anterior, caracterizado por una clase dominante de
carácter agrícola que basaba su fuerza en sus
derechos
heredados sobre la tierra y sobre las personas que la cultivaban,
derechos que en última instacia se mantenian sobre su poder
coactivo. Por último, Adam Smith describió las
reglas,
el mecanismo sobre el que debía organizarse la nueva
sociedad
capitalista: las reglas de la economía de mercado,
según
las cuales los gobiernos debían abstenerse de intervenir en
la
economía ya que si los hombres actuaban libremente en la
búsqueda de su propio interés, había
una mano
invisible que convertía sus esfuerzos en beneficios para
todos.
Vemos así que
existen dos
elementos fundamentales del Capitalismo que lo definen: la existencia
de una clase social propietaria de los medios de producción
y
la renuncia de los gobiernos a interferir en los libres intercambios
de la economía. Ese es el sistema económico que
conoció
Marx, pero ¿es ese el sistema que sobrevivió
ufanosamente al comunismo soviético?.
En su momento, Marx,
Bakunin y otros no
dejaron de pronosticar el inminente colapso del capitalismo y en
realidad es eso exactamente lo que pasó, aunque no para dar
paso a la nueva sociedad que esperaban. El Capitalismo se
derrumbó
entre 1914 y 1945, con un punto de inflexión
dramático
en 1929 ¿suenan las fechas? La caída del
Capitalismo se
debió por supuesto a sus propias contradicciones (tal y como
estaba previsto), la competencia salvaje y el proceso de
acumulación
de riquezas de la clase dominante requerían por un lado
mantener tanto como fuera posible la precariedad de las condiciones
de vida de los trabajadores y por otro el acceso a mercados
más
amplios para los productos, lo cual empujaba a las
burguesías
nacionales a llevar sus países a la guerra. Por otro lado,
la
expectativa ilusoria de un crecimiento espectacular e interminable de
los beneficios, llevó a la especulación, la
sobrevaloración del capital de las empresas y en definitiva
al
derrumbamiento de la economía. Tras 1929 empezó a
quedar claro para todos que fallaba algo importante, y que
había
que encontrar una solución. Por otra parte, las
burguesías
europeas veían aterradas como al mismo tiempo los
bolcheviques
rusos no sólo se mantenían en el poder sino que
incluso
estaban llevando a cabo con éxito y en poco tiempo la
revolución industrial que la Rusia zarista fué
incapaz
de alentar.
Una de las primeras
recetas de
respuesta fué el nacional-socialismo. Al llegar al poder,
los
nazis llevaron a cabo un proceso de reconstrucción de
Alemania
que resultó ser espectacular: la moneda se
estabilizó,
las condiciones de vida de los trabajadores mejoraron,
prácticamente
se eliminó el desempleo... En aquellos años 30 el
nazismo fascinaba al mundo entero e incluso la gran mayoría
de
los políticos liberales, formalmente hostiles, coqueteaban
con
la idea de adaptarlo a sus propios países. La receta del
nazismo fué simple: hacer intervenir al Estado en la
economía,
pero no al estilo soviético de planificación de
la
producción, sino por la vía de la
generación de
demanda: los encargos de colosales obras públicas y la
creciente industria bélica (todo ello financiado con
déficit
presupuestario) obraron el milagro de generar riqueza allá
donde no había nada. En el fondo era bastante simple, si
tienes un negocio y se quema, pides un crédito, lo
reconstruyes y más adelante devuelves el crédito
a
partir de los beneficios.
El nazismo
cayó, pero la receta
quedó allí y los americanos volvieron a demostrar
su
validez con el éxito del Plan Marshall al permitir la
reconstrucción de la Europa Occidental en un tiempo
récord.
El Capitalismo estaba prácticamente muerto.
El ideólogo
del nuevo modelo
económico fué Keynes, que escribió su "Teoría
General de la Ocupación" en 1936 y otro economista
británico, Beveridge, que publicó "Informe
sobre políticas para el mercado de trabajo y seguridad
social"
en 1942, informe que inspiró la política europea
de los
años siguientes. Efectivamente, el nuevo modelo
político
y social fué el "Estado del Bienestar".
Pero las cosas tampoco
quedaron ahí.
Inspirados por el ideal Keynesiano, el Banco Mundial y el Fondo
Monetario Internacional (creados en 1944 para la
reconstrucción
de Europa) orientaron su actividad hacia el desarrollo de las nuevas
naciones fruto de la desconolización que siguió a
la
Segunda Guerra Mundial: un mundo "libre", desarrollado y en
paz social debía ser la mejor vacuna contra la amenaza del
estalinismo. Pero el invento no funcionó.
El problema
básico es que las
políticas de protección social y de
estimulación
de la economía por la vía de la
generación de
demanda desde el Estado sólo funciona si la
economía
está convenientemente cerrada. Si creas demanda en un
entorno
en el que no se está preparado para producir mientras
existen
países desarrollados capaces de entrar en tu mercado,
entonces
los capitales que inyectas salen con la misma rapidez en la
dirección
contraria, como una transfusión de sangre a alguien que
tiene
una herida arterial abierta.
Los líderes
del llamado Tercer
Mundo, por supuesto, se dieron cuenta e intentaron (todavía
lo
intentan) proteger sus mercados y, singularmente, proteger el precio
de las materias primas que exportan y que son prácticamente
la
única fuente de riqueza con la que pueden contar para
establecer por su cuenta políticas de demanda. Esto
empezó
a invertir tendencias y países como EE.UU. vieron
cómo
su balanza comercial, hasta entonces siempre favorable a sus
intereses, empezó a ser deficitaria, lo cual
llevó a
Nixon en 1971 a abolir el patrón oro, lo cual le
permitía
imprimir todos los dólares que necesitase, evitando
además
la inflación "dolarizando" las economías de
la mayor parte del resto del mundo. En 1973 la OPEP aceptó
el
pulso y forzó la subida de precios del petróleo
por la
vía de la reducción de la producción.
A partir
de ahí una infinidad de guerras y escaramuzas comerciales se
sucedieron hasta que en 1986 (con Ronald Reagan como presidente de
los EE.UU.) se inició la negociación de un nuevo
tratado mundial de comercio (Ronda Uruguay) que culminó en
el
GATT de 1994 y en la fundación de la OMC en 1995. Demos la
bienvenida a la Globalización.
Junto con la OMC, el
Banco Mundial y el
FMI se sirvieron de los "efectos adversos" del
Keynesianismo para bombear la riqueza de los países en
desarrollo hacia los países desarrollados, especialmente los
EE.UU.. Mientras la OMC vigilaba y castigaba todo intento de proteger
las economías locales, el BM y el FMI concedían
créditos que se transformaban en deuda para los gobiernos y
encargos para las empresas de los países desarrollados. Al
final, las grandes multinacionales han conseguido comprar las fuentes
de materias primas y a la población del Tercer Mundo
sólo
le queda la economía de subsistencia,
prácticamente el
retorno al Paleolítico.
Por el camino he dejado
de comentar
otro hecho curioso y que ilustra singularmente la
desaparición
de aquella característica del capitalismo que tanto lo
caracterizaba a los ojos de Marx: la propiedad de los medios de
producción. Dejaré que lo explique un autor nada
sospechoso de ser un anti-sistema, Peter F. Drucker (La sociedad
poscapitalista. Ediciones Apóstrofe, Barcelona 1993):
"Nunca
antes había habido unas reservas de dinero tan enormes como
las que ahora controlan los inversores institucionales, especialmente
los fondos de pensiones, en los países desarrollados. En
Estados Unidos, donde se inició esta evolución y
donde
ha llegado más lejos, el mayor fondo de pensiones controla
activos de 80.000 millones de dólares e incluso un
pequeño
fondo de pensiones puede tener algo así como 1.000 millones
invertidos en la economía. Estos fondos de capital dejan
pequeña cualquier cantidad que pudiera controlar el mayor
capitalista del pasado"
¿Y quienes
son los propietarios
de los fondos de pensiones? ¡Marx ha triunfado, los
trabajadores ya son los propietarios de los medios de
producción! |
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| Aprendices de brujo |
| El comportamiento de la mayoría de los
gobernantes de todo signo político nos revela que existe una
creencia (¿o consigna?) dominante que afirmaría
que en materia de política económica la
"política" no existe, sólo la
ejecución competente de lo que la Ciencia
Económica prescribe. |
| Justicia y Equidad |
| Pueden parecer conceptos
abstractos, pero su concreción es simple desde nuestro punto
de vista. Los hombres y las mujeres que constituyen conjuntamente una
sociedad deben decidir qué necesidades se comprometen a
cubrir en todo caso para cualquiera de ellos. |
| Los nuevos piratas |
| Para muchos, el pirata es el visionario que supo
estar en el lugar y el momento adecuado, de manera que merece el premio
que conlleva degollar a sus víctimas y robarles lo suyo,
¡eso merece como mínimo una portada en la revista Time!. |
| Los Monopolios |
| Una
empresa privada en posición de monopolio se limita a
producir la
cantidad precisa de su producto al precio preciso para conseguir el
mayor beneficio posible ¡Todo un sueño para los
codiciosos!. Como es natural, en una economía
“libre” el primer objetivo de los promotores de una
empresa
es conseguir ocupar la posición dominante en un mercado
monopolístico. |
| Enséñeme la factura |
| Pagar impuestos es para la mayoría una
obligación desagradable y creo que ello se debe
especialmente al hecho de que, en realidad, no sabemos exactamente
quién usa ese dinero ni para qué, y por otra
parte, no percibimos ninguna clase de relación entre lo que
pagamos y los servicios que en general recibimos de las diferentes
administraciones. |
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