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Decíamos
que para muchos no hay nada más ajeno al Anarquismo que
cualquier cosa relacionada con el Estado y el Gobierno. No obstante, es
obvio que toda sociedad imaginable posee alguna clase de
organización, y toda organización social implica
la existencia de funciones de coordinación, de
regulación, de arbitraje, de suministro o gestión
de los bienes públicos… ¿El anarquismo
niega la existencia de estas funciones dentro de la
organización social? No, el anarquismo nunca ha negado la
existencia de estas funciones y de hecho ha imaginado y defendido
modelos de organización social en los que estas funciones se
desempeñan de un modo libertario o anarquista. Piotr
Kropotkin decía al respecto en "La Conquista del Pan":
"(…)
la humanidad, intenta libertarse de toda especie de gobierno y
satisfacer sus necesidades de organización, mediante el
libre acuerdo entre individuos y grupos que persigan los mismos fines.
La independencia de cada mínima unidad territorial es ya una
necesidad apremiante; el común acuerdo reemplaza a la ley, y
pasando por encima de las fronteras, regula los intereses particulares
con la mira puesta en un fin general". Pero,
¿qué es el común acuerdo sino la base
de toda ley justa? ¿no es la realización del
interés común el único objeto
legítimo de todo gobierno?. El mismo Kropotkin aclara las
dudas en su conferencia "El
Estado y su papel histórico": "(…)
en el Estado y en el Gobierno tenemos dos nociones de orden diferente.
(…) Comprende [el Estado], no tan sólo la
existencia de un poder colocado muy por encima de la sociedad, sino
también una concentración territorial y una
concentración de muchas funciones de la vida de las
sociedades (…)".
El
federalismo anarquista debe combatir esta doble
concentración, la territorial y la funcional, y proponer
formas alternativas de organización social, de
administración y de gobierno sometidas al principio de
federación como respuesta a intereses y necesidades comunes.
Contra
el Estado, soberano territorial
No hace mucho, en las Cortes del Reino de España, se
no-debatió la cuestión de la integridad de la
soberanía: los "constitucionalistas" señalando la
llamada unidad indisoluble de la soberanía
española establecida en la Constitución de 1978,
los "nacionalistas periféricos" reclamando la misma clase de
soberanía de base territorial, pero redefinida sobre otras
fronteras. En esta clase de debates no suele entrarse sin embargo al
fondo de la cuestión: qué razón hay y
qué objetivo se persigue al arrebatar la
soberanía individual y solidificarla "indisolublemente" a la
de todos los habitantes de un territorio. La administración
de lo público no impone racionalmente la existencia de una
soberanía territorial, sino que más bien
apuntaría a lo contrario, ya que en primer lugar no todos
los asuntos públicos tienen que ver unívocamente
con la administración del territorio o en el territorio, y
en segundo lugar, incluso cuando el territorio es la referencia
fundamental del gobierno, la extensión del territorio
administrado seria una u otra, en función de los intereses
públicos administrados en cada caso. Por ejemplo, si se
trata de la administración de un recurso natural (el agua,
los usos del suelo, los recursos minerales,…) la unidad
territorial natural seria la cuenca fluvial, ya que son los
ríos el eje sobre el que pivotan todos estos recursos
(paradójicamente, es muy habitual que estas regiones
naturales sean cruzadas por las fronteras y que, incluso, se usen los
ríos como frontera política entre estados, cosa
muy conveniente militarmente pero absurda desde cualquier otro punto de
vista). Otro ejemplo, la administración de los recursos
pesqueros requeriría la confederación de todas
las cuencas y las regiones litorales que desaguan sobre la misma
región marítima. Otro más, en la
administración de las infraestructuras locales de
energía y comunicaciones ir más allá
del ámbito municipal no tiene mucho sentido. Sin embargo, la
administración de lo relativo a la Educación y la
Cultura no tiene porqué concebirse en un marco territorial,
de hecho cada vez es más frecuente el hecho de que diversas
culturas compartan un mismo territorio o de que una misma cultura se
extienda en algunos aspectos más allá de las
fronteras de un solo país o de un solo continente.
Las organizaciones multiestatales y la
globalización
Todas
estas consideraciones que he hecho en los últimos
párrafos responden a una racionalidad que de hecho se
está imponiendo en la organización de la sociedad
mundial: nuevas administraciones surgen por encima de los estados y
dentro de los estados con el objetivo de gobernar mejor (o de gobernar
de algún modo) asuntos que se escapan a la
dimensión de los conocidos estados-nación. El
problema es que esta nueva situación está
provocando enormes tensiones en las estructuras de poder. Los estados
definidos en la mitad del siglo XX se aferran a su poder y pretenden
retener todo el protagonismo de la nueva organización: hacia
abajo, delegan y desconcentran, hacia arriba se constituyen en sujetos
indivisibles, "ciudadanos" de las nuevas asambleas globales. La ONU, la
OEA, la Liga Árabe, etc. son declaradamente clubes de
estados, pero también en la Unión Europea, que
ahora pretende constituirse como un espacio único
económico y de ciudadanía (eso último
habrá que verlo) los estados se reservan el control de todo
lo que se acuerde estableciendo que sus gobernantes se constituyan en
asamblea de aristócratas para decidir y vetar sobre todos
los temas relevantes (reservándose incluso la cotitularidad
con el Parlamento Europeo del poder legislativo de la Unión,
¡algo que tienen vetado en sus propias constituciones
estatales!).
En
nombre de la racionalidad en la administración de los
intereses comunes, los anarquistas debemos reclamar la
abolición del Estado como división estanca y
territorializada de la gestión de los intereses
públicos y reclamar la constitución de
administraciones independientes y orientadas a funciones,
administraciones que gestionen los impuestos que han de financiar
específicamente el ejercicio de sus mandatos respectivos y
que respondan directamente a los ciudadanos implicados respecto de su
funcionamiento y del cumplimiento de sus objetivos.
¿Pero
cómo podemos los anarquistas trabajar para impulsar este
cambio? Javier Garcia Canela (uno
de los habituales del foro de este proyecto) recuerda
la propuesta de Horacio M. Prieto de convertir a la FAI en un
partido político, o la consumación llevada a cabo
por Ángel Pestaña con el Partido Sindicalista, y
añade “¿No
sería curioso un partido que no aspira a gobernar?”.
En respuesta a esta idea debo decir en primer lugar que en mi
opinión está sobrevalorada la utilidad de la
opción de entrar en el circo político, ya que son
muchas las cosas que pueden hacerse con independencia de la presencia
en gobiernos y parlamentos. Por ejemplo, cuando los verdes se
postularon como partido político en Alemania el resultado
inmediato fué la crisis interna del movimiento: escisiones,
abandonos, etc. y a cambio su éxito electoral y su entrada
en los gobiernos no ha representado cambios trascendentales en la
política medioambiental alemana. Yo creo que hay mucho
camino por recorrer antes de postularse ante las urnas.
Por
otra parte, un hipotético partido anarquista
debería comportarse de una forma sustancialmente diferente
de como lo hacen los distintos partidos para seguir siendo
útil a los planteamientos que perseguimos, y no me refiero a
negarse a gobernar (si se gana por mayoría absoluta,
¿por qué no?) o a decretar la
disolución del Estado, sino que me refiero a que en
ningún caso debería canjear reivindicaciones
puntuales por cargos gubernamentales (si no se gana no se gobierna) y
debería poner también en primer lugar las medidas
para desconcentrar el poder estatal (lo que pueda hacer un municipio
que no lo haga un gobierno regional y así sucesivamente). Lo
maligno del Estado está en la concentración
injustificada de funciones definidas de forma monopolística
sobre un territorio y ejercidas de forma arbitraria, por lo tanto,
nuestra hoja de ruta debe ser desconcentrar, desterritorializar y
regular de forma colectiva (evito conscientemente el uso de la palabra
democratizar).
¿Y
qué puede hacerse al margen del circo político?,
en ese aspecto es en el que históricamente los anarquistas
han sido especialmente creativos. Por ejemplo, que yo recuerde:
*
Ateneos culturales y escuelas (formar al hombre nuevo)
*
Sindicatos (socorro mutuo versus seguridad social)
*
Medios de comunicación y editoriales alternativos
*
Producción colectivizada (cooperativas)
(No
aludo a las iniciativas "revolucionarias" del tipo
insurrección armada o asesinato selectivo por razones que en
otro lugar explico)
Hoy
en día ¡y seguramente gracias a los anarquistas
que los introdujeron por primera vez! hay gentes de diversa
ideología o sin ideología claramente declarada
que hacen este tipo de cosas con éxito mientras que los
anarquistas actuales tenemos en estas cosas hoy un protagonismo
escaso... ¿cómo deberían llevarse a
cabo hoy estas iniciativas, cómo podrían
mejorarse para seguir avanzando hacia nuestro ideal anarquista?
¿qué otras cosas podrían emprenderse?
una idea que lanzó nada menos que Proudhon y que se ha
quedado olvidada en el fondo de nuestro cajón de recursos es
el Banco del Pueblo... ¿no sería mucho
más revolucionario y transformador un banco anarquista que
un partido político anarquista?
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