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NUESTRO "PAPAITO" DIOS



   

NUESTRO "PAPAÍTO" DIOS

Algunas personas alegan que la religión es cosa de "niños", de gente inmadura y lo dicen porque ese Dios para niños del que se espera seguridad y protección, es capaz de arreglarnos todo, es un Dios "providente" al que le confiamos todo, nos tiene que satisfacer todos nuestros deseos tanto los humanos como los divinos, es una "Mamá" buena que nos llena de caprichos. Nos molesta un poco el leer lo que nos dice Pablo (36): "Cuando yo era niño, hablaba como un niño, razonaba como un niño; al hacerme hombre, he dejado las cosas de niño." Debemos de alcanzar la "mayoría de edad", Debemos de abandonar la idea de ese Dios que nos sirve para tapar nuestra impotencia o justificar nuestra ignorancia. Si somos "adultos" debemos emplear nuestra inteligencia y nuestra libertad: la primera para luchar contra el mal físico y la segunda contra el mal moral, para eso las tenemos y no como mero adorno. Dios nos ha hecho así, libres e inteligentes, quiere que la victoria contra "el mal" sea también nuestra propia victoria.

¿DÓNDE PODEMOS OÍR A DIOS?

 Dios nos habla muchas veces y de muchas maneras (Heb 1 ,1). Nos habla por medio de nuestra propia conciencia y por medio de la "religión". El hombre se siente aludido y tiene que responder, es responsable de escuchar y de contestar a la propuesta, tanto de una manera positiva como negativa, en eso está precisamente su salvación o su perdición. Dios siempre nos habla y nosotros le podemos oír, su voz es clara y diáfana , su palabra es verdadera, si queremos podemos oírle, pero ese es el problema ¿queremos oír a Dios? Dios se "revela" dentro de la vida y de la historia humana. En sus vivencias tanto personal como comunitaria, el hombre no ve solamente una dimensión política, ideológica o económica, sino que se pregunta por un sentido importante y trascendente de las cosas, hay "algo" dentro de él, profundo e intenso, que le interpela; una voz "diferente" a las demás voces que es a la vez tan real como las otras. La respuesta que el hombre dio a esa misteriosa "voz", a esa "Palabra divina" nos la refleja la Sagrada Escritura del Antiguo y del Nuevo Testamento, como un testimonio privilegiado de la escucha de los hombres. La palabra de Dios siempre la oímos, tanto en los momentos de crisis y de angustia, como en los de alegría y de gozo. El hombre es un ser histórico y se puede "medir" en tiempo y en espacio, es por eso que la palabra de Dios es siempre una palabra "histórica", Dios se revela en la historia de los hombres.

ESPÍRITU CRITICO Y OÍDO AFINADO

El hombre tiene que "calibrar" su oido, quitarse ese "tapón" que nos impide una perfecta audición, y ese tapón que es el "mundo" se quita "afinando" la conciencia que resuena dentro de nosotros, que jamás podremos reducir al silencio. En el interior del hombre no hay secretos, la conciencia es la "voz" de Dios, no podemos engañarla, ella es la que nos premia y nos castiga. El hombre por muy "grande" que sea nunca tendrá poder contra su conciencia, jamás podrá dominarla o reducirla y mucho menos destruirla. Podrá negarla o desobedecerla, pero nunca tendrá poder para hacerla callar. Ella nos supera, está por encima de nosotros, nos sitúa ante Dios, que es el que nos habla, nos convoca al bien, a la responsabilidad y al amor de nuestros hermanos. Es precisamente la conciencia, la voz que siempre oímos, la que aunque un tanto mediatizada por la vida y la historia del hombre, provoca en el hombre una "toma de posición" ante cualquier hecho o situación. La conciencia es anterior a las leyes y está por encima de ellas, Dios juzga a cada hombre según su conciencia. Todo hombre tiene el derecho a ser oido y respetado en sus convicciones y a actuar en consecuencia. A veces la voz de la conciencia lleva al hombre a conflictos privados o sociales, a la renuncia de su propia fama y de su seguridad e incluso de su propia vida (Hch 3 ,20).


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