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LA BUENA NOTICIA



   

COMUNIQUEMOS LA BUENA NOTICIA

 Evangelizar, pues, hoy día, es comunicar a todos los hombres esa "Buena Noticia" y no "una doctrina", es comunicar "lo que ha sucedido"; es anunciar a Jesucristo, que vino a este mundo para inaugurar el "Reino de Dios" y que aunque fue crucificado, sigue vivo entre nosotros y su Reino continúa extendiéndose, hasta que, al final de los tiempos, alcance la plenitud definitiva. Para poder evangelizar es necesaria la "acción en favor de la justicia", pues no bastan las palabras y es necesario algún tipo de comprobación. Pablo VI (Evangelii Nuntiandi), nos dice: "el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan; o, si escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio". En la homilía de la misa, en el parque de "Matos Neto" (Uruguay), insistía el Papa: "la preocupación por el pan para el hombre acompaña siempre a la evangelización... la nueva evangelización impulsada por el mandamiento del amor, hará brotar la deseada promoción de la justicia y el desarrollo de un sentido pleno, así como la justa distribución de las riquezas y el respeto de la dignidad de la persona". Una evangelización con "nuevos bríos", resaltaba el Papa en la mencionada homilía y añadía: "El "tiempo nuevo" se inicia por la conversión del corazón; es la clave del ardor renovado de la nueva evangelización". Se necesitan "expresiones nuevas" que intenten reformular el Evangelio en un lenguaje vivo y actual, para que el mensaje recupere la frescura y atracción primitivas. Hacen falta "nuevos métodos", sin presiones sociales "a favor de los cristianos", que se apoyen en la fuerza de la Palabra de Dios y no en los poderes de este mundo.

 

QUE LA IGLESIA NOS ENTUSIASME UN POQUITO...

 Si no cambiamos el rumbo, la Iglesia seguirá con sus actuales problemas y estos no son sus carencias o sus defectos, sino, sencillamente, el hecho de que la "Iglesia actual" no resulta "interesante" para el hombre de hoy, no entusiasma demasiado. Tenemos una Iglesia demasiado "institucionalizada" y en muchos casos, dirigida por Obispos también "institucionalizados", que son los gestores de una estructura "inamovible", que no viene reflejada en los Evangelios. Factores que propician la ineficacia; y no dejan espacio al Espíritu Santo, con esa institución tan "centralizada" y "organizada" para que "sople" donde quiera (40). Tampoco se puede confundir el sea necesaria la "institucionalización" de la Iglesia con que la "organización actual" sea la más idónea para la comunidad y para la expansión del Reino de Dios. A veces, los "intereses" de algunos "funcionarios eclesiales" (de la llamada jerarquía) se entremezclan y entrelazan con los verdaderos intereses cristianos y a veces prevalecen sobre ellos. Por eso "determinadas estructuras" pueden seguir existiendo e incluso creciendo, estructuras que en la mayoría de los casos no son actualmente necesarias e incluso pueden ser perjudiciales para los fines de la Iglesia, que no deben ser otros que los de Dios.


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