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Proyecto A.N.E.D. (Aned No Es Dogmatismo)
 
El Anarquismo y sus dogmas

Nada más opuesto al espíritu y la letra del ideario anarquista que la idea de dogma o la idea de doctrina, pero el caso es que entre los que se consideran anarquistas y entre los que, sin serlo, creen saber en qué consiste el anarquismo hay ideas preconcebidas que se consideran sencillamente indiscutibles: el "auténtico" anarquista no puede participar en la organización de ninguna clase de estado, ni en su gobierno, ni en sus instituciones, ni en sus organizaciones locales o sectoriales.

Parece bastante lógico este principio cuando pensamos en un estado o un gobierno de corte totalitario (que, por otra parte, tampoco tolelaría la participación de los anarquistas), pero ¿se trata de algo tan evidente en el caso de un estado organizado sobre la base de la soberanía popular y el establecimiento de gobiernos mediante sufragio?.

La mayoría de los anarquistas de los siglos XIX y XX juzgaron y condenaron el estado liberal "burgués" por ser de hecho un sistema de gobierno "de clase" en el que se excluía cuidadosamente la participación o al menos la influencia de los sectores oprimidos de la sociedad por diversos medios: exclusión del voto femenino, requisitos económicos para poder registrarse como votante o como candidato, leyes electorales que hacían casi imposibles las "sorpresas", etc.

Sin embargo, el anarquismo español del primer tercio del siglo XX acabó por aprender que no todas las formas de gobierno son igualmente indeseables. En concreto, un sistema de gobierno como el de la Segunda República Española resultaba para la gran mayoría de los militantes anarquistas del momento claramente más deseable que un gobierno fascista como el que se impuso en 1939. Esta revisión, que muchos han querido entender como algo puramente táctico, como una maniobra conveniente antes del definitivo triunfo de la revolución anarquista, no fué sin embargo una decisión de urgencia improvisada ante el dramatismo de los acontecimientos.

De hecho hay dos señales claras en el campo anarquista que acercan a los militantes anarquistas de los años 30 hacia la participación en el juego electoral. La primera, relativamente minoritaria, fué la creación bajo el liderazgo del destacado militante anarquista Ángel Pestaña del llamado Partido Sindicalista. Hay que destacar que a pesar de la aparente incoherencia ideológica de haber creado un partido político, Pestaña nunca renegó de su ideario anarco-sindicalista.

La segunda señal fué mucho más explícita y general. En las elecciones de 1934 la CNT y la FAI llamaron a sus afiliados y simpatizantes a la abstención, pretendiendo que el resultado de las elecciones era indiferente para los trabajadores. Ganó la derecha de la CEDA y ese resultado electoral resultó tener un impacto claro y negativo para los trabajadores, en Asturias los militantes de los sindicatos socialista y anarquista declararon una huelga general revolucionaria y el gobierno respondió con una amplia y sangrienta represión. Cuando en 1936 se enfrentaron la CEDA y el Frente Popular, las organizaciones anarquistas por primera vez hicieron un gesto insólito (ideológicamente hablando): "dieron libertad" a sus seguidores para que fueran a votar por el Frente Popular.

Pero, si no es indiferente el signo político de un gobierno, ¿por qué no trabajar activamente para cambiar o establecer ese signo político?. Finalmente, ya durante la Guerra Civil, la CNT aportó hasta 4 ministros al gobierno de Largo Caballero, sin dejar de declararse por ello anarquistas.

Sin embargo, estos gestos del anarcosindicalismo histórico han sido más la excepción que la regla. Tras los 40 años de dictadura, una CNT con un protagonismo significativo (aunque mucho menor del que tuvo en sus mejores momentos) se enzarzó en el establecimiento de pautas de comportamiento "puristas", como no participar en las elecciones sindicales, que iban mucho más allá de lo que marcaban sus propios estatutos.

Todo ello llevó a la escisión de un sindicato que inauguró su camino más de un siglo antes llamando a la creación de un sindicato único para todos los obreros. Y es que desde el anarquismo en general y el anarco-sindicalismo en particular nos pasamos demasiado tiempo y dedicamos demasiado esfuerzo en dejar claro qué es lo que NO debemos hacer mientras que los debates sobre lo que ES PRECISO que hagamos languidecen o se pierden en la confusión de los embrollos argumentales.

En este punto, Juan (uno de los habituales del foro de este proyecto) apunta acertadamente:

“Advierto bastante confusión entre los principios básicos del Anarquismo —los cuales nunca he puesto en duda sin reafirmarme en ellos— con consecuencias de su actividad, tanto teórica como práctica; o sea, del desarrollo de los principios. Podemos definir al Anarquismo como una idea cambiadora. No es un conjunto o sistema de ideas que llegue a formar una creencia (o sea, una idea en la que ya no se piensa, que se utiliza sin replantearse; que, como decía Ortega, más que sostener nosotros, nos sostiene ella a nosotros), pero propugna y obtiene cambios a su alrededor. Para esto se “idea”, claro. Ahora bien, sin unos principios rígidos, sólidos, a modo de cimientos que no puedan ir adornándose al compás de la moda, dejaría de ser una idea cambiadora y pasaría a ser una idea cambiante, variable, a merced de las circunstancias. Es decir, la parte más fundada, básica y fundacional, actuará como una creencia, pudiéndose hablar entonces de creencia cambiadora, quizá de forma más adecuada.”

Pero ¿cuál sería esa creencia básica, cambiadora? Para mí solo una: que es posible una sociedad en la que el dominio no tenga lugar.

¿Cuál es el camino para progresar hacia ese modelo de sociedad al que aspiramos? Bien, el fin no justifica los medios, pero la bondad de los medios empleados no ha de juzgarse solamente a partir de un debate abstracto y purista, sino también a partir de las consecuencias obtenidas de los medios empleados.

Me explico. Se han mencionado ejemplos de lo que hicieron los anarquistas españoles de los años 30 del pasado siglo, actuaciones que sin duda pueden ser cuestionables, pero hay algo que me parece realmente admirable de todo lo que hicieron aquellos anarquistas y anarcosindicalistas, no sólo durante los años 30 sino también durante muchos años antes de eso. Lo que me parece admirable es que ensayaron todo tipo de estrategias para hacer progresar "La Idea" y que en general esas estrategias fueron juzgadas y corregidas a la luz de sus resultados.

Deberíamos atrevernos a hacer cosas, deberíamos abstenernos de condenar a priori una iniciativa de otros, deberíamos esperar a analizar de forma objetiva qué ha resultado útil, qué irrelevante y qué contraproducente antes de ponernos a pontificar sobre el verdadero anarquismo.

Como ya se ha dicho, un tema sangrante de la reciente historia de nuestro anarco-sindicalismo es el caso de la escisión entre la CNT y la CGT. Por las referencias que tengo, el desencadenante final fué la división de pareceres sobre si se debía participar o no en las elecciones sindicales. Si fué así, ¿qué daño podía hacer a la Confederación que algunos sindicatos o incluso algunos afiliados decidiesen participar en las elecciones sindicales? ¿no podía analizarse el caso a la luz de sus consecuencias? ¿no se podía prever la forma de neutralizar o compensar las supuestamente previsibles consecuencias negativas de la decisión?

No estoy proponiendo el sacrificio de algunos principios en el altar del pragmatismo, no hablo de pragmatismo, hablo de flexibilidad. El pragmatismo conlleva cierta connotación de aceptar las cosas como son, la flexibilidad representa para mí la capacidad de ceder momentáneamente, de doblarse mejor que romperse, manteniendo dentro intacto el nervio que nos devolverá fielmente a la posición que nos es propia.

Un texto que en los últimos tiempos me ha gustado mucho es "Hacia un nuevo Anarquismo", un texto de Andrej Grubacic que nos viene a avisar que en gran medida la lucha por el triunfo de la Anarquía se está llevando a cabo actualmente sin el concurso de los que se llaman anarquistas. Tenemos que darle un nuevo sentido al lema de "la propaganda del hecho", deberíamos someter las estrategias al juicio de los hechos.

Anarquía: "La Idea"
¿La Anarquía sólo puede entenderse como ausencia de todo orden y criterio? En absoluto, dirá cualquier anarquista consciente, ya que al lado de la negación del sometimiento, de la opresión, existe una afirmación que es preciso explicitar, pero ¿cuál ha de ser esa afirmación?.

Fundamentos del Anarquismo
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Anarquismo, Estado y Gobierno
Para muchos no hay nada más ajeno al Anarquismo que cualquier cosa relacionada con el Estado y el Gobierno. Pero toda organización social implica la existencia de funciones de coordinación, de regulación, de arbitraje, de suministro o gestión de los bienes públicos… ¿El anarquismo niega la existencia de estas funciones dentro de la organización social?

La institucionalización de las ideologias
Durante el último tercio del siglo XX se ha consumado la institucionalización y la mixtificación de las grandes ideologias que arrancan ya desde los inicios del siglo XIX: el liberalismo y el socialismo.

Nacionalismo y Anarquismo
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Identidad, tolerancia y Anarquismo
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