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Huyamos
de la
trampa de las palabras, el Anarquismo no equivale a la
negación
de todo ni a la exaltación del desorden. Anarquía
es la
afirmación de que es posible y deseable la vida en una
sociedad
en la que el dominio no tenga lugar.
El
dominio, el
poder, es la apropiación que algunos hombres hacen de la
voluntad de otros. Esa apropiación se puede realizar
mediante
engaños, por el uso de la fuerza o, eventualmente con buenas
intenciones (de esas con las que está empedrado el infierno).
¿Qué
motiva esa apropiación de la voluntad? Resulta casi
retórico señalar (aunque no por ello es menos
cierto) que
los que se procuran el dominio sobre los otros buscan en
última
instancia la satisfacción de sus propias y desmedidas
ambiciones, tanto si son éstas sólo materiales
como si
obedecen también a una enfermiza egolatría. No
obstante,
hay quien defiende que existen buenas razones por las que la
mayoría debe renunciar a su voluntad para someterla a otros.
El
liberalismo,
por ejemplo, supone que la voluntad de cada individuo choca
inevitablemente con la de los demás, y que ello hace
necesaria
la existencia de leyes y de gobernantes que hagan respetar esas leyes
mediante el uso de la fuerza, sometiendo la voluntad de todos. La
teoría se alambica de mil maneras: la separación
de
poderes, el Estado mínimo, los derechos y deberes
inalienables,
etc., pero en la base está la idea de que el ser humano (el
imaginario "buen salvaje") no es más que un
psicópata al
que hay que mantener coaccionado para evitar que salte sobre las vidas
y los bienes de sus congéneres. ¡Qué
noble tarea la
del gobernante que mantiene el orden social entre esas fieras!
¿Pero dónde se encuentra esa alma pura que
reprime sus
propias pasiones en beneficio de todos? Ni los propios partidarios del
liberalismo confían en los gobernantes cuya existencia
consideran necesaria: ¡dividamos los poderes! (así
tal vez
consigamos que los gobernantes se vigilen unos a otros)
¡limitemos el poder del gobierno!
(¿cómo limitar la
voluntad de los que limitan la de todos?
¿reservándose,
como los americanos, el derecho a portar pequeñas armas de
fuego
en medio de un paraíso de misiles nucleares?).
La
pretensión del socialismo jacobino y totalitario es
aún
más descabellada en lo referente al gobierno. Presumen esos
socialistas que la Humanidad (o al menos la gran mayoría de
ella, a la que dicen defender) está formada por seres
estúpidos e ignorantes incapaces de saber y de procurarse
por
sí mismos lo que les conviene. No creen que sean en general
los
individuos insaciables que imaginan los liberales (les atribuyen
necesidades sencillas, como apacibles animales de establo), pero
entienden que deben protegerles de las feroces alimañas que
son
los astutos capitalistas. Con este objetivo, desde los stalinistas
hasta los socialdemócratas, todos ellos afirman la
existencia de
un Interés General que sólo ellos conocen y
defienden
genuinamente, y que por ello se les debe confiar el poder del Estado en
su forma más amplia posible. Pero, ¿por
qué en una
situación así debemos desconfiar del poder de los
capitalistas y en cambio entregarnos al poder del Estado Socialista?
Respuesta mágica: hay una guerra de clases entre los
opresores
capitalistas y los oprimidos trabajadores, y míranos,
nosotros
no somos capitalistas, somos tan sólo los más
capaces de
entre vosotros. ¡Debe ser la única guerra de la
Humanidad
sin riesgo de desertores ni quintacolumnistas!. Pero veamos,
¿qué virtud tiene el poder político
para no
desbocar la voluntad de sus poseedores, del mismo modo en que lo hace
el poder económico con los suyos? La respuesta
está
escrita en las páginas de la Historia.
Los
anarcosocialistas creemos que en general los seres humanos
guían
su comportamiento por lo que creen correcto y no sólo por lo
que
más les beneficia, creemos que los seres humanos conocen sus
propias necesidades y que no está justificado que nadie
presuma
de conocer las de otro mejor que el propio interesado, creemos que en
general los seres humanos entienden que es mejor para cada cual
respetar los compromisos que establece en favor de la convivencia y el
progreso social.
A
diferencia de
los liberales, los anarcosocialistas afirmamos que el Estado de
Naturaleza del Hombre es la vida en Sociedad y no la soledad de la
jungla.
A
diferencia de
los socialistas jacobinos y totalitarios, los anarquistas afirmamos que
la Sociedad no puede reducirse a un conflicto económico
entre
dos clases, que el dominio aparece en muchos lugares y en muchas
formas, que hay dominados que son a su vez dominadores de otros, y que
los instrumentos del dominio no son sólo los
económicos,
que también los hay estrictamente políticos o los
que
implican una pura coacción física.
A
diferencia de
unos y otros, afirmamos que la consecución del ideal social
no
pasa por el establecimiento de un nuevo dominio o la
sustitución
de un dominio por otro. Afirmamos que es posible y deseable una
sociedad en la que el dominio como tal no tenga lugar. Afirmamos que es
posible vivir sin amos.
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