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LA EUCARISTIA
(II) 
DIMENSION TEOLOGICA
Todo es sacramental, no físico-material
En los tres aspectos principales de la eucaristía nos
movemos en un nivel de signos, no en un nivel
fisico-corpóreo, ni en un nivel milagroso:
El
BANQUETE es sacramental, es decir:
- Jesús no es un alimento corporal, sino interior,
dinámico, espiritual;
- el gesto de sentarse juntos los hombres no es tampoco
su finalidad: Eso es un signo concreto con el que decir
cómo va a ser LA VIDA en todas sus relaciones humanas.
EL
SACRIFICIO es sacramental. Se recurre al lenguaje
litúrgico para designar la realidad histórica de cómo
fue el final de Jesús. Pero no hay ahora una inmolación
nueva, sino un reponer entre nosotros aquel hecho final
lleno de hondura por parte de Jesús. Este aspecto del
sacrificio se acentuó con exceso entre los católicos,
creando un desequilibrio entre los elementos
eucarísticos... En cambio, no se insistió lo mismo en
las consecuencias a que interpela una donación
semejante, la que ahora intentamos celebrar, y que fuera
pauta de nuestra vida fraterna.
La
PRESENCIA es sacramental. No se trata de una presencia
física. Tampoco de una presencia simbólica. Se trata de
una presencia real y personal, pero de la categoría
dinámica que puede atesorar un símbolo.
No es una presencia por el mero hecho de estar presente.
No tiene la finalidad de permanecer en la Forma. "La
presencia de Cristo -dice Ch. Davis- ha significado por
demasiado tiempo para los católicos meramente la
presencia dentro del sagrario; ésta es transferida,
diríamos, por breve tiempo al comulgante en la sagrada
comunión (¡y ello se consideraba de una manera
física!). Se olvida la presencia interior y permanente
"a la que" la misma eucaristía se
dirige."
En la primitiva Iglesia se entendía la
eucaristía, lógicamente, en orden a ser comida:
Lo importánte era realizar el gesto instituido por
Jesús con toda su carga de significados. Sólo
tardíamente se saca la consecuencia de la presencia en
la forma y comienza todo un capítulo de piedad de
adoración en la Iglesia... Pero la ordenación de esa
presencia es A SER COMIDO, a realizar el encuentro
INTERPERSONAL que atesora el signo. Hay que comprender
bien este carácter de todo sacramento: lo dinámico. No
se trata en rigor de adorar, sino de realizarnos como
dice el signo; de establecer unos vínculos con Jesús,
con el Padre, con los hombres, vínculos que vienen
sugeridos, expresados simbólicamente en ese comer-beber.
El acento no está en que esté presente. Jesús no
reside material, físicamente allí, sino que está allí
en disposieión de encuentro, no de residencia. "En
consecuencia -sigue Davis- hay que ir más allá de la
presencia sacramental en los elementos
"pan-vino", hasta la presencia "PARA
FAVORECER LA CUAL, Y NO PARA REEMPLAZARLA," fue
instituida la eucaristía (esto es, la presencia
INTERPERSONAL). Esto es lo que probablemente tendrá
mayores repercusiones en la piedad eucarística. El
problema fundamental del pensamiento eucarístico de hoy
es explicar la eucaristía a la luz de la unión con
Cristo...". Su presencia en la eucaristía en cuanto
Forma, de nada serviría si no llega a la presencia de
Jesús en cada uno y en la comunidad, con toda su
"realidad personal". Un camino es, por su
naturaleza, para transitar por él, no para admirarlo,
porque sólo con esto, de hecho no es camino. Un alimento
lo es para tomarlo, no para admirarlo; un banquete lo es
para participar en él, etc.
"Por eso, situada de nuevo la eucaristía en el
contexto interpersonal al que pertenece, y subordinada a
la presencia personal mutua constituida por la gracia
(digamos meramente la unión mutua), resultó inevitable
una mirada renovada a la teología de la
transustanciación" (Ch. Davis). ¿Qué es la
transustanciación? ¿No es un milagro?
La transustanciación no es un milagro.
a) La mentalidad oriental, más intuitiva, no tenía
inconveniente en aceptar una proposición como ésta:
Este pan es mi cuerpo entregado. Sabían que en un
sentido esto era verdad.
b) La mentalidad griega occidental da un rodeo mental
hasta llegar al mismo resultado. En cuanto oye a Jesús
decir que algo material es él, comienza a preguntarse
cómo es la constitución de las cosas para que soporten
semejante apropiación. Nació este concepto y el
término mismo transustanciación precisamente para
salvar el sacramento, huyendo del fácil recurso al
milagro que mucha gente popular cree producirse.
e) Hay tres elementos en esta palabra:
"trans-sub-stancia": o Cuando analizamos una
cosa, por ejemplo el pan, hallamos,. 1) unas cualidades
visibles, y 2) una especie de soporte o base que es
invisible, pero que consideramos que está allí, que
"sub-stat", que está por debajo sustentando a
todas ellas y haciendo que una cosa sea de verdad lo que
es: la sustancia del pan es aquello que hace que el pan
sea pan (alimento).
Si alguien coge el pan, cuya substancia es ser alimento,
y le da otra orientación, no la de alimentarse con él,
entonces lo ha trans-sub-stanciado, le ha quitado aquella
"subs-tancia".
Se la ha quitado EN UN CIERTO SENTIDO: porque el pan
sigue siendo físicamente pan, lo que era: un alimento
material. Pero en un momento dado ya no "ES"
eso (alimento), sino que "ES" -¡con otro
"es"!- una representación, un vehículo de una
persona. Ese pan ya no es "PARA" alimentarse,
sino "PARA" otra cosa, para unirse a la persona
que lo ofrece. La transustanciación, por lo tanto, es
algo auténtico, real, pero dentro del mundo de los
signos. Se opera por la voluntad de quien lo elige como
símbolo apropiado de sí mismo, como vehículo para
transmitiese interiormente a los demás, de la manera que
un ser humano puede en las relaciones con los demás: por
medio de signos.
En el momento en que Jesús pronunciaba su frase sobre el
pan o el vino, nadie vería su persona multiplicada
físicamente. Su persona física es única. No obstante,
el símbolo, a partir de la fuerza significante que él
le ha conferido, actualiza, presencializa, vehicula, lo
que él era y cómo lo era, tal como se vivía en su
interior y deseaba comunicarlo a los demás.
Cuantas veces hagáis esto, lo haréis en
memoria mía.
a) Hay que desmitificar el número de veces. No se
pretende hacerlo más o menos veces, sino que la norma
cristiana debiera ser: siempre que sea coherente. Sea
esto las veces que sea. No tenemos -por qué tomar como
unidad de espiritualidad ni el. día ni la semana ni
nada, mientras no sea "humana, personal y
comunitaria" tal unidad. En este sentido habría. a
nivel de formación, que desvincular el concepto
"pecado mortal" asociado a la falta a misa
dominical o festiva. No se sigue tal tipo de pecado. Los
mandamientos de la Iglesia no pueden ir más allá de
normas que son coherentes para la marcha 'POSITIVA de una
sociedad plural que quiere cultivarse. Y éste sería el
punto de mira, pero de ningún modo el del pecado mortal.
b) "Hacer esto", después de la explicación
dada, no puede referirse al mero hacer físico de coger
un pan... y realizar unos ritos. El "esto" es
algo total: Es eso exterior, pero es sobre todo lo
interior que Jesús hacía: su donación. Su donación
interpela la nuestra, a su vez, y si no hacemos lo mismo,
no hacemos esto en su totalidad. De tal modo que, por
ejemplo, San Agustín considera que la verdadera
eucaristía es la que tiene su compleción en los fieles,
unidos entre sí como Cristo hacía en ese momento con
todos. Una participación, una repetición de lo que
Jesús hizo, llevará siempre consigo los tres aspectos:
el interior (FE), el cúltico (SACRAMENTO), el real
(CARIDAD).
DIMENSION SOCIAL
Para nosotros es una consecuencia de la
inteligencia interior de lo que en la eucaristía ocurre,
por voluntad de Jesús. Por eso nos hemos detenido más
en querer comprender esto. Hay cosas que son evidentes a
partir del chispazo interior, y sin él van a ser
perpetuamente discutidas. Parece mentira que los fieles,
por ejemplo, puedan considerar ajeno a sus celebraciones
el tratamiento de lo social y lo político, hecho sin
animosidad de ninguna clase. Se nos ha imbuido un sutil
dualismo, el de acotar los problemas que afectan a los
hombres y denominarlos a unos sociales, a otros
políticos, a otros de "salvación del alma"...
Eso es una estratagema inaceptable: Unicamente existe el
ser humano, posible campo de ALGUNA, sea la que sea,
opresión, falta de justicia, de aprecio, de
consideración...
Pues bien, TODO ESO es precisa y principalmente el campo
de acción de una eucaristía sincera, donde se haga el
"esto" de Jesús. ¿Quién podría, entendiendo
lo que es "re-poner", repetir el gesto de
Jesús, hacerlo sin ninguna urgencia respecto a su
comportamiento social? La eucaristía es el MEMORIAL de
Jesús. Memorial se llama al actualizar de algún modo
una situación, una persona, para reaccionar ante eso que
se "re-pone" en medio. A la comunidad se le
recuerda un acontecimiento en toda su densidad. Es
memorial de un amor llevado a cabo. Ese amor no fue
directamente a Dios, desde una individualidad intimista,
sino que "el poner su vida" por los demás fue
la única forma de manifestar el amor al propio Dios.
Quizá esto sea difícil de entender, a pesar de que
parece tan conocido, porque si de verdad la Iglesia y las
comunidades entendiéramos esto, la consecuencia social
seria muchísimo más fácilmente sacada.
El gran problema es la coexistencia del gesto de unidad y
de amor de Jesús, junto a la aceptación indiscriminada
de explotadores y causantes del sufrimiento ajeno a la
misma celebración. Y ha de ser tenido en cuenta por
delicado que sea. Las comunidades locales deberán
desapasionarse, deberán saber comprender que el proceso
de conversión de una persona puede ser lento, debt-rán
ser comprensivos, deberán respetar el secreto último
del corazón humano, pero como Comunidad creyente,
social, humana, deberá juzgar y deberá con temor y
temblor decir en qué casos le parece que no es coherente
asociarse al gesto de Jesús si la vida no guarda
proporción con lo ahí celebrado. Sin presunción la
más mínima. Con absoluta veneración por los demás.
Con la perenne invitación a que recibamos la oferta que
el Señor hace en la eucaristía de sí mismo, y a
reproducirla en nuestras relaciones con los demás.
CATECISMO DE LA IGLESIA
CATOLICA
1406 Jesús dijo: "Yo soy el pan vivo,
bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para
siempre... el que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene
vida eterna... permanece en mí y yo en él" (Jn 6,
51.54.56).
1407 La Eucaristía
es el corazón y la cumbre de la vida de la Iglesia, pues
en ella Cristo asocia su Iglesia y todos sus miembros a
su sacrificio de alabanza y acción de gracias ofrecido
una vez por todas en la cruz a su Padre; por medio de
este sacrificio derrama las gracias de la salvación
sobre su Cuerpo, que es la Iglesia. ).
1408 La celebración
eucarística comprende siempre: la proclamación de la
Palabra de Dios, la acción de gracias a Dios Padre por
todos sus beneficios, sobre todo por el don de su Hijo,
la consagración del pan y del vino y la participación
en el banquete litúrgico por la recepción del Cuerpo y
de la Sangre del Señor: estos elementos constituyen un
solo y mismo acto de culto. ).
1409 La Eucaristía
es el memorial de la Pascua de Cristo, es decir, de la
obra de la salvación realizada por la vida, la muerte y
la resurrección de Cristo, obra que se hace presente por
la acción litúrgica. ).
1410 Es Cristo mismo,
sumo sacerdote y eterno de la Nueva Alianza, quien, por
el ministerio de los sacerdotes, ofrece el sacrificio
eucarístico. Y es también el mismo Cristo, realmente
presente bajo las especies del pan y del vino, la ofrenda
del sacrificio eucarístico. ).
1411
Sólo
los presbíteros válidamente ordenados pueden presidir
la Eucaristía y consagrar el pan y el vino para que se
conviertan en el Cuerpo y la Sangre del Señor ).
1412 Los signos
esenciales del sacramento eucarístico son pan de trigo y
vino de vid, sobre los cuales es invocada la bendición
del Espíritu Santo y el presbítero pronuncia las
palabras de la consagración dichas por Jesús en la
última Cena: "Esto es mi Cuerpo entregado por
vosotros... Este es el cáliz de mi Sangre... "
1413 Por la
consagración se realiza la transubstanciación del pan y
del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Bajo las
especies consagradas del pan y del vino, Cristo mismo,
vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real
y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su
divinidad (cf Cc. de Trento: DS 1640; 1651). ).
1414 En cuanto
sacrificio, la Eucaristía es ofrecida también en
reparación de los pecados de los vivos y los difuntos, y
para obtener de Dios beneficios espirituales o
temporales. ).
1415 El que quiere
recibir a Cristo en la Comunión eucarística debe
hallarse en estado de gracia. Si uno tiene conciencia de
haber pecado mortalmente no debe acercarse a la
Eucaristía sin haber recibido previamente la absolución
en el sacramento de la Penitencia. ).
1416 La sagrada
comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo acrecienta
la unión del comulgante con el Señor, le perdona los
pecados veniales y lo preserva de pecados graves. Puesto
que los lazos de caridad entre el comulgante y Cristo son
reforzados, la recepción de este sacramento fortalece la
unidad de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo. ).
1417 La Iglesia
recomienda vivamente a los fieles que reciban la sagrada
comunión cada vez que participan en la celebración de
la Eucaristía; y les impone la obligación de hacerlo al
menos una vez al año. ).
1418 Puesto que
Cristo mismo está presente en el Sacramento del Altar,
es preciso honrarlo con culto de adoración. "La
visita al Santísimo Sacramento es una prueba de
gratitud, un signo de amor y un deber de adoración hacia
Cristo, nuestro Señor" (MF). ).
1419 Cristo, que
pasó de este mundo al Padre, nos da en la Eucaristía la
prenda de la gloria que tendremos junto a El: la
participación en el Santo Sacrificio nos identifica con
su Corazón, sostiene nuestras fuerzas a lo largo del
peregrinar de esta vida, nos hace desear la Vida eterna y
nos une ya desde ahora a la Iglesia del cielo, a la
Santisima Virgen María y a todos los santos.

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