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LA EUCARISTIA (I)
PLANTEAMIENTO FENOMENOLOGICO
En torno a la eucaristía hallamos casi
todos una dificultad fundamental de comprensión: 1. Qué
pasa allí, independientemente de nosotros (de lo que
tanto se habla). 2. Qué es lo que tiene que pasar en
nosotros cuando la celebramos (de lo que se habla no
menos y queda también oscuro). En cuanto a lo primero.,
No hay suficiente claridad de conceptos. Sabe la gente
que se halla en el ámbito de lo sagrado, cosa siempre
confusa por excesivamente sacralizada, que lleva a la
persona al borde del temor: linderos de magia; considerar
que nos encontramos en el campo del MIIAGRO; sentirnos
como meros adoradores que caen de bruces, corporal o
psicológicamente, delante de algo que se impone, con lo
que, en el fondo, no hay diálogo alguno. Diríamos que
nos las vemos con un "exceso de fe". Se impone
una explicación bíblica y dogmática de lo que allí
ocurre. En cuanto a lo segundo: Hay, por el contrario,
una sensación de excesiva, total, desconexión de la
propia persona con respecto a lo que allí se hace: Uno
queda indiferente, no aludido, no participante, no
comprometido, libre para hacer lo que quiera al salir de
allí, sin trascendencia para la vida. Diríamos que hay
una "falta de fe".
Se impone, pues, por ambos capítulos, una inteligencia
de lo que es "fe-cristiana". Fe-cristiana es
"existencia-en-relación". Por eso, una
consecuencia: La eucaristía está en el centro de la
forma de entender las cosas que un cristiano tiene; está
en juego un concepto de fe: - si creer es sólo aceptar
con la cabeza cosas, verdades; - o si es, a la vez, una
forma de vivir. Es decir, para expresar qué sea
"fe-cristiana", - más que al término FE,
entendido como comprensión de dogmas; - tendríamos que
referirnos al término y la idea de PERSONA, entendida
como responsable de su situación en totalidad, o
"modo de ver y modo de vivir-en-relación con Dios y
con los hombres". No es nada que tenga que ver con
lo mágico o con lo milagroso, sino una forma de VIVIR
que lleva a una RELACION justa y fraterna con los hombres
y filial con Dios.
DIMENSION BIBLICA
¿Cuál es la pretensión de Jesús cuando
en la cena de despedida, a unos elementos -pan y vino -y
a una acción -comer y beber fraternamente unidos-
transfiere de algún modo su propia persona? ¿Cuál es
la pretensión de un hombre que fuera a ser ejecutado una
noche, al reunir a sus hijos y crear un símbolo que
atesorase de algún modo lo que él era y les dijera que
lo repitiesen en memoria suya? Sin duda, era la
pretensión de una presencia permanente. Pero, ¿qué
base puede haber para que una persona que desaparece
físicamente pretenda permanecer presente?
LA PRESENCIA PERSONAL
- Lo personal es interior.
Sobrepasando una forma material, estática de ver a la
persona, como si de un cuerpo animado se tratara, el
oriental y el cristiano comprende que lo valioso en la
persona es lo interior, la forma existencias de
comprender y de vivir uno. .
- La
presencia personal. .
Siguiendo esta forma de ver, una persona está presente a
otra a través del conocimiento y del amor
principalmente. En ese nivel es donde de verdad se halla
uno con' otro, en el nivel de lo que son. Podría haber
presencia física, y faltar esa otra presencia; podría
haber ausencia física y existir la mutua presencia
interior. Porque la presencia de que hablamos equivale a
comunicación, cosa que sólo se da donde hay
conocimiento y amor. Entrar en el conocimiento y amor uno
de otro, es permanecer presente en su "realidad
personal". .
Presencia real.
"Esta presencia personal
descrita es real., la más real en verdad. Es nada menos
que la realidad de nuestra vida personal llevada a su
Plenitud precisamente en la unión con otros. Una
presencia de esta clase es el único camino por donde
realmente podemos entrar mutuamente en las vidas unos de
otros y estar presentes como personas". Lógica,
connaturalmente a lo que el hombre es (cuerpo y alma) el
desbordamiento de esta presencia mutua busca la presencia
física, algún tipo de unión, de ayuda, de
compenetración, que sea EXPRESION de la otra unión
previa y más profunda, la del conocimiento y el amor.
Podría existir la unión, la ayuda... física, sin
quedar comprometida la donación interior, sin auténtica
presencia mutua (cfr. Ch. Davis). .
Lo personal es permanente.
Esto personal con lo que podemos entrar en comunicación,
en su más íntima entraña es algo inadmisible: no se
pierde por el mero hecho de la desaparición física de
alguien. Es objeto de una retención perenne para
aquellos que han amado, que han estado en contacto con
aquella persona. Por eso, podemos hacer referencia a una
persona muerta: porque lo auténticamente personal, lo
creativo de aquella persona no es en modo alguno pasado.
Sigue siendo una realidad aquí y ahora para mí.
Lo personal puede llegar a
"concretarse".
Lo mismo que una persona permanece en sus palabras, por
medio de las cuales llegamos a su interior, puede la
persona hallar un gesto, una acción... que a su
entender, le reproduzca de una forma simbólica, de tal
manera que alguien que entendiera el significado de ese
gesto, de esa acción, pasaría a comprender y a vivir el
interior, lo personal que en aquel símbolo quedaba como
solidificado, como pasadizo hacia lo que él era. El
padre que fuera a ser fusilado aquella noche, se pregunta
cómo puede expresar la esencia de lo que él ha sido y
cómo podrán ponerla de nuevo ante sí sus hijos. Cuando
encuentre ese gesto simbólico, él lo carga de sentido:
el de su persona, que queda de ese modo puesta en
relieve. Sus hijos lo comprenderán y para ellos aquel
gesto será su mismo padre en el nivel en que es posible
retenerlo -ya que físicamente ha muerto-, el nivel de lo
personal. Cuando los hijos hubieran captado la hondura de
aquel gesto, su tremendo vigor, se volvería presencia y
actualidad en bulto para ellos la persona de su padre y
la participación en lo que él era.
Jesús encontró su símbolo
El símbolo fue un BANQUETE, una comida, con todo lo que
de simbólico atesora. Un banquete es: - una reunión de
amigos, alegres, unidos fraternamente; - en torno a unos
bienes, dones de Dios, base concretísima de la
convivencia de seres emparentados con la tierra; - en la
presencia de Dios, a quien se daban las gracias; - con la
esperanza en el futuro: un banquete nuevo, definitivo. Es
decir, la tierra, los hombres, Dios, la esperanza futura
Jesús encontró que este marco era muy apropiado para
decir y entregar ahí su propia esencia, lo más nuclear
de su ser, con sólo cambiar una cosa: especificar cuál
es el alimento: el ALIMENTO es él. La comida era él, la
bebida era él, comentará Juan. Naturalmente, no su
cuerpo físico. Naturalmente, no para las fuerzas
físicas de los comensales. Se trataba de él en cuanto a
lo que más verdaderamente era él: UNA
PERSONA-EN-RELACION. Esa era la esencia de su persona. Y
ese alimento lo era para lo interior de los comensales,
para aquello que cada uno es y debe ser. Jesús quería
expresarse y darse con ocasión del pan físico que da
fuerzas y que estaba allí encima. Pero él era el pan
"que da vida": - comer aquel pan físico, con
el que él DABA A ENTENDER lo que era manantial y
plenitud de su personalidad, era decir de una manera
simbólica "asimilar a Jesús" como forma de
ser, de pensar, de realizar la vida; - comerlo, era
proclamar que Jesús (= su forma de ser) es alimento de
lo que debe ser "VIDA" en el hombre.
Todo esto está cargado de unas consecuencias
fantásticas para quienes se acercan a realizar ese gesto
no de una manera rutinaria, intimista o por costumbre,
sino de verdad entendedora de lo que hace por encargo del
Señor. "Yo soy el pan, yo soy la vida, yo soy el
agua, yo soy el camino...": Jesús no se refiere a
lo físico. Impulsa al hombre a confesar que "el
hombre en último término no vive de una alimentaci6n
cualquiera, sino del SENTIDO, del Logos (llamando Logos
atrevidamente a una Persona concreta y su forma de ser)
que ha llegado a él en Jesucristo". Hay una
primacía dinámica de Jesús sobre todas las cosas. No
el pan de este mundo -es decir, todo lo necesario para la
vida física- es el verdadero, sino Jesús.
Y este "pan de vida" lo da Dios:
- siendo ésa la fibra de Jesús -un
hombre-en-relación-, se percibía a sí mismo como un
don de Dios, una generosidad de Dios hacia la Humanidad,
la concreción del don que Dios hace de sí mismo
permanentemente al hombre. - Por eso crea Jesús este
símbolo en el marco de acción de gracias por los dones
de la tierra y de la Historia, tal como hacía el cabeza
de familia aquella noche, pero sabiendo que el verdadero
don de Dios para el corazón humano está más allá de
la tierra y de los acontecimientos históricos: es Dios
mísmo, cuya imagen, cuya concreción sentía ser el
propio Jesús. Es decir, este hombre que se atreve a
escoger un gesto de esa categoría y a presentarse en el
centro de la vida humana como alimento permanente,
indudablemente tiene una interpretación de sí mismo
llena de lucidez, a saber, que él debe ser, y así lo
determina en su interior y en su comportamiento, la
EXPRESION, en humano, de la donación que Dios intenta
continuamente hacer de sí a los hombres. El ya sentía
en su intimidad esa unión benévola de Dios con él.
Quería transmitirla, realizarla en los demás. Pero -Y
ESTO ES LO GENIAL- el camino no es dar un salto
individual hacia el Dios invisible. Jesús entiende que
la única manifestación de Dios relacionándose con los
hombres, es la unión fraterna, el amor mismo entre los
hombres. Este hombre de hecho fue muerto y de hecho vive
Concretamente la muerte de este hombre fue cruenta, con
la el don de sí mismo culminó de una forma límite:
Jesús habíla interiorizado y personalizado el tema de
lo que hay que entregar a Dios. No hay que entregar
cosas, sino a sí mismo para la Justicia y el Amor. Si
esa entrega tuviera que llegar hasta la sangre, esa
sangre se convierte en signo de la entrega INTERIOR, la
cual podrá adquirir esta u otra manifestación
histórica en cada uno.
Una muerte previsible.
AHORA BIEN, una muerte así era ya previsible por las
circunstancias que le rodearon, y Jesús la anticipa en
la cena de despedida: El pan y vino pasan a ser signo no
sólo de su persona como hemos dicho anteriormente, sino
signo que engloba el desarrollo total de su vida: una
persona destrozada por una serie de cortedades,
malentendidos y desaciertos, en medio de todo lo cual él
mantenía la entrega hecha en su interior al amor y la
fidelidad por encima de todo lo que pudiera ocurrir. No
sólo su modo de vivir y su mensaje, sino su sangre y
último suspiro podían servir para dar a entender y
testimoniar cómo es Dios y cuál es su proyecto sobre el
hombre: permanecerle fiel. Este final es la base para que
Jesús pudiera interpretarlo conforme a un modelo
sociológico, el del SACRIFICIO. Las alianzas se sellaban
con un sacrificio y la participación en aquel animal
"víctima". Allí delante tenía Jesús el
Cordero de pascua que se comía para entrar de nuevo en
la Alianza con Dios... Jesús, dando un aletazo de
intuición, ve que el verdadero cordero es él, lo mismo
que antes el verdadero pan era él. Esta interpretación
no queda en interpretación subjetiva; era de verdad lo
que ocurría: Dios elegía a este hombre como mediador de
la Alianza Nueva y Eterna de la Humanidad con él.
Lo que es secundario es que ese HECHO histórico se
denomine "sacrificio" o cualquier otro esquema
sociológico. - Este Hombre vive ahora.
"Comer-beber" es unirse no sólo a aquel hombre
histórico, a aquel hombre maltratado, sino a un hombre
ya triunfador. Pero triunfador a base de ese modo de
vivir en la tierra. El entronizado del Apocalipsis es el
Cordero. La eucaristía engloba también esto personal de
Jesús, su actual vida. En resumen, tenemos unos
elementos -pan, vino- y una acción -comer, beber
FRATERNAMENTE-. Ese gesto, por voluntad de Jesús, o
expresa perfectamente lo íntimo personal suyo; o abarca
todo el recorrido de lo personal incluso su muerte y vida
actual ante Dios. Cuantas veces se hace ese gesto, se
actualiza todo el interior personal de Jesús.

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