Eligiendo al Pug
La elección de un
cachorro nunca debería basarse en un capricho pasajero cuando se ve en el
escaparate de una tienda de mascotas (esos son los típicos cachorros que más
posibilidades tienen luego de ser abandonados), debería basarse en una elección
meditada y responsable.
La tienda (no
recomendable) o el criadero donde adquiere el cachorro debe oler a limpio y a
desinfectante. Si desde que entra, un sofocante olor a perro y orines se aferra
a la garganta desconfíe.
Exija que se tome la temperatura al pug. Si el criador es honrado lo hará
inmediatamente. La temperatura debe ser de 38,8: como máximo. Pálpele las
orejas, que no deben estar jamás ardientes.
El cachorro cuya nariz u ojos destilan, que tiene diarrea o tose, es sospechoso.
Hay muchas probabilidades de que este enfermo, rechácelo.
Las patas torcidas y las articulaciones inflamadas son signos evidentes de
raquitismo.
El interior de las orejas debe ser rosado y no presentar ninguna traza de
irritación.
Los dientes deben ser blancos y las encías rosadas y fuertes.
Observe el abdomen. Si esta anormalmente distendido, puede ser debido a que el
pug tiene lombrices, ha sido mal alimentado o es una deformación de
nacimiento. Vigile que el cachorro no esta herniado, las hernias forman pequeños bultos alrededor del ombligo.
Compruebe que el pug no sea sordo, si usted ríe silva o habla en voz alta el perro debe
volverse hacia usted.
Aunque el comerciante le diga que el pug ha sido vacunado, si tiene dudas
hágalo vacunar.
El cachorro deberá de tener entre 6 u 8 semanas de edad ya que no resulta
conveniente apartarlo antes de su madre.
Antes de elegir un cachorro deberemos saber que vamos a necesitar unas buenas
dosis de paciencia.
El cachorro es muy juguetón e inquieto, y lo mordisquea todo, por tanto requiere
mucha atención, ya que debe ser corregido constantemente de su actitud y hay que
dedicarle tiempo a su educación. Hay que educarle desde pequeño, enseñándole el
lugar donde hacer sus necesidades reprendiéndole con firmeza cuando no lo haga,
premiándole y alabando su actitud cuando lo realice en el lugar correcto.
La sociabilización del cachorro
Es
una larga fase de aprendizaje durante la cual el cachorro adquiere el conjunto
de los comportamientos necesarios para la vida en jauría. Comienza hacia las
seis semanas de edad y termina arbitrariamente a los cuatro meses de edad,
aproximadamente. Durante este período se pueden cometer errores de crianza y de
educación que pueden comprometer la armonía y el equilibrio de la convivencia
entre el amo y su compañero.
Cuando nace, el cachorro ignora a qué especie pertenece. Debe identificarse con
su especie. Va a adquirir esta información mediante un aprendizaje particular,
casi irreversible, que en inglés se denomina “imprinting” y que podría
traducirse como “impregnación” o “identificación” con su especie. Un animal mal
“impregnado” con su especie está perdido para la misma.
Importancia de la madre
Las relaciones del cachorro con su madre y hermanos son fundamentales en el
desarrollo posterior del perro, pues aunque los esquemas sociales y de relación
son en gran parte innatos requieren moldeo, ensayo y experiencias para madurar
en un sentido o en otro. Por ello, pese a que la madre y el padre comparten al
50% el aporte genético a la camada, es más importante una buena madre que un
buen padre, pues la evolución social de los cachorros depende más de ella. Una
madre equilibrada y estable facilita al cachorro claves claras para el
aprendizaje de normas sociales, correcciones adecuadas para facilitar la
correcta jerarquización del cachorro y una vigilancia efectiva de sus acciones
sin cortar sus avances exploratorios. La política de seleccionar solo al padre
de la camada no dando importancia a la madre es completamente incorrecta si
tenemos en cuenta que la primera relación social fuerte y modélica para el
cachorro es su madre.
Importancia de la camada
Cuando la madre va disminuyendo su atención sobre los cachorros estos enfocan su
vida social hacia sus hermanos. Estas relaciones entre la camada son el
fundamento de las relaciones sociales posteriores y de la capacidad de
integración en la estructura social natural del perro, la manada. Un cachorro
separado demasiado pronto de sus hermanos puede tener anomalías en sus
relaciones sociales. La mejor forma de tener un cachorro adecuado es retirarlo a
partir de la octava semana de la madre pero habiendo cuidado que haya tenido
contacto con seres humanos desde finales de la tercera semana de vida.
La calidad del pug
Un pug malo (según su Standard de belleza) tiene los
mismos gastos de alimentación, vacunas, etc., que uno bueno (según su Standard
de belleza). La diferencia está únicamente en el desembolso inicial. Además, un pug seleccionado es fácil que esté libre de las graves taras genéticas propias
de la raza (la temida displasia de cadera, displasia de codo, monorquidismo,
prognatismo, entropión, etc.) que pueden hacer sufrir de por vida al animal y a
nuestros bolsillos. Por otro lado, un macho bueno y bonito va a ser fácil que
nos lo pidan como semental, con lo cual podremos recuperar fácilmente su coste
inicial y además tendremos un gran pug durante muchos años.
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