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LA CABEZA ES CRISTO



   

LA IGLESIA ES NUESTRO CUERPO...

 Dios, pues, colocó todo bajo los pies de Cristo y lo puso como cabeza suprema de la Iglesia. Ella es su cuerpo, y "el que llena todo en toda forma" despliega en ella su plenitud ... como Cristo es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual es asimismo salvador. Uno es el pan y por eso formamos todos un solo cuerpo, porque participamos todos del mismo pan. La Iglesia la componen todas aquellas personas que tienen "el mismo Espíritu de Cristo", profesan la misma fe católica, tienen los mismos sacramentos y obedecen a los obispos y al Papa. Pero de hecho, la primera y principal condición: la de tener el "Espíritu de Cristo" está sin determinar, pues en la práctica basta con estar bautizado y no se tiene en cuenta si se vive o no de acuerdo con el Evangelio. Por eso, a veces, encontramos algunos cristianos (y es francamente escandaloso cuando forman parte de la jerarquía), cuyos valores y forma de comportarse son lo contrario a los que encontramos en el mensaje de Jesús. Por ejemplo: - Las apetencias de cargos importantes y puestos de relieve. - Sentarse en lugares preferentes y sillones "especiales". - Codearse con las personas de "renombre", sin importarles algunas veces si son ricos y poderosos explotadores. - Utilizar con el pretexto de la "tradición", vestimentas especiales (a veces con brocados, sedas, oro etc...) para que públicamente se distinga su pertenecía a la clase dominante, a los grandes de este mundo. Al contrario de lo que Jesús claramente dijo que el vestido lujoso y llamativo era señal de pertenecía a esa clase social. Con esas vestimentas tan diferentes a la moda actual, se pueden recibir reverencias en la calle y primeros puestos en fiestas y lugares públicos y privados. El evangelio señala muy claramente a todos los cristianos cómo tiene que ser el atuendo de los que van a predicar el mensaje de Jesús. No es lo más importante de esto la vanidad que conlleva, sino que como dice Marcos, lo verdaderamente importante es que el puesto preeminente supone claramente dominio y mando sobre los demás y no servicio. La dimensión jerárquica de la Iglesia es necesaria y eso los creyentes no lo pueden poner en duda, pero esa dimensión es precisamente para el servicio a la comunidad.

 


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